Tu Sabor Amargo

Capítulo Uno

¿Cuántas vidas has tomado?

Abro mis labios y dejo que tu boca me consuma mientras mi corazón me llora sin mesura.

Busqué cada trozo roto de tu alma y la cosí durante años, aunque eso no haya sido parte de lo que pactamos.

Pero hubo partes que jamás pude encontrar y aun así no me detuve, arranqué un poco de mi alma y la usé para cubrir las partes que te faltaban.

Y cuando creí que al fin estabas entero, me susurraste al oído que nunca tuviste un alma,

para después lamer con placer cada gota de fe que por mis mejillas resbalaba.

Oh, amor mío, pero por qué intento culparte si tú a mí nunca nada me ocultaste.

Me dejaste señales del vacío que habitaba en ti, me advertiste que huyera, me mostraste la gran cicatriz que cruzaba tu pecho deshabitado.

Y pese a ello, mi necio corazón te arropó desesperado.

Ahora veme aquí, tus labios dejando mi boca para ir en busca de mi piel y succionándola de forma cruel.

Debería empujarte e irme muy lejos, debería oír el llanto de mi corazón y dejar este rumbo equivocado, 

pero no quiero desviarme del camino que ya he tomado,

puedes presionar de una vez el cuchillo, mi amado,

ya acepté que estoy perdida y con gusto moriría de tu mano.

Para mi desconcierto la calma vuelve en ti, pero no porque hayas decidido liberarme,

sino que ahora tu atención está en tus dedos ásperos recorriendo mi cuerpo a detalle.

Mis ojos siguen tus trazos y me pregunto cuántas vidas habrán tomado esas manos.




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