La lluvia caía sobre Veradell como un velo gris, cubriendo las calles vacías bajo la tenue luz de los faroles. La ciudad nunca dormía realmente; solo aprendía a esconder mejor sus secretos cuando llegaba la noche.
Lucien observaba desde la azotea de un antiguo edificio mientras el viento agitaba el oscuro abrigo que descansaba sobre sus hombros. Desde ahí arriba podía escuchar los latidos de cientos de corazones mezclándose con el ruido de la tormenta. Humanos caminando sin saber que criaturas como él existían entre las sombras.
—Qué frágiles eran— pensó para si mismo
Sus ojos rojos recorrieron la avenida principal hasta detenerse en un callejón iluminado apenas por un letrero parpadeante. Un grupo de hombres rodeaba a alguien,Lucien suspiró con fastidio.
Los humanos siempre encontraban maneras estúpidas de destruirse entre ellos.
Estaba a punto de irse cuando un aroma llegó hasta él.
Era ,Dulce,Cálido y Peligrosamente irresistible.
Sus músculos se tensaron de inmediato.
Sangre, Pero no cualquier sangre pero está era distinta.
El hambre despertó dentro de él como una bestia encadenada durante siglos. Antes de poder detenerse, desapareció entre las sombras y descendió hacia el callejón.
Los hombres seguían gritando.
—¡Danos tu bolso y nadie saldrá herido!
La figura acorralada retrocedió hasta chocar contra la pared húmeda entonces Lucien la vio
Cabello oscuro pegado a su rostro por la lluvia. Respiración agitada. Ojos llenos de miedo y aun así había algo extrañamente desafiante en ella.
El aroma de su sangre lo envolvió por completo.
Lucien sintió cómo sus colmillos descendían lentamente.
Uno de los hombres levantó el brazo para sujetarla, pero antes de tocarla, una sombra atravesó el callejón,Un segundo después, el hombre fue lanzado contra la pared con brutal fuerza.
Los demás apenas y tuvieron tiempo de reaccionar.
Lucien apareció frente a ellos con una mirada helada.
—Corran —dijo con voz baja.
El miedo cruzó los rostros de los hombres.
Y entonces huyeron.
El silencio volvió de golpe,La lluvia seguía cayendo.
Seraphine levantó la mirada hacia él, confundida.
—¿Quién eres— Seraphine preguntó dudosa y temerosa
Lucien no respondió.
Porque estaba demasiado ocupado luchando contra sí mismo.
El aroma de ella estaba por todas partes.
Podía escuchar el latido acelerado de su corazón.
Podía imaginar el calor de su sangre deslizándose por su garganta.
Pero entonces ocurrió algo imposible,La sed desapareció.
No por completo pero se calmó.
Como si la presencia de ella apagara el monstruo dentro de él.
Lucien retrocedió un paso, desconcertado.
Eso nunca había pasado.
Nunca.
—Estás herido —murmuró Seraphine al notar la sangre en la mano de Lucien.
Él bajó la mirada. Durante el enfrentamiento, uno de los hombres había logrado cortarlo con una pequeña navaja.
Ni siquiera lo había sentido.
Seraphine dio un paso hacia él.
—Déjame ayudarte.
—No deberías acercarte a mí —Su voz salió más fría de lo que esperaba.
Ella dudó unos segundos, pero aun así extendió la mano, y cuando sus dedos tocaron la piel helada de Lucien, un extraño recuerdo atravesó su mente.
Una habitación cubierta de velas.Sangre sobre el suelo,La voz de una mujer llorando.Y aquellos mismos ojos mirándolo mientras susurraban
—Te encontraré en cada vida— Lucien apartó la mano de golpe,Respiró con dificultad,No.
Eso era imposible.
Pero cuando volvió a mirar a Seraphine, entendió algo aterrador.
Esa no era la primera vez que la veía,Solo era la primera vez que la recordaba.