Tú y yo

Capítulo 26

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Asher

Gracias a la tonta y poco empática idea de mi madre, tengo la agenda a punto de colapsar, literalmente. Incluso se supone que mi hora de dormir está estipulada justo a las doce de la noche, eso si no me salen imprevistos de último momento.

El día de hoy estaré siendo visitado por la princesa Rubbie, tres citas, tres lugares distintos en el castillo y se preguntará cualquiera ¿Por qué tres citas en cambio a una larga? No lo sé, ni yo tengo esa respuesta.

Mi día inicio terrible e incluso Reon está más insoportable que nunca, más tenso, más frío, más desconocido.

Deje de atormentarme y mejor decidí dejar que fuese quien ahora quiere ser, si él no quiere abrir su boca para decirme que le molesta, no seré quien para obligarlo. Si no quiere hacerlo es porque tiene una razón para ello.

— La Reina ya preparo a la princesa Rubbie, se solicita su asistencia en el salón del té, tal como lo cita su nuevo cronograma. — Anuncia Reon, entrando a medias a mi despacho.

Yo asiento levantándome con sentido de obligación, sentido del deber mal elaborado.
Paso a Reon de largo, sin decir nada, como si él no estuviera ahí. Podré tenerle aprecio pero aun estoy demasiado molesto por lo que hizo con las galletas de los niños, me da una rabia cada que lo recuerdo al verlo.

No solo tiró al fuego unas galletas simples, lanzó horas de esfuerzo de niños lindos y esforzados, lanzó sentimientos de aquellos infantes que solo buscaban darme un buen recuerdo.

Camino con ese sentimiento odioso en mi garganta, como el de un nudo haciéndose con cada recuerdo de mi mente.
Anoche no pude pegar bien el ojo, porque al hacerlo solo recordaba el rostro de mi padre, cálido y alegre. Siempre con energías frente a su hijo pero yo me pregunto ¿Cuántas veces se tuvo que sentir como yo y aun así mantener un humor cálido y hogareño para su hijo? ¿Cómo lo logró? ¿Cuántas veces tuvo que tragarse sus propias lágrimas para hacer sonreír a su hijo? ¿Cuántas veces tuvo que aguantar los reproches de mi madre? ¿Cómo logró seguirla amando hasta su último aliento? ¿Cómo puedo volverla a amar, Padre? La odio.

Las puertas se abren de golpe, haciéndome salir de mi estupor. La princesa Rubbie se levanta de su silla con una sonrisa radiante, yo sonrío a medias vigilando la soledad del lugar.

— Lamento haberte hecho esperar. — Menciono de antemano, acercándome a su silla para que ella se sienta con tranquilidad. Su olor penetrante a colonia dulce me hace añicos la cabeza, esas colonias las detesto y no sé como madre pudo haber olvidado algo como eso.

— No hay de que, majestad. Estoy muy ansiosa de hecho, me complace estar sentada junto a usted. — Aclara ella, con un tono completamente ansioso.

— De hecho, yo estoy más que complacido, se lo prometo, el saber que tendré que verla tres veces el día de hoy hace que me sienta honrado. — Anuncio tratando de mantenerme lo más perfecto y caballeroso posible. Parece que ella se lo cree todo porque no tarda en sonreír sin parar.

Nos interrumpe un sirviente, el cual nos lleva a la mesa un poco de galletas y rellena las tazas de té, el cual por lo que veo es de manzanilla.

— Gracias. — Menciono casi de manera inaudible pero, el sirviente sonrió levemente y se retiró en silencio. Rubbie parece algo molesta por su ceño fruncido pero lo relaja rápidamente cuando ve que mi atención se enfoca en ella nuevamente.

— ¿Cómo ha sentido su estancia en el castillo? ¿Hay algo en lo que podría ayudarle? — Pregunto dándole un sorbo tranquilo al té, aunque me sorprendo por la rapidez en la que ella responde.

— ¡Si! ¡Hay algo!

— ¿Puede contarme? Deseo que su estancia y la de las demás doncellas sea completamente de sus agrados, considerando el incierto tiempo en el que se quedaran.

— Detesto completamente la cercanía que debemos compartir las doncellas y mi persona, son demasiado chillonas e imprudentes, por lo que, desearía una habitación cerca de la suya si no es tanta molestia. — Incluso con el tono inocente con el que lo dice me hace querer reírme pero no es el momento ni el lugar.

— Puedo mover su alcoba si así lo desea pero, tendré que pedirle disculpas por la ubicación donde la pide, es completamente imposible hacer algo como eso.

— Pero alteza, se que puede, he visto unas cuantas habitaciones cerca suyo y no están en uso. — Chilla ella con insistencia.

— Gracias por la observación, no obstante, esa habitación que comenta frente a mí, está en uso por una de las mascotas de la Reina, en cambio, la que está a mi lado estará siendo usada por mi abuela, la Reina Madre. — Añado yo, sin intención de ofender pero parece que ella si lo ve de ese modo.

— Pero majestad, según hasta donde se, aquella alcoba de la Reina Madre no será utilizada hasta un buen tiempo. — Trato de darle sorbos ocasionales al té antes de responder, esperando que la temperatura de tal líquido me queme lo mal que quiero responder en este momento.

— Querida doncella Rubbie, espero que el tema quede en buenos términos por lo que, le imploro acepte que ubique su habitación a un sitio donde sí sea posible ¿le parece? — Ella niega a regañadientes.

— No se preocupe, alteza, ya no es necesario que mueva mi alcoba, lo mejor es dejarla como está. — Ella se levanta por impulso haciéndome que me sorprenda de golpe. — Con su permiso me retiro.

— Señorita Rubbie, nunca quise ofenderle, espero que me disculpe si dije algo inadecuado. — Ella niega todavía, sin verme y se retira sin más.

El portazo que dio suena en toda la sala de té, haciendo que caiga en mi silla con dureza, tratando de mantener la compostura.

— Alteza, si desea puedo mandar a alguien a traerle su desayuno, aun tenemos tiempo antes de la primera junta. — Menciona Reon, entrando al salón.

— ¿Y ese desayuno también lo tiraras al fuego? — Escupo con rabia, él solo baja la cabeza con pena.



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Editado: 06.02.2026

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