Turno Nocturno

Capítulo 1 Minisuper

Para mí, trabajar en el turno nocturno de un minisuper en medio de la nada es… interesante. A veces hay gente rara, situaciones raras, aveces ambas cosas y a veces nada… absolutamente nada. Este lugar parece sacado del fondo de los recuerdos aburridos de un anciano. Es muy parecido a un Oxxo, de esos que hay por todos lados, pero en lugar de usar colores vibrantes y cálidos para llamar la atención de la gente, este sitio usa la paleta de colores de una morgue.

Volviendo al tema, con “situaciones raras”, no hablo de fantasmas, espectros, lo paranormal, no, hablo de situaciones extrañas que pasan con personas reales, de carne y hueso. Porque sí, el lugar es aburrido, PERO la gente me hace pensar que hay algo radiactivo en el agua de este pueblo que provoca locura en sus habitantes cuando cae la noche.

Créanme cuando les digo que podría dar mil ejemplos de esto. Y saben qué, lo haré:

Un ejemplo claro de “situación rara” más “gente rara” ocurrió hace una semana, mientras cubría mi turno junto con mi compañero. Acomodábamos unas bolsas de chicharrones en los estantes mientras oíamos la radio de fondo cuando escuchamos una mezcla infernal entre un golpe, una explosión y un chirrido

—¿Crees que lo note? —pregunté sin dejar de acomodar las grasosas frituras de queso.

—Obviamente sí —respondió mi compañero, tratando de ignorar lo ocurrido.

Caminamos lentamente hasta el origen del estruendo, la entrada del minisuper. Había vidrios, pedazos de pared y techo esparcidos por el suelo. También, una pesada nube de polvo que dificultaba ver con claridad.

—¿Crees que si ponemos la misma excusa de la última vez se lo crea? —volví a preguntar.

—¿Cuál exactamente? — preguntó.

—La de que un conductor borracho chocó por accidente y luego se fue…o algo así le dijimos la última vez—

—No, dijimos que estaba marihuano —replicó.

—Sí, eso. ¿Crees que se lo vuelva a creer? —

—Yo creo que sí, ya no debe acordarse, el jefe es viejo — dijo mientras robaba un paquete de cigarros del mostrador y un encendedor de los caros. — Apagaré las cámaras y tú lo levantas— me ordenó mientras se llevaba el cigarro a la boca.

¿A quién tenía que levantar? Era al Señor Marlo. Como le gusta que lo llamemos. Este se encontraba… “embarrado en el piso”. Había dejado un brochazo de sangre conforme se había deslizado por la loseta blanca tras chocar su moto contra la puerta del minisuper.

Este hombre (si se le puede llamar así al retrasado este) es un pervertido de entre cuarenta y cincuenta años, que no desarrolló un pensamiento racional y que tampoco tiene intenciones de desarrollarlo. Su personalidad se basa en vestirse como un motociclista del siglo pasado, conducir una moto negra extremadamente ruidosa Yyyy… tratar de “conquistar” niñas y niños de secundaria, por desgracia yo incluida.

No es guapo, nunca fue guapo. Lo sé porque me ha mostrado a la fuerza fotos de su juventud, mientras me pregunta cinco veces seguida: ¿a qué salgo muy bien en esta? Creo que es una de sus tácticas de “seducción” o algo así. Pero lo único que provoca haciendo eso es que me cueste bastante no reír. Si me pidieran describir su apariencia, diria que es alguien que es un 60% panza, de brazos y piernas flacas, y cuya cara se ve mejor entre menos se vea.

¡Maldito gordo tetón, pecoso, asqueroso! Lo he visto coquetear…o, mejor dicho, intentar coquetear con niñas menores de quince años, e intimidar niños adolescentes para establecer…¿dominio?

Todo el pueblo sabe de Marlo y lo que hace, pero nadie le da importancia. En el fondo pienso que es porque todos nos damos cuenta de que es MUY tonto como para representar un peligro real. De hecho, se rumorea de que aún es virgen, ya que no tiene dinero ni para contratar a una prostituta.

—¡SEÑOR! —grité y aproveché para meterle una patada en las costillas, desquitando todas esas veces que ha insistido en estar cerca de mí. Él ni siquiera sintió el golpe.

—¿Ahora si se murió? o…¿lo acabaste de matar? —preguntó Hugo acercándose a mí. —Por suerte para ti las cámaras estaban apagadas. Ya no sirven de hecho. El jefe compró porquería china de nuevo —me dijo dando una profunda calada al cigarro. (Por cierto, así se llama mi compañero)

—Gracias a Dios —suspiré. —Ahora puedo darle otra —y sí, se la di.

—¿Llamamos a la policía? —preguntó haciendo esfuerzo para retener el humo del cigarro dentro de sus pulmones.

—Creo que es lo correcto. No es la mejor solución, pero sí lo correcto. —

—Para ti ¿Cuál es la mejor solución? —preguntó dejando salir el humo y formando una nube que bloqueo mi vista por un rato.

—No sé. Sacarlo a la calle y ponerle cal, darle el tiro de gracia para que no sufra más… ¡No lo sé, solo dije eso porque al final la policía solo se queda viendo el desastre y se van! — exclamé un poco alterada, imaginando la chinga que nos ibamos a poner limpiando el desastre.

—Tienes razón… Ya que estan apagadas las cámaras… ¿Nos robamos unas cervezas? —

—Sí — y nos fuimos a beber.

Hugo, mi compañero, es lo contrario a Marlo. A veces creo que tiene esposa y un hijo, además de que vive a un pueblo de distancia… creo. En realidad, lo poco que sé de él es por chismes de otras personas. Es alguien muy bueno para ocultar su vida personal, nunca habla de nadie, ni de nada. A veces es cómo hablar con un NPC y otras como hablar con un comediante muy raro.

Le he preguntado a la gente sobre él y nadie me sabe decir algo relevante aparte de lo que ya dije. Al menos me alegra que no sea un pervertido como Marlo… Y yo creo que es gay.

Para mí desgracia y la de todas las niñas del pueblo, Marlo se levantó quince minutos después, sangrando por la nariz y por varios rasguños y cortadas, hasta creo que, con menos dientes, pero moviéndose como si solo hubiera tomado una siesta. (¿Qué ese hombre no siente dolor?)

—¿Y mi moto, nena? —me preguntó, intentando levantar una ceja.




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