Respirar talco se siente como una extraña combinación entre respirar muy profundo y la insoportable sensación de que te falta el aire. ¿Cómo lo sé? Bueno hace… 20 minutos alguien me ayudó a hacer ese descubrimiento.
Me encontraba en el mostrador, tratando de leer uno de los pocos libros que tenemos en exhibición en el minisuper. Este trataba sobre comida mexicana; quesadillas, zopes, carne en chile verde. Ojalá tuviera una abuela que me cocinara este tipo de cosas. Miraba con atención y algo de deseo la foto de un pozole cuando mi vista se volvió blanca y comencé a sentir el ardor inconfundible del mentol en mis ojos. Instintivamente me llevé las manos a los ojos y froté, en un intento de limpiarlos. Eso solo lo empeoró, pues las lágrimas hacían que el mentol del talco se hiciera más fuerte.
—AHH…talco—grité antes de darme cuenta de que tampoco debí hacer eso, pues el talco invadió mis vías respiratorias al instante.
Sentí el sabor del talco para pies en cada centímetro de mi lengua, al mismo tiempo de que la sensación de ahogo llegaba a mi pecho. El aire entraba a mis pulmones, pero era como si el aire no se procesara. La angustia me invadía. No solo no podía ver, sino que también me estaba ahogando, al mismo tiempo que el talco seguía cayéndome en la cara.
—¡Oye tú! —escuché gritar a Hugo.
—¡¿Qué te pasa?! —reclamé tomando a tientas una botella de agua que por suerte estaba a un lado de mí y vertiéndomela por completo en la cara.
Cuando por fin pude abrir los ojos, me di cuenta de que Hugo había sometido en el piso a quien solo puedo describir como un: hombre bebé. Era un tipo como de unos treinta años, piel pálida, algo bajo, sumamente delgado, con una barba negra que le llegaba hasta la mitad del pecho y “vestido” exclusivamente con un pañal. No pañal para adultos, hablo de un pañal de bebé que apenas y alcanzaba a cubrirle las partes privadas. No le cerraba, asi que lo había asegurado dando varias vueltas con cinta alrededor de su cintura.
Rodando por el suelo, había una lata oxidada donde creo que el hombre había traído su talco. Seguramente se le cayo de las manos cuando Hugo lo tiró al suelo, entonces su contenido dejo una gran mancha blanca y una neblina irritante por toda la atmosfera del minisuper.
—¿Estas bien? —preguntó Hugo, mientras le ponía una de sus rodillas en su espalda.
—Sí —le dije, aunque en realidad sentía que había metido la cabeza en un bote de VapoRub.
No sé que clase o marca de talco use este tipo, pero vaya que es fuerte.
—¡LA HUMEDAD! ¡HAY QUE ELIMINAR LA HUMEDAD! ¡ELLAS VIENEN! —comenzó a gritar el hombre mientras se sacudía. —¡ELLAS VIENEN! ¡ELLAS VIENEN! ¡HAY QUE IRNOS, ESTE SERA EL PRIMER LUGAR! —
El hombre se alteraba más a cada momento que pasaba. Hugo se ponía cada vez más rojo mientras intentaba controlarlo por todos los medios posibles. Lo sujetó de las muñecas con fuerza, pues había comenzado a lanzar manotazos mientras seguía gritando: ¡VAMONOS! ¡VAMONOS! Las manos de Hugo temblaban por la enorme cantidad de fuerza que tenía que hacer y sin embargo el hombre con pañal seguía sacudiéndose cada vez más rápido.
Para que entiendan un poco, debo decirles que Hugo no es alguien pequeño. Mide casi dos metros y estoy seguro de que pesa más de 100 kilos. Lo he visto cargar varios bultos de veinte kilos de comida para perro como si estos estuvieran llenos de palomitas. Es muy parecido a Tito de la película Turbo, rellenito. Este hombre, una vez descargó un camión de mercancía el solo y ni siquiera sudó. Lo que intento decir es que el hombre del pañal con suerte equivale a un bulto y medio de croquetas y aun así Hugo estaba luchando por controlarlo.
—¡ELLAS! ¡DESPIERTAN! ¡CORRAN! —gritó de forma entrecortada. —¡ME TENGO QUE IR! — En un solo movimiento, el hombre se soltó del agarre de Hugo, e hizo una lagartija con tanta fuerza que Hugo cayo hacia atrás, chocando con la estantería de los dulces.
Al salir por la puerta, el hombre se despojó de su pañal, quedando completamente desnudo. Levantó su pañal mirando al cielo, como presentándoselo a la luna y seguido de eso, lo estrelló contra el vidrio de la ventana, dejándome ver que ya lo había “usado” y luego… se fue, caminando, como lo haría una persona sin preocupaciones caminando por el parque un domingo por la mañana.
—¿Pero que chingados acaba de pasar? —preguntó Hugo sin poder levantarse.
—No tengo, ni la más mínima ni puta idea —
—¿Un vagabundo nuevo? —
—Supongo que sí. —
—¿Ellas vienen? ¿Qué? —preguntó tratando de incorporarse.
—No lo sé amigo, pero…si el tipo venía usando un pañal de bebé ¿por qué traía talco para pies y no talco para bebé? No hay lógica —
—Ni siquiera hay lógica en el hecho de que un hombre adulto use un pañal de bebé —
—oh, touche —
—¡Intenté salvarlos, ahora estan perdidos...! —le esuchamos gritar al hombre bebé mientras se alejaba.
Como segundo contexto, debo explicarles que este lugar es algo asi como una atracción turística para las personas sin hogar, adictos y posibles pacientes psiquiátricos sin tratamiento. Cada vez hay más y hasta la fecha, nadie sabe qué es lo que les atrae tanto. ¿Falta de presencia policiaca? Puede ser ¿Los marcianos los raptan y los dejan aquí? Posiblemente.
Formaron una comunidad a las afueras del pueblo, viven en casas que ellos mismos construyeron con desperdicios y basura, hablan un idioma que nadie puede identificar, cultivan su comida, y lo que no pueden cultivar lo compran con dinero que nadie sabe de donde sale, pues ninguno trabaja. Pasan sus días dentro de su comunidad o caminando por las calles del pueblo, siempre en grupos de tres o cuatro de ellos. Parecen ser una sociedad muy funcional, pues nunca se les ha visto pelear entre ellos o tener algun tipo de problema.
A veces parecen un poco sectarios, pues cada vagabundo que llega al pueblo es abordado por ellos y acosado hasta ser convencido de unirse a la comunidad. Los he visto incluso rogarle a los nuevos para que visiten su comunidad y arrastrarlos hasta ella cuando se niegan.
#1719 en Otros
#549 en Humor
#328 en Relatos cortos
sarcasmo y humor, ironía y picardía, humor aventura misterio
Editado: 22.07.2026