Turno Nocturno I: El Hospital Saint Jouns

capitulo 1

“Las relaciones humanas son todo un mundo, es posible que ayer fuéramos uña y carne con quienes hoy apenas y guardamos el contacto, aborrezcamos la compañía de quien mañana echaremos de menos, o lamentablemente entregásemos el corazón a quien no dudaría en utilizarlo, pisotearlo o arrojarlo al vacío.

Es algo que leí de niño, ni siquiera recuerdo de qué libro. Solo sé que por alguna razón, le di un valor mayor del que merecía. No sé por qué demonios lo recuerdo ahora, cuando ya me estoy muriendo”.

– ¡Informe de estado!

–Sigue en estado crítico, presenta varias heridas de arma blanca en el costado izquierdo. Logramos detener la hemorragia pero… no sabemos si lo logrará.

Mirando al techo de la ambulancia, Kirlian se sentía tan liviano que llegó a creer que estaba flotando. Su mirada languidecía entre los paramédicos. Mientras que uno le conectaba al pulsímetro, otro lo ayudaba a respirar y en cuanto al tercero, éste sostenía una jeringa recién usada.

“Ya entiendo, por eso estoy flotando, los analgésicos…” – ¡Coff! ¡Coff!–En medio de un ataque de tos, Kirlian comenzó a escupir sangre. No sabía lo que significaba, pero en definitiva era algo malo. Jadeaba para respirar, el simple hecho de estar recostado era incómodo para él. Aun así, alcanzó a levantar una mano, solo para verla gotear de sangre. “¿Quién me apuñaló? Yo no le hecho mal a nadie, ¿entonces…por qué?”. Cansado, Kirlian dejó caer su mano flácidamente, y miró al techo de la ambulancia.

“Pensé que, si mantenía a las personas en mi vida, alguna de ellas haría algo que cambiaría las cosas. No sé qué exactamente, pero recuerdo que me emocionaba todo el asunto de conocer a alguien, porque significaba que habría un cambio nuevo.

Entonces llegaron los problemas, siempre acompañados de la mala voluntad de las personas”.

Kirlian podía ver, aunque de forma empañada y opaca, como los paramédicos se movían más rápido. Parecían preocupados por algo, no lo sabía, podría ser por él, o por cualquier otra cosa; a estas alturas su mente no podía concentrarse.

Trato de recordar lo qué pasó, pero no tenía idea de si era por los fármacos, o por la pérdida de sangre; solo tenía fragmentos de recuerdos. Recordaba una sombra acechando en una esquina, luego se vio a sí mismo en el suelo, apuñalado por la espalda. Lo último que supo, fue ver unos zapatos negros y unos pantalones amarillos.

Aparte de esto, no podía recordar nada más. Solo sentía un terrible dolor de cabeza, acompañado de un sentimiento de estar flotando. Esto último se intensificaba a cada segundo, hasta que ya no era capaz de sentir la camilla de la ambulancia, ni escuchar las sirenas, ni ver las luces en el techo. Lo único a lo que podía aferrarse, era a esa sensación de estar flotando.

Luego de un tiempo desconocido, Kirlian se vio a sí mismo levantarse y comenzar a caminar. Conforme lo hacía, el mundo a su alrededor comenzaba a transformarse. Las paredes y el techo de la ambulancia, la cama donde descansaba e incluso el piso, todo desapareció.

Reemplazando el techo, había un cielo gris, como en los días lluviosos, pero sin lluvia. Reemplazando todo lo demás, había una tierra yerma que se expandía a lo largo del horizonte. Un Páramo desolado, sin prado, y de un gris tan extenso que era sobrecogedor. Ante una escena como esa, Kirlian, únicamente siguió caminando. Entre tanto que lo hacía, tuvo extraños sueños que no se molestó en comprender.

A veces era un soldado de cartas frente a la reina de corazones, pintando rosales. Otras veces, era un monstruo de piedra, pesado y sin ánimo que vivía en una cueva. Hasta que una vez, soñó que era un viejo preso en una jaula de pájaro, suspendido en la oscuridad. Ahí, bajo la luz de una débil linterna, se podía ver una carta que ponía lo siguiente.

–Descubrí que en la vida, hay toda clase de personas. Las hay valientes y cobardes, también diligentes y por supuesto, las hay negligentes. Los que más abundan son los avariciosos, y los que son especialmente insidiosos. Los que no pueden vivir con sus propios problemas y los que se aprovechan de la gente.

Mientras iba leyendo la carta, fue notando que seguía en aquel Páramo desolado. Todos los sueños se desvanecieron, pero aún seguían frescos en su memoria. Poco a poco se fue dando cuenta de que, aún ahora, seguía soñando. Agarró un puñado de tierra, se sentía seca, y aun así, tan pesada y fácil de moldear como la tierra mojada. Avanzando un poco más, pudo ver a lo lejos una débil sombra, algo parecido a un árbol. Quiso aproximarse, por lo que aceleró el paso. Sintiendo pasar un viento frio sobre él, recordó de nuevo el contenido de la carta.

“Siendo… diligente, podría formar una larga lista con todos esos personajes, especialmente de los malos. Pero por suerte o desgracia, terminé siendo aquel tipo al que le importa un comino todo esto.

Soy alguien desinteresado, o al menos algo parecido. Mi filosofía consiste en que cada quien busque lo suyo, y desde ahí voy trabajando. Paso a paso, pensando, si lo hago lo suficientemente bien, si tengo mi casa, dinero en el banco, mucho dinero y sin ningún maldito vicio; Podre no rendirle cuentas a nadie. Ese es mi sueño, no depender de nadie nunca más. Algo por lo cual abandoné la escuela y ahora vivo solo, dependiendo únicamente de mí”.

Kirlian venía todo el camino pensando en estas cosas, pero se detuvo en cuanto se dio cuenta de algo aterrador. El hecho de que nunca había despertado del sueño. Había pasado algo tan importante por alto, y eso lo asustó todavía más. Esta cadena de pensamientos lo hizo notar algo más, y es que este mundo que había creado y en el que vivía, era demasiado real para ser un sueño.

–Por ahora es suficiente, vuelve mañana, cuando mejore te avisaré– Como si encendieran una luz oh alguien hiciera un fuerte ruido, Kirlian despertó espantado. Aunque no pudo moverse, ya que sus heridas seguían siendo graves. Lo bueno es que ese dolor, junto con los recuerdos de su vida fluyendo en su memoria, le dio la certeza de que había despertado. Ahora que sabía que esa extraña pesadilla acabó, suspiró aliviado. Esperaba no volver a repetirla.




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