Turno Nocturno I: El Hospital Saint Jouns

capitulo 3

La mañana de ese mismo día, una ambulancia partía del hospital saint jouns en una nueva ronda. Los tripulantes eran Harker y Jimmy, y el conductor Tucker. No habían notado el cielo grisáceo sobre ellos, ni la aparente falta de calor acostumbrada a las fechas de verano. Lo que si llego a preocuparlos era la inesperada niebla que cubría su visión, nunca habían visto algo semejante, ni siquiera en los peores inviernos.

Avanzaban con tranquilidad por la calle asfaltada que hacia su transcurso suave y sin sobresaltos, cuando de pronto el camino se hizo escabroso y la carcasa de metal iba dando brincos sin parar.

Tucker miro por la ventanilla, y vio las ruedas tratando de rodar sobre un camino pedregoso, el asfalto había quedado en el retrovisor. Alzo la vista y noto algo extraño en los edificios, no eran los edificios de la vieja ciudad de Calvet, ni de ninguna ciudad conocida. Mientras iba avanzando, vio edificios del siglo XX de la vieja Londres, casas y colmados del siglo XV de las indias occidentales y doblando en una esquina, una capilla demasiado vieja para ubicarla en el tiempo.

Mientras más avanzaban, la noción de perderse en un camino sin retorno se hizo más presente.

–Debería dar la vuelta– comento el conductor con una sorprendente calma, aunque más bien parecía una pregunta.

–No– respondió Harker. Mirando a Jimmy por la ventanilla de la ambulancia. Podía ver el miedo en su rostro, y sabía que él lo estaba viendo también. –Más adelante hay una rotonda, vamos a girar ahí.

Tucker debía mantener los ojos en el pedregoso camino, pero podía oler el miedo en sus amigos, y ese sentimiento contagioso le dio valor para continuar el trayecto. Harker tenía buenos ojos, ya que vio atreves de la niebla a 50 metros y capto la figura de una fuente. Al llegar junto a ella, sus corazones se tensaron y multiplicaron la vigilancia. Para colmo de males, el motor empezó a hacer ruidos extraños como si estuviera por descomponerse; sus corazones prácticamente colgaban de un hilo en ese momento.

El miedo de que algo saltara de alguna esquina se filtraba de sus imaginaciones. Y no ayudaba en nada que la ambulancia de descompusiera de repente. Por ello iban todos los caminos atentos a los alrededores.

Fue solo un instante, pero cuando el vehículo rodeo la fuente, la alta estatua del ángel les tapo el camino. Y quizá debido a su miedo a que la ambulancia se descompusiera, no le prestaron atención a ese hecho. Solo fue un instante, pero vasto para que algo se manifestara. Y cuando lo vio, Tucker incluso olvido conducir.

No era una sombra en una esquina, ni un escurridizo asesino que se cuela a tus espaldas. La entidad era inmensa, de mayor tamaño que una casa. A primera vista parecía humanoide, pero luego veías su mirada llena de pesar, malicia, y un brillo amarillento de locura en sus ojos.

Harker fue el primero en recuperar el sentido, y de inmediato noto que iban a chocar con una casa. Quiso advertir a Tucker, pero ya era demasiado tarde.

. . . .

Mercy guio a Kirlian de vuelta a su habitación, no hablaron entre ellos, el ambiente era tan pesado que quitaba las ganas de hablar. La noticia, de alguna manera se corrió entre la gente y como era de esperar, las cientos de personas en el hospital entraron en pánico. Lo cual solo empeoro al darse a conocer la nueva mala noticia.

Los teléfonos dejaron de funcionar…

Entonces el pánico se permeo sobre todos ellos, era algo inevitable. Los doctores tampoco pudieron hacer mucho, debido a que también estaban preocupados. Los teléfonos no funcionaban, por lo que no se podía llamar a la policía. Y nadie, ni los guardias, podían impedir la salida de una multitud de personas. Afortunadamente, la gente se percató de que algo iba terriblemente mal cuando ninguno de los que salía daba señales de vida.

Los pacientes tampoco recibían mucha información, todo exploto con gritos y peleas durante una media hora. Luego todo convergió en un caos silencioso. Kirlian quedo confinado en su habitación junto a sus dos compañeros, que no dejaban de hacer preguntas sobre lo que vio afuera. Ninguna enfermera vino a hacer una revisión, o siquiera para darles el almuerzo. No fue hasta que Barry se cansó de presionar el botón de emergencia, que una enfermera visiblemente alterada se presentó.

Cuando el delincuente le comento su necesidad de ir al baño, la cosa se complicó. El oficial a su cargo había salido hacia el aparcamiento y no se le volvió a ver. Después de que el hombre insistiera varias veces, la enfermera accedió a llamar a alguien para que lo ayudara. Gracias a ello, también pudieron conseguir algo de comer, pero hasta la hora de la cena, no se volvió a saber nada de ningún doctor.

La situación se agravo cuando al caer la noche, las luces se apagaron. Todo el hospital quedo a oscuras, y lo peor de todo, al mirar por la ventana no se podía ver ni una luz. Kirlian estaba confundido, claramente recordaba que el hospital se encontraba en el centro de la ciudad, la probabilidad de un apagón generalizado era casi nula. Miro a los rostros de sus compañeros, no podía ver claramente sus rostros, pero podía discernir una preocupación equiparable a la suya.

Por un momento todos guardaron silencio, pero de inmediato se arrepintieron. Recordaron el silencio de la tarde, cuan callados se habían vuelto los pasillos y la ahora más pronunciada ausencia de personas. Dentro de la oscuridad todo convergía en un vórtice de incertidumbre que no era fácil de soportar.

El repentino brillo de una luz los cegó por un momento, al entornar los ojos, vieron a Kenneth con su teléfono. La linterna encendida alumbraba su rostro mientras les miro despreocupadamente. –Si quieren puedo apagarla.

Ambos insistieron en dejarla encendida, y así continuo hasta que todos sintieron que era hora de dormir. Esa sensación de inquietud no lo dejo dormir como quería, permaneció clavada en su pecho como una aguja. El silencio, aunque pesado y muy presente, a veces era roto por unos repentinos pasos, o el sonido amortiguado de puertas abriéndose y cerrando. Otras veces, Kirlian creía escuchar murmullos, algunos parecían provenir de conversaciones entre otros pacientes, y otros, -si no se estuviera volviendo loco- parecían hablarle a él.




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