Luego de unos minutos, ambos grupos consiguieron ponerse al día. El anciano hizo a Harker relatar todo de nuevo, lo cual era un poco molesto y casi una pérdida de tiempo. Sabiendo por lo que habían pasado, el dúo recién llegado los miro con algo lastima; lo suficiente para que se sintieran incomodos. Pero Harker no le dio importancia y en su lugar pregunto por ellos, el viejo Erasmo suspiro y tomo asiento junto a ellos, no olvidando encender una lámpara de mano y colocarla en el centro. Si esta no fuera una tienda y ellos fueran amigos, este perfectamente podría ser el momento para una historia junto a la fogata.
Como buen anfitrión, Erasmo comenzó a relatarles su vida. Y resulto ser justo lo que esperaban, el hombre era un recluso, de nada menos que de una prisión estatal de máxima seguridad. Estaba cumpliendo su condena tranquilamente cuando el cielo se apagó. Directamente, todos pudieron ver como la luz se desvanecía y en un principio, el anciano pensó que podría deberse a un corte de energía. Pero entonces recordó que estaba al aire libre leyendo en una banquilla.
–Todo se sentía como un sueño– Interrumpió el chico de la cresta, que se había presentado como Casidy. Pero el afroamericano de nombre Henry se burló de él. –Tú estabas en aislamiento, ni siquiera te diste cuenta.
–Pero lo sentí, está bien? El aire se sentía irreal, como si aún estuviera en un sueño.
–Un sueño que pronto se convirtió en una pesadilla– Tomo la palabra el anciano. –Recuerdo todo lo que paso en la próxima hora, nos dejaron abandonados todo ese tiempo. Aunque no los culpo, todo era tan desorientador. Cuando por fin se acordaron de nosotros y nos condujeron a las celdas, fue cuando empezaron a oírse los gritos. Uno por aquí, otro por Dios sabe dónde, pero ahí estaban. Todos estábamos nerviosos, todos estábamos asustados. Empezaron a escucharse cada vez menos personas y aún menos eran vistas en el camino.
–Cuando me di cuenta de que debía hacer algo, solo quedábamos 8 personas en el grupo– El anciano se detuvo y miro a los tres totalmente concentrados en la historia. – ¿Tienes idea de cuantas personas había en ese parque antes de que nos trasladaran?
– ¿C-cuantos? – pregunto Jimmy sin ánimo de interrumpir. Erasmo miro la llama y soltó una cifra. –treinta y dos personas, incluyendo cinco guardias. De las treinta y dos almas, al momento en que recobre el sentido, solo quedaban 8.
Se escucharon tragos entre los muchachos, todos estaban nerviosos y se miraban entre ellos. Harker podía ver la duda en Tucker, obviamente no creía casi nada de lo que decía el hombre. Jimmy estaba nervioso, y parecía no saber en qué creer. Erasmo suspiro y miro a Henry con algo de complicidad antes de continuar.
–Todo el camino había creído que los gritos que escuchaba provenían de algún otro edificio. Era extraño y fuera de lugar, pero que sucediera lejos lo hacía un poco digerible. Luego me pregunte como no había notado la sangre en el piso o la gente que desaparecía, algunos de ellos incluso iban hombro a hombro conmigo. Era como si algo nos seleccionara al azar, como si formáramos parte de algún buffet de toma todo lo que quieras y ninguno se dio cuenta. Lo peor de todo es que, para ese entonces, nunca vi que nos atacó.
En este punto, incluso si no lo creyeran, las espaldas de todos los paramédicos se empaparon de sudor frio. Era una reacción natural a la angustia de no poder distinguir la verdad, la realidad o la confiabilidad del trio de prisioneros frente a ellos, o la de esta tienda, o el pueblo o la de su propia mente.
– ¿Que es este pueblo? – pregunto Jimmy sin darse cuenta. El tal Casidy se recostó perezosamente mientras se abanicaba con un cuaderno. –Yo lo llamo, el pueblo de los monstruos, o el de las pesadillas. Como prefieras.
Erasmo le fulmino con la mirada antes de volverse al grupo y decir. –Lo que paso después, fue una tortuosa travesía que no quiero recordar ahora. Pero el hecho es que de alguna manera logramos salir de la cárcel, para descubrir una amarga verdad. La prisión ya no estaba donde había estado antes, o al menos el exterior había cambiado tanto que era irreconocible.
–Yo me inclino más por lo primero– Le interrumpió Henry. El moreno se recostaba de igual modo que el muchacho, la despreocupación en ellos transmitía una sensación que los paramédicos no terminaban de entender. Tanto Harker como Tucker eran personas inteligentes que pensaban antes de actuar, y como ninguno había hecho una seña de que estaban en peligro, Jimmy no sabía qué hacer.
Al final fue Harker el que se adelantó para hablar por ellos. –Poniendo a un lado el hecho de si te creemos o no, te agradecemos que nos hayas salvado. Pero creo que sería mejor partiéramos ahora, confió en que no van a impedirlo.
Habiendo puesto el tema sobre la mesa, el trio miro nerviosamente al Anciano, estaba claro que él era el líder. Erasmo los miro con una sonrisa que no le llegaba a los ojos, cosa que incentivo el miedo en todos ellos.
–Henry, ¿Cuánto tiempo ha pasado? – pregunto el anciano de repente. El hombre fornido aparentaba unos 50 años, pero de no ser por su rostro, sería mucho menos. Mirando el reloj en su mano comento. –Unos veinte minutos.
–Bien, muchachos, dentro de unos 40 minutos será seguro salir. Entonces podrán hacer lo que quieran.
–Esas cosas del techo… ya se habrán ido? – Jimmy no se sentía muy bien respecto a la idea de salir. Pero Tucker seguía evaluando a los reclusos sin saber que pensar. – ¿Al menos podemos comunicarnos con el exterior?
–Puedes intentarlo, de hecho, preferiría que lo intentes– el único que permanecía erguido en el suelo era Erasmo, el anciano parecía hecho hierro. Ambos compañeros del recluso no podrían ser más despreocupados. Como si no pudieran esperar para dormir.
Dándoles una mirada cómplice a sus compañeros, Harker asintió y saco la radio. Varios canales continuos estaban llenos de estática, incluyendo todos los que usaban sus compañeros del hospital. Tucker le quito la radio y trato de sintonizar las frecuencias policiales que conocía. Harker sabía que si aún quedaba alguna frecuencia que funcionara, Tucker la encontraría; a fin de cuentas el experto radiofrecuencias era él. En su lugar saco su teléfono y comenzó a hacer llamadas, pero ninguna persona contestaba. Por ultimo trato con emergencias y nada.