–Kirlian, mi nombre es Lilian… lo siento, quién eres? – Poniendo distancia entre ellos, el joven y cojo paciente observo a su alrededor con cuidado. Y noto que no había mas figuras en el techo en la oscuridad. Ya sea que el pequeño monstruo de ojos amarillos se haya ido o escondido, lo más importante era lidiar con este hombre.
–Kirlian, eh? Me gusta ese nombre, te queda bien– Aquel hombre no respondió a su pregunta, pero sus actos y palabras eran de lo más inquietantes. Avanzo hacia el ignorando la aprensión que sentía, Kirlian sentía su corazón saltarse un latido. Pero pudo componerse y dejarlo pasar.
–Hay pocas cosas que lamento en esta vida, una de ellas son tus circunstancias, ojala pudiera hacer algo por cambiarlas.
–Disculpe, ¿Qué...Bien, si sabe algo de lo que está pasando, dígamelo por favor. ¿Dónde estamos?
–Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos– El hombre seguía sin responder a sus preguntas, en su lugar lo miraba y soltaba frases sin sentido. –Hazte un favor y ve a dormir, mañana no repitas lo de hoy, puede que no tengas tanta suerte la próxima. De verdad odiaría que algo malo te pasara.
–C-con permiso– Kirlian no podía ver sus ojos, pero había algo en su mirada que lo aterraba. Salió huyendo y bajo las escaleras casi a trompicones.
. . .
Ayudándose con los estantes, Harker siguió colocando los alimentos en los huecos vacíos. No sabía por qué, ni como de repente había alimentos en este lugar, cuando antes solo se veían desechos de plástico y mugre. Pero de estantes torcidos y vidrieras quebradas; paso a haber comida, botellas de agua e insumos de todo tipo.
¿El tiempo que tardo todo en cambiar?
Lo que se tarda en caminar hacia un cuarto, cerrar la puerta, y volverla abrir.
Cuando Erasmo abrió la puerta para ellos, donde antes había ruinas ahora se mostraba una tienda de conveniencia. Y por suerte o desgracia, (mas por desgracia que por suerte), Harker termino siendo un dependiente de esta tienda.
Cuando le pregunto a sus nuevos compañeros, Casidy lo ignoro irritantemente, mientras que Erasmo le recordó su sueño y le dijo. “Todas las respuestas que necesitas ya las recibiste allí”
Harker no sabía por qué, pero cuando vio a Erasmo abrir la puerta, sintió un sobrecogimiento en el pecho que le decía que cogiera una cesta, y que fingiera trabajar. Al llenar los estantes, miro las etiquetas de los alimentos y la presión que sentía se alivió un poco. Afortunadamente, estaban en idiomas que podía entender.
“Debo estar perdiendo la cabeza” quería decirse, pero como no podía dar sentido a nada de lo que veía, decidió seguir la corriente. Puesto que la única alternativa era perder los papeles, se aseguró de no pensar en nada más.
Antes de que acabara su tren de pensamiento, la sesta en sus manos se había terminado de vaciar. Por lo que se permitió holgazanear un poco. Miro a su alrededor, y noto a Casidy haciendo lo mismo en una mesa en la esquina, con una botella de licor en mano y el cuerpo inusualmente tenso. Hacia el mostrador, allí se encontraba Erasmo recto como una flecha, y con una sonrisa de lo más complaciente.
Las puertas estaban abiertas y la noche de afuera parecía tan iluminada como cabría esperar en una gran ciudad. Pero pese a las farolas encendidas, no se notaban ni la sombra de un transeúnte. Inevitablemente, la pregunta termino de formarse en su cabeza.
¿A quién estamos esperando?
Paso el tiempo, y el reloj había avanzado media hora. Harker se preguntaba cuanto tiempo tardaría un turno completo en este lugar. Fue entonces cuando el timbre de la puerta se escuchó por primera vez. Harker se saltó un latido cuando vio una mujer moverse a paso rápido mientras hablaba.
–Sí, la alacena de al frente está llena… no lo sé, ¿Qué pensaría ese tipo? Nadie le ofrecería ayuda.
Era rubia y llevaba un traje café, y parecía estar hablando por teléfono. Pero Harker en ningún momento vio el teléfono, solo la pudo ver pasar junto a él mientras parloteaba sin parar. ¿Era joven o vieja?, Harker no lo sabía, y por un momento pensó alcanzarla para hablar.
Entonces una mano se posó sobre su hombro y todo rastro de sangre se le escapó del rostro. Volteo rígidamente el cuello, y eso le permitió ver a Casidy parado a su lado, con una mirada seria y un dedo entre los labios, mientras negaba con la cabeza.
Harker entendió que no debía hablar con ella, ¿pero porque? ¡No tenía sentido! Y francamente, comenzaba a perder la calma. Fue ahí cuando la radio empezó a sonar, y a Casidy se le transformo el rostro en una mirada de miedo. Harker hacía tiempo que sobrepaso el umbral en el que su cerebro podía responder, por lo que solo pudo esperar.
Pasaron unos segundos, y la melodía que se escuchaba en la radio nunca traspaso el punto de partida, y por ende, la voz del cantante nunca se escuchó. Casidy se relajó visiblemente, y Harker también. Al rato noto que la mujer había terminado de juntar su compra he iba al mostrador, donde un afable Erasmo esperaba pacientemente. Durante todo este tiempo, esa mujer no había parado de parlotear. Pero Harker nunca vio su teléfono, y lo más inquietante de todo. Cada frase que salía de su boca no tenía conexión con lo anterior.
–La patria de Núremberg no se habría perdido tanto
–Si tan solo lo hubiera llamado antes, no… si perdía de vista un pequeño pañal, nunca encontraría un anillo.
–Sí, lo sé, Martha me está esperando, le llevare el periódico de octubre.
Cuando termino de comprar, se dio la vuelta y camino hacia la salida, pasando justo frente a un Harker confundido. El intento ver su rostro, y noto que era hermosa. Pero en cuanto paso de largo, se preguntó de nuevo. ¿Era joven o vieja? ¿De ojos azules o marrones?
¿Por qué creía que era hermosa?
A cada segundo que pasaba, Harker se confundía más y más y estaba empezando a respirar irregularmente. Casidy asintió con comprensión mientras lo veía, y le propino una bofetada. Harker despertó alarmado y lo miro con furia y confusión. Casidy le devolvió la mirada con braveza y le indico con un movimiento de cuello.