Turno Nocturno I: El Hospital Saint Jouns

Capítulo 8

– ¿¡TENGO QUE SALIR!? ¿¡TENGO QUE SALIR!? ¿¡TENGO QUE SALIR!?

Casidy corría como alma que lleva el diablo mientras el constante estruendo lo seguía muy de cerca. La potencia y velocidad con la que el monstruo se estrelló con su región de estantes lo aturdió del miedo. Pero que redujera la velocidad poco después le alivio la tensión en el cuello, aun así, le ordenó a sus piernas que corrieran desesperadamente.

Mientras tanto, un último estante fue derribado tras él, rozando por poco su espalda y casi haciéndolo tropezar. Casidy trastabillo varios metros, pero chocar con otro estante le dio el impulso para cambiar de dirección. Eso le dio varios segundos de calma, lo suficiente para que se atreviera a mirar atrás.

Lo que vio casi lo hace tropezar de nuevo…

Al igual que él. Ese monstruo de un ave choco con el mismo instante, pero en vez de perseguirlo, se quedó paralizada mientras su cola volvía a abrirse en flor. Esa cabeza de Halcón emitió chillido agudo que se las arreglaba para ser gutural. Al mismo tiempo, su cola en flor se desarmo en tiras, que luego se separaron en sarcillos acabados todos en un aguijón.

De pronto, cientos de aguijones apuntaban hacia el…

Casidy se maldijo por haber bajado la velocidad y acelero el paso, mientras que los aguijones se metían entre los estantes para perseguirlo. Casidy esquivo a algunos y siguió corriendo, esta vez de forma más inteligente. Zigzagueaba entre los estantes que se volvían infinitos mientras esquivaba los aguijones que caían desde arriba.

No fue fácil, uno le rozo el hombro y otro casi le revienta el costado. Los demás siempre llegaban a tiempo para cortarlo. Pero pronto, los más de cien aguijones se enredaron entre los estantes.

Pero antes de que pudiera cantar victoria, un nuevo chillido reverbero. Todos los aguijones, que eran como cordeles rematados en un agudo filo, se retrajeron. El Halcón alzo el vuelo y su cola en flor volvió a tomar forma sobre él. Casidy se dio la vuelta y corrió, pero no dejaba de mirarlo con los ojos abiertos como platos. Debió haber levantado una decena de estantes para alzar el vuelo, ¿siquiera era posible?

Esperaba que el techo la obligara a descender, pero miro hacia arriba y solo vio metros y metros de espacio vacío. Mientras perdía el tiempo mirando hacia atrás, termino chocando con un estante. Logro mantener el equilibrio, pero el lento ritmo que había conseguido se redujo todavía más. A pesar de ello, no pudo evitar mirar de nuevo al monstruo que volaba, por más insensato que fuera.

Solo sabía que en un instante estaba aleteando a decenas de metros, pero en un segundo podía ver el blanco, ¿oh negro? De sus ojos.

Sus garras lo apretaban contra el suelo, y por el Angulo de su cabeza, lo más probable es que esquivara por reflejo. Sea como fuere, el pico de ave se elevó frente a su cabeza y Casidy sabía, que si lo mordía era hombre muerto.

Fue entonces que se encendieron las luces, pero no iluminaron la penumbra, ya que eran luces de un intenso color rojo.

. . . . . . . . .

“¡AYUDENME! ¡AYUDENME! ¡AYUDENME! ¡ALGUIEN POR FAVOR!” La mente de Harker recirculaba todos los caminos que conocía, ansioso por no encontrar esa figura gigantesca que vio en la entrada. No la conocía, pero odiaba la malicia que percibía en su mirada. No sabía por qué, pero sentía que no quería solo matarlo o comerlo, quería hacer algo mucho más perverso con él. Por ello corrió casi al mismo tiempo que Casidy, perdiéndose entre una jungla de estantes.

Pero incluso entonces no se detuvo y continúo trotando. A veces se agachaba para ver si un par de grandes piernas corrían junto a él en algún pasillo. También debía vigilar las esquinas para no encontrarse de frente con aquella criatura, así como su espalda y cada dirección que se abría al entrar en una nueva intersección. Momento a momento, comenzó a notar a los estantes más grandes de lo que recordaba y el miedo que había ocultado dentro de sí volvió a salir a flote.

“Si no me mata ese monstruo, lo hará esta tienda de porquería” pensó Harker, a la vez que escuchaba la voz en la radio volverse atronadora. Seguía cantando sus afirmaciones.

–Busca hasta que encuentres. Y cuando encuentres, ya no volverás a ser quien buscaba.

–No confundas la oscuridad que te rodea con la oscuridad que llevas dentro.

–No temas aquello que desconoces. Teme aquello que conoces y nunca has cuestionado.

Eran palabras dichas en un idioma familiar, pero que aun así no entendía. Sin embargo, Harker no se explicaba por qué aparecía un significado para ellas en su cabeza. Tampoco tenía tiempo para pensarlo mientras corría por su vida.

– ¡Gyaa! – Un gemido arenoso se filtró entre el retumbo de la radio, y el corazón de Harker trastabillo dentro de su. La figura de la que tanto había escapado ahora frenaba a sus espaldas, con ese rostro que parecía un anciano con expresiones de bebe; gratamente sorprendido y con un aire infantil que fuera creíble, de no ser por sus facciones demoniacas.

Harker entendió que era improbable que lograra escapar, por lo que trepo al segundo piso de los estantes, que ahora eran tan altos como torres. De algún modo logro salir del alcance del monstruo a tiempo, mientras este le miraba con la boca abierta y alegría apasionada. Gemía como un infante y se aferraba a las columnas del estante con la mirada obsesionada en el paramédico.

La mente de Harker también gemía dentro de él, no podía decidirse como escapar. Y los segundos acortaban la distancia que lo separaban de aquel monstruo. Podía saltar hacia otro estante, pero la distancia entre ellos se había ampliado hasta asemejarse a la de dos edificios. También creyó posible avanzar a lo largo, pero sentía dentro de sí que si lo hacía, lo más probable es que se perdiera.

Así como así, la cara gigante ya estaba a medio paso detrás de él. Con un pensamiento contradictorio, Harker huyo a medio ritmo entre los alimentos, que eran tan grandes como personas.




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