—Siéntense —ordenó Valeria; aunque trató de suavizar el tono, sonó más como una instrucción que como una invitación—. Por fin podemos hablar tranquilos. Tenía muchas ganas de conocerlos en persona. Evan me ha hablado mucho de ustedes; dice que son realmente amables.
Marcus, Sarah y Lewin se sentaron frente a ellos. Evan recordó que la noche anterior ella lo había interrogado durante horas sobre sus compañeros, pidiéndole anécdotas y detalles específicos de cada uno. En su momento, él pensó que era simple curiosidad táctica; nunca imaginó que estaba construyendo el guion para esa noche.
—Vaya... nunca pensé que el chico antisocial nos tuviera tan presentes en su vida personal —bromeó Lewin, rompiendo el hielo con una risa nerviosa.
—Siempre lo incluimos en nuestras salidas, pero él se excluye solito —añadió Marcus, relajándose un poco ante la supuesta amabilidad de la mujer.
—Lo sé —respondió Valeria, soltando un suspiro fingido y recostando la cabeza en el hombro de Evan—. Es difícil hacer que se abra con los demás. No tienen idea del trabajo que me costó poder conquistarlo.
Evan tragó saliva con dificultad. El contacto de Valeria, tan cerca de su cuello, lo ponía en alerta máxima. Sabía que debía actuar; que de su desempeño dependía el éxito de la misión y su propia seguridad.
—¿Así que tú fuiste quien lo conquistó? —preguntó Lewin, arqueando una ceja, impresionado.
—Es tan tímido que apenas se atrevía a hablarme. Mírenlo —dijo ella con una ternura que parecía genuina. Tomó el rostro de Evan y apretó su mejilla con delicadeza, obligándolo a mirarla—. Creo que esa vulnerabilidad fue lo que hizo que me enamorara de él. Agradezco ser una mujer tan determinada.
—Amor a primera vista —comentó Marcus, riendo ante la imagen de un Evan acorralado por una mujer tan imponente.
—Sí. Lo vi, me gustó, fui por él y no descansé hasta tenerlo —sentenció ella. Se quitó los lentes oscuros, revelando unos ojos que analizaban a cada uno de ellos. Después volteó a ver a Evan y le guiñó un ojo.
En ese momento, el dueño del bar se acercó con pasos cortos, visiblemente intimidado.
—¿Qué van a tomar, señores? —preguntó, evitando mirar directamente a Valeria.
—Tráiganos lo mejor que tenga —ordenó ella, sin consultar el menú—. La situación lo amerita.
El hombre asintió y se retiró a toda prisa. Lewin, Marcus y Sarah se quedaron en silencio un momento, procesando la información.
—Entonces... —comenzó Lewin, rascándose la nuca con nerviosismo—, un año, ¿eh? Te lo tenías muy callado, Evan. ¿Cómo pudiste ocultar algo así por un año entero? Trabajamos juntos todos los días.
—Somos muy discretos —respondió Evan, siguiendo el juego de Valeria—. Además, con nuestras diferencias de horarios y estilos de vida, preferimos mantenerlo para nosotros.
—Las mejores cosas se guardan en privado —lo apoyó Valeria.
Lewin y Marcus asintieron; ambos ya tenían una idea del porqué lo ocultaron. Tenían ganas de saber la identidad de ella, así que de manera sutil Lewin dio el primer paso.
—Me alegra mucho que nuestro muchacho tenga novia, estamos felices por ti, hermano —dijo sonriendo sinceramente—. Ya que no he tenido la oportunidad de presentarme como se debe, lo haré ahora: soy Lewin Mackeil.
Le extendió la mano a Valeria en modo de presentación.
—Mucho gusto, Lewin.
—El gusto es mío. Por cierto, una disculpa por haberte coqueteado; no sabía que eras la novia de Evan —se disculpó avergonzado.
—No te preocupes, no hay problema —miró al otro chico—. Si él es Lewin, tú debes ser Marcus.
Este asintió.
—Efectivamente. Soy Marcus Rendyth, un placer.
—Encantada de conocerte —estrechó su mano.
—Tú eres Sarah —le dijo Valeria mirando a la chica.
—Sí, soy Sarah Wild —respondió esta, ofreciéndole la mano. Valeria la aceptó y la estrechó, apretándola con algo de fuerza.
—Qué gusto conocerte —dijo aún sosteniendo su mano y mirándola fijamente.
—Lo mismo digo —respondió Sarah.
—Bueno, yo me presento.
Evan la miró con alarma; revelar su identidad no era parte del plan. Recordó sus esfuerzos frenéticos en el restaurante para cubrirle el rostro, una protección que ahora ella desechaba con una simple sonrisa.
—Pero... —dijo Evan, pero fue interrumpido por Valeria.
—Tranquilo, cariño. Confío en tus amigos; sé que no dirán nada, ¿cierto, chicos?
Lewin y Marcus asintieron, notablemente curiosos.
—¿Lo ves, amor? No hay problema.
Se quitó el cubrebocas, dejando ver por completo su rostro.
—Mucho gusto, chicos. Soy Valeria Celir —dijo con una sonrisa.
Los tres se quedaron anonadados al reconocerla. Lewin se cubrió la boca, sorprendido. Por su mente había cruzado una que otra famosa, pero nunca ella.
El silencio en esa zona se volvió absoluto, roto solo por el murmullo lejano de la música en la parte principal. La luz tenue del bar rebotaba en el rostro de Valeria, resaltando su belleza.
Lewin fue el primero en romper el trance. Parpadeó varias veces, incrédulo.
—Celir... —susurró, procesando la información—. Eres la heredera de Aethelgard Cybernetics. La que desarrolló el sistema de red neuronal que ahora controla todo Thalen.
Valeria asintió con calma.
—Así es. Aunque prefiero que en esta mesa me vean simplemente como la novia de Evan —respondió ella. Su voz era suave, pero llevaba el peso de alguien acostumbrada a dar órdenes a miles de personas.
Marcus se echó hacia atrás en su asiento, soltando un silbido de asombro mientras miraba a Evan como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
—Increíble, Reed. Sabía que eras reservado, pero ocultar que sales con la heredera de un imperio de tecnología... eso es llevar la discreción a otro nivel.
Evan sintió un nudo amargo en la garganta. La mentira se estaba expandiendo como un gas venenoso. Sin embargo, la mirada de Valeria actuaba como un ancla; le recordaba que cualquier titubeo podía echar abajo el castillo de naipes que ella había construido.
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Editado: 12.03.2026