Tus Cadenas.

Cap 25: ¿Quién es ella?.

"El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo."— Friedrich Nietzsche.

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La semana había transcurrido en un silencio tenso. De Cameron no había más que sombras; tras el enfrentamiento en la frontera, parecía haberse desvanecido en el aire. Pero en la mansión, el
movimiento no se detenía.

​Evan estaba cambiando. Valeria lo observaba desde la distancia, notando cómo su cuerpo respondía al castigo físico. No era algo nuevo del todo; desde que ella había desaparecido la primera vez, Marcus y Lewin lo habían arrastrado al gimnasio para sacarlo de su hundimiento. Aunque ya no iba con ellos, Evan había mantenido la rutina en secreto, y ahora esa base muscular estaba saliendo a la luz, tonificando sus hombros y marcando su mandíbula. El psiquiatra le había confirmado a Valeria que el ejercicio extremo era una válvula de escape para su condición, así que ella no dudó en presionarlo más.

​Sin embargo, a pesar del vigor físico, Evan seguía recluido. Su mundo se limitaba al polígono de tiro, al filo del cuchillo y al combate cuerpo a cuerpo. Estaba atrapado en una disciplina militar que amenazaba con devorar al chico que ella conoció.

​Por eso, Valeria tomó una decisión inusual: mandó un auto por las únicas personas que podían recordarle a Evan quién era.

​—Oh, joder… esta casa es enorme —exclamó Marcus en cuanto puso un pie fuera del vehículo.

​—No seas tonto, Marcus; esto no es una casa, es una mansión —lo corrigió Ariana, la hermana de Lewin, rodando los ojos.

​—Dejen de pelear y caminen —los regañó Lewin, dándoles un empujón ligero para que avanzaran una vez que los tres estuvieron fuera.

​—Por aquí, por favor —les indicó el hombre que los había traído, haciendo un gesto para que lo siguieran.

Caminaron detrás de este, quien los guió directamente hacia el patio trasero. A medida que se acercaban, un sonido rítmico y seco empezó a escucharse.

​Bang. Bang. Bang.

​—¿Eso son disparos? —preguntó Ariana, deteniéndose un segundo.

​Marcus y Lewin se miraron entre sí, pero no tuvieron que responder. Al cruzar el umbral hacia el jardín, la imagen los dejó helados. Al fondo, en una línea de tiro improvisada, estaba Evan.

​Llevaba puesta una camiseta negra ajustada que dejaba ver unos hombros mucho más anchos y definidos de lo que recordaban.

Tenía la mirada fija en un punto y sostenía una pistola con una seguridad que no parecía propia de él. El estruendo de la última bala impactando en el centro del blanco fue lo que cerró la escena.

​Evan bajó el arma, puso el seguro y se quitó los protectores auditivos. Al girarse y verlos, su rostro, que hasta hace un segundo era una máscara de concentración fría, se transformó por completo.

​—¿Qué hacen aquí? —preguntó Evan, y una sonrisa auténtica se dibujo en su cara.

​—¡Pero mira nada más! —exclamó Marcus, rompiendo el hielo y acercándose para darle un golpe amistoso en el hombro—. ¡Si estás hecho un toro, hermano! ¿Qué te están dando de comer aquí?

​—Marcus tiene razón, te ves… diferente —añadió Lewin, dándole un abrazo fuerte—. El gimnasio te sentó bien, pero esto de las armas no me lo esperaba de ti.

​Ariana se quedó unos pasos atrás, observándolo en silencio. En su mente se repetía la imagen del Evan que conoció en el instituto: aquel chico retraído que apenas hablaba y que parecía querer ser invisible. Ella misma le había "encargado" a su hermano que lo cuidara antes de irse del país, temiendo que se aislara por completo. Pero el Evan que tenía frente a ella era diferente; no solo físicamente, sino que proyectaba una seguridad que antes no existía. Había crecido, y eso le alegraba profundamente.

​—Es solo un pasatiempo —mintió Evan rápidamente, rascándose la nuca con esa timidez que todavía conservaba—. Me ayuda a despejar la mente. No sabía que vendrían, Valeria no me dijo nada.

​Evan detuvo sus palabras al posar su mirada en la chica que estaba parada a unos metros. Ella lo
observaba con una sonrisa amplia.

Él entrecerró los ojos, mirándola con una curiosidad que poco a poco se transformó en asombro.

​—¿Vas a fingir que no me reconoces? —preguntó Ariana con tono divertido.

​—¿A… Ariana? —preguntó Evan, sin poder creérselo.

​La pelirroja asintió con entusiasmo. Evan soltó un jadeo de sorpresa, quedándose estático por un segundo antes de que ella corriera hacia él para rodearlo con un abrazo firme. Evan la recibió entre sus brazos, correspondiendo el gesto.

​—Oh, lo siento. Olvidé que odias que te abracen de la nada, es solo que estoy muy feliz de verte —dijo Ariana, alejándose un poco con una mueca de disculpa.

​—Tonta —la regañó el castaño con cariño, siendo él quien la volvió a atraer para darle un segundo abrazo.

​—¿Cuándo regresaste? —preguntó Evan al separarse, todavía procesando su presencia.

​—Ayer mismo.

​—¿Es definitivo? ¿Ya no te vas?

​—Sí, por fin terminé la universidad en Nexarya, así que regresé para quedarme.

​—Eso es genial, pequeña —respondió él con una sonrisa sincera.

​—Por cierto, sigo muy molesta —dijo ella, cambiando el tono de repente y poniendo las manos en sus caderas—. Lewin, pásame un palo, tengo que pegarle a este malagradecido.

​Evan tragó saliva y retrocedió un par de pasos por instinto.

​—¿Cómo es posible que te alejaras de mí? —le reclamó Ariana—. Cuando te dije que me iba a estudiar fuera, te pedí que no me dejaras de hablar. Ya sé que prácticamente te obligué a ser mi amigo al principio, pero pensé que realmente me querías un poco. Si no fuera por Lewin, no sabría nada de ti.

​—Yo... de verdad lo lamento, Ariana —balbuceó él, sintiéndose culpable.

​—¿"Lo lamento"? ¿Es lo único que vas a decir después de ignorar mis mensajes? —lo regañó ella, aunque sus ojos brillaban con diversión.




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