"El corazón tiene razones que la razón no entiende".— Blaise Pascal
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—Debemos ir al doctor, Celir. No has comido bien esta semana y las náuseas no se te quitan. Eso no es normal —la regañó Evan mientras le sostenía el cabello con cuidado en el baño.
Valeria se enjuagó la boca, sintiendo el cuerpo pesado y la garganta irritada.
—Dije que no, Savy. No quiero ir. Seguro algo me cayó mal o es el cansancio acumulado.
Evan suspiró, ayudándola a levantarse. Su mirada estaba cargada de una preocupación que Valeria ya no sabía cómo esquivar.
—¿Serán las consecuencias de la pastilla? Te dije que debimos habernos cuidado. He leído en internet sobre los efectos secundarios de tomársela, pero… ¿no crees que ya duró demasiado? Han pasado quince días desde que te la tomaste —habló Evan, analizando la situación.
Había pasado una semana más y Valeria seguía empeñada en esperar a que su regla bajara. La incertidumbre la estaba matando por dentro, pero su orgullo y el miedo le impedían dar el brazo a torcer.
—Anda, cámbiate. Debemos ir al médico ahora —insistió él.
Valeria se giró bruscamente, el enojo brillando en sus ojos.
—¡Que no! No voy a ir a ningún hospital.
Evan, lejos de enfadarse, la rodeó con sus brazos, pegándola a su pecho en un gesto protector.
—Estoy preocupado, de verdad. No es normal. ¿Y si la pastilla te afectó de forma grave?
Los cambios de humor en Valeria eran cada vez más frecuentes y explosivos. Evan ya había visto algo de eso la primera vez que la tomó, pero ahora eran mucho más fuertes, sumados a los constantes mareos que la obligaban a sentarse de la nada.
—Iremos después, lo juro. Solo dame un poco más de tiempo, ¿sí? —pidió ella, bajando la voz.
—Bien —cedió él a regañadientes—. ¿Quieres que te prepare un té?
—Sí, por favor.
En cuanto Evan salió de la habitación para ir a la cocina, Valeria buscó su teléfono. Con las manos temblorosas, marcó el número de Ariana.
—Es la primera vez que tú me llamas a mí y no al revés —respondió Ariana al otro lado, con tono curioso.
La pelirroja y Valeria se habían vuelto cercanas, lo cual sorprendía a todos; la heredera de Aethelgard Cybernetics no solía permitir que nadie se le aproximara tanto, y mucho menos en un plan amistoso. Sin embargo, para Ariana no fue difícil. Solo tuvo que insistir un poco y, para su sorpresa, resultó más sencillo entablar una amistad con Valeria que con Evan.
—Mi periodo sigue sin llegar —soltó Valeria sin rodeos, solo Ariana sabía sobre ello y en ese momento era la única en la que podía confiar—. Evan me está presionando para ir al médico y ya no sé qué inventar.
Ariana guardó silencio un segundo, procesando la gravedad del asunto.
—Vale, ¿vas a hacerte la prueba de una vez para salir de dudas? Muchas veces el retraso también es por el estrés de estar preocupada por si estás embarazada. Tal vez sea solo eso y en cuanto veas el negativo, todo se regule.
Valeria escuchó con atención. Esa idea le dio un rayo de esperanza; tal vez su propio miedo era el que estaba bloqueando su cuerpo.
—Yo no puedo ir a comprarla. Si alguien me ve en una farmacia, mañana será noticia nacional —dijo Valeria.
—No te preocupes, yo me encargo.
—Espera —la detuvo Valeria—. No quiero a Evan cerca hasta que sepa la respuesta.
——Déjamelo a mí. Le diré a Lewin que lo llame para salir a tomar algo o para distraerlo fuera de la casa.
—Está bien.
Ariana colgó la llamada y se dirigió rápidamente a la habitación de su hermano.
—¡Hey, despierta! —Lewin estaba acostado boca abajo cuando la pelirroja empezó a sacudirlo con brusquedad.
—Mmm, calma... basta, pulga, ya déjame en paz —se quejó él, con la voz amortiguada por la almohada.
—Necesito un favor.
—No tengo dinero.
—No es eso, Lewin. Hablo en serio.
El chico abrió los ojos mientras se sentaba en la cama. Cuando su hermana usaba ese tono y mencionaba su nombre, era la señal definitiva de que el asunto era importante.
—¿Qué quieres? —preguntó él mientras se tallaba los ojos.
—Necesito que invites a Evan a tomar algo o a cualquier lugar, pero tiene que ser ya mismo.
Lewin levantó una ceja, confundido por la urgencia del pedido.
—¿Por qué?
Ariana se rascó la oreja, dudando un segundo. ¿Qué se suponía que debía decirle?
—Vale y yo planeamos una tarde de chicas, pero Evan no se despega de ella porque sigue enferma. Vale ya se hartó de que esté pegado a ella todo el tiempo.
Lewin supo de inmediato que estaba mintiendo, pero no dijo nada. Ariana nunca le mentía a menos que tuviera que proteger un secreto, y si involucraba a la heredera, seguramente era una petición directa de ella.
—Bien, bien, ya voy.
No insistió más y se levantó con pereza de la cama.
Mientras tanto en la mansión Evan terminó de preparar el té y lo puso sobre una bandeja. Estaba por subir cuando su celular vibró en el bolsillo. Lo sacó y vio el nombre de Lewin en la pantalla.
—¿Qué pasa, Lewin? —contestó mientras caminaba hacia las escaleras.
—Ey, hermano. Marcus y yo vamos a ir a un bar que acaban de abrir cerca del centro. Tienes que venir, hace siglos que no salimos los tres solos.
Evan suspiró, deteniéndose al pie de los escalones.
—No puedo. Valeria no se siente bien y no pienso dejarla sola.
—Vamos, Evan, no seas así —insistió Lewin—. Ariana me dijo que ella va para allá ahora mismo. Van a tener su "tarde de chicas" con mascarillas y no sé qué más. Ariana no te va a dejar entrar a la habitación de todos modos, sabes cómo es de intensa. Aprovecha y sal un rato con nosotros, te servirá para despejarte.
En ese momento, escuchó los pasos de Valeria. Ella bajaba a mitad de las escaleras; había escuchado toda la conversación. Ariana ya le había avisado por mensaje que Lewin acababa de marcarle a Evan, y Valeria sabía perfectamente que el castaño se iba a negar. Tal como lo pensó, así se cumplió.
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Editado: 27.04.2026