"He aprendido a vivir sin nadie, no porque no me importe, sino porque el riesgo de ser yo mismo es demasiado grande." — Inspirado en Herman Hesse.
.
.
.
.
Valeria no podía apartar la mirada del suelo.
La prueba seguía tirada, como si nadie quisiera tocarla de nuevo. Como si al ignorarla pudiera desaparecer. Pero no. Seguía ahí. Real. Inamovible.
Su respiración era inestable, corta, y sentía la cabeza llena de pensamientos que no lograba ordenar. Todo estaba pasando demasiado rápido.
—¿Cuándo piensas decírselo a Evan? —preguntó Ariana con cuidado, pero sin rodeos.
La pregunta no llegó del todo.
O tal vez sí… pero Valeria no supo qué hacer con ella.
Se quedó quieta, completamente inmóvil, como si su cuerpo hubiera dejado de responder. Ariana la observó unos segundos.
—Vale… —susurró abrazandola fuerte cuando la pelinegra empezó a temblar.
Valeria sintió cuando la primera lágrima cayó.
Sintió cómo recorría su mejilla.
Y la odiò.
La odió con una intensidad que le apretó el pecho.
"No llores"
"No seas patética"
Pero no pararon, otra lágrima cayó y después las demás.
Valeria se aferró a Ariana con fuerza.
—¿Q-qué voy a hacer…? —logró decir con la voz entrecortada.
—Tranquila… —murmuró Ariana, acariciándole el cabello—. Vamos a pensar…
—No… —negó de inmediato, separándose con brusquedad.
Se llevó ambas manos al rostro, intentando detener el llanto, pero no pudo.
—Yo no puedo… —dijo, respirando con dificultad —. ¿Cómo voy a ser mamá? No… yo no sirvo para eso…
Caminó de un lado a otro.
—No sé cómo se hace… —añadió, más bajo.
Ariana la siguió con la mirada, sin saber cómo calmarla.
—Vale, respira, nadie nace sabiendo ser mamá, aprenderás en el proceso...
—No entiendes —la interrumpió, alzando la voz sin querer—. Evan es muy joven… tan solo tiene 23… y yo no puedo hacerle esto.
Se detuvo de golpe.
—No puedo atarlo a mi vida —dijo—. A esto.
Ariana frunció el ceño.
—Él te ama…
—¡Eso no cambia nada! —respondió, girándose hacia ella—. Nada de esto es normal, Ariana.
Su voz temblaba, pero ya no solo por el llanto.
—Nuestro tiempo… no depende de nosotros —continuó—. Depende de cuándo aparezca su padre. De cuándo todo esto explote.
Ariana se quedó en silencio.
—Evan no merece estar atrapado en algo así… —murmuró Valeria—. Y menos por mí.
Se quedó quieta. Su mente no dejaba de girar.
Su padre.
Evan.
El bebé.
Todo mezclado.
Todo al mismo tiempo.
—¿Qué tiene que ver el señor Cameron en esto? —preguntó Ariana, confundida.
Valeria abrió la boca para responder, pero no pudo. La alarma sonó con tanta fuerza que cortó la conversación de golpe y ambas se sobresaltaron.
A diferencia de Ariana, que no entendía qué estaba pasando, Valeria lo supo de inmediato.
Los disparos comenzaron a escucharse. Primero lejanos, luego más claros y más cerca.
Ariana se quedó paralizada.
—¿Qué… está pasando…?
Valeria no respondió de inmediato. Se limpió las lágrimas con rapidez y con rabia, molesta por haber perdido el control.
"Concéntrate", se dijo.
Caminó hacia la ventana y se asomó lo justo para confirmar lo que ya imaginaba.
Había hombres armados por todo el patio.
Eso no era lo extraño. Sus hombres siempre iban armados.
El problema…
Era que no eran los suyos.
—Mierda.
Ariana se acercó rápidamente.
—¿Qué pasa?
—Nos están atacando —respondió Valeria sin apartar la vista.
Cerró la cortina de golpe.
—¡¿Quién mierda se atreve a atacar mi propiedad?! —dijo molesta, mientras su mente ya trabajaba a toda velocidad.
—No hay suficientes hombres… —murmuró—. No van a aguantar, tenemos poco tiempo.
Giró hacia Ariana.
—Escúchame bien.
El cuerpo de la pelirroja se tensó al ver a Valeria así, completamente seria, más de lo normal.
—Vas a hacer exactamente lo que te diga.
Valeria caminó hacia un mueble y activó un panel oculto. Cuando se abrió, Ariana se quedó completamente quieta.
Armas.
Nunca había visto algo así tan cerca.
Valeria tomó una y revisó el cargador con rapidez.
Sus manos ya no temblaban como hace rato, estaban firmes y listas para apretar el gatillo para defender sus vidas.
—¿Sabes disparar? —preguntó sin mirarla.
Ariana negó de inmediato.
—No… yo… no…
Su voz se quebró.
¿Cómo podria saber disparar?.
Jamás creyó en una posibilidad para usar una.
—Nunca he hecho esto…
Valeria tomó otra pistola y se la puso en las manos.
Ariana reaccionó al instante.
—No, Vale, yo no puedo.
—Sí puedes —la cortó—. No tienes opción.
Ariana miró el arma con miedo. Le temblaban y sudaban las manos.
Debia estar soñando, no aceptaba que aquello realmente estuviera ocurriendo.
—No quiero hacer esto…
—Yo tampoco —respondió Valeria—. Pero si no lo haces, no sobrevives.
Ariana tragó saliva.
—Seguro aquí —indicó Valeria, señalando—. No pongas el dedo en el gatillo hasta que sea necesario.
Ariana asintió, intentando concentrarse.
Valeria acomodó sus manos.
—Firme. No la sueltes.
—Me da miedo…
Valeria la miró un instante.
—A mí también—. Confesó aunque no parecía. Su expresión se había vuelto fría, más de lo normal.
Como si todo lo de hace unos minutos no hubiera pasado.
—Te quedas detrás de mí —le ordenó—. No te separas. No corres. No haces nada sin que yo te diga.
—Está bien…
Un disparo sonó más cerca.
Ariana dio un pequeño salto pero Valeria no. Solo giró la cabeza hacia la puerta.
—Vamos al sótano número dos —dijo—. Hay un elevador oculto en mi oficina.
Tomó aire profundamente, luchando por estabilizar el pulso mientras el estruendo de los disparos se aproximaban. En un movimiento automático, su mano rozó su vientre. Fue un contacto fugaz, nacido de un instinto que no sabía que poseía y que se había despertado en el segundo exacto en que comprendió que una vida se estaba gestando en su interior.
#1258 en Novela romántica
#163 en Detective
#155 en Novela negra
amor dolor, romance obscuro celos obsesión traición, manipulación familias mafia muerte
Editado: 27.04.2026