"Nada es tan doloroso para la mente humana como un gran y repentino cambio". — Mary Shelley.
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—Qué manera tan icónica de hacer acto de presencia —soltó Valeria, sosteniendo la mirada de Cameron—. Debo decir que no esperaba que llegara a mi mansión sin que yo supiera de sus movimientos. Ha sido cuidadoso, casi espectacular la forma en que burló mi seguridad.
Cameron ensanchó su sonrisa, una expresión que compartía con Evan pero que en él lucía depredadora.
—Déjame decirte que ha sido difícil, pero no imposible —respondió él—. Al final, soy quien mejor conoce tu red de vigilancia; después de todo, yo ayudé a diseñarla. Solo tardé un poco más de un mes en armar mi recorrido.
Valeria miró de reojo hacia el pasillo. Todos sus hombres habían caído al parecer, pero sintió un alivio amargo al recordar que Evan se había llevado al equipo de élite.
—Me imagino. Pero dígame, ¿a qué se debe su... —hizo una pausa deliberada, señalando los cuerpos en el suelo— sangrienta visita?
—He venido a visitar a mi nuera, es obvio. Pero también he venido por mi hijo.
—Lamento informarle que se irá sin él. No está aquí.
—Lo sé.
Valeria arqueó una ceja, manteniendo el dedo cerca del gatillo.
—¿No era más fácil ir directo por él, entonces? Si sabía que no estaba, ¿para qué todo esto?
—Evan está en un lugar público, querida nuera. Soy un mafioso, pero no un monstruo. No soy como Damiano.
Valeria soltó una carcajada seca.
—Da risa escucharlo decir eso cuando mató a más de uno para huir en el pasado, y acaba de hacer lo mismo ahora.
—¿Qué te puedo decir? Es mejor que mueran los de nuestra calaña a que mueran personas inocentes —Cameron dio un paso al frente, bajando la voz—. ¿No es por eso que metiste a esa chica a tu búnker? No querías que saliera dañada por tu culpa.
Valeria se tensó. El aire se escapó de sus pulmones. ¿Cómo lo sabía? Si Cameron sabía lo de Ariana, ¿qué más sabía?
—Si piensa esperarlo, pierde su tiempo —le dijo con una sonrisa burlona cambiando de tema—. Evan no vendrá.
—Claro. Seguramente ya diste la orden de que no regrese. Pero... —Cameron ladeó la cabeza— ¿crees que eres la única que sabe usar a alguien como carnada?
—No funcionará —siseó Valeria—. Él no es estúpido.
—Oh, funcionará. Porque Evan te ama lo suficiente como para dejar cualquier escondite con tal de no dejarte aquí, a mi merced.
—¿Está dispuesto a que su hijo lo desprecie todavía más? —escupió ella, con la mandíbula tensa ante el retorcido plan de Cameron.
Él acortó la distancia, invadiendo su espacio personal hasta quedar a pocos centímetros de su rostro.
—Querida nuera, que me odie más o que me odie menos, me da igual. Estoy dispuesto a cargar con su desprecio si con eso logro tenerlo donde pueda protegerlo.
—¿Protegerlo? No me hagas reír —replicó Valeria con amargura—. Lo que quieres es usarlo como una pieza más en tu tablero, no cuidarlo.
—¿Y tú, Valeria? —la interrumpió él—. ¿Acaso no lo estabas usando tú también? ¿Con qué derecho me juzgas cuando tus manos están igual de sucias que las mías?
Valeria sintió el golpe directo en el pecho. El aire se le estancó en la garganta y las palabras se desvanecieron. Cameron tenía razón, y esa verdad le quemaba más que cualquier herida. El único motivo por el cual ella había buscado a Evan en primer lugar fue para utilizarlo como un peón en sus propios juegos.
"¿Qué me diferencia de él?", se preguntó, sintiendo el peso de su propia hipocresía.
—Vamos, Celir —insistió él, notando su silencio—. Sé que si algo odias en este mundo, es la hipocresía.
—Es cierto. Usé a Evan —admitió ella, recuperando la voz—. Pero al menos yo no le he destrozado la vida como tú. Tú lo arruinaste, le arrebataste todo y aun así tienes el descaro de decir que quieres protegerlo.
—¡Querida Celir, no hables de lo que no sabes! —estalló Cameron, perdiendo el control. Su grito retumbó en las paredes de la oficina—. Créeme, todo lo que hice tuvo un motivo. El precio de mis acciones fue que mi propio hijo me odiara, y lo acepté; prefería su odio antes que verlo convertido en alguien como yo. ¡Pero gracias a ti, mis sacrificios no sirvieron de nada! Tuviste que arrastrarlo de vuelta a este infierno... ¡¿Por qué mierda tenías que obedecer a tu padre?!
Valeria retrocedió un paso, impactada por la explosión de ira. Al mirar a Cameron a los ojos, sintió un escalofrío recorrerle la espalda. En ese instante comprendió a qué se refería Damiano cuando decía que Evan y su padre eran iguales.
Era la misma mirada. Ese fuego descontrolado que había visto en Evan durante sus ataques de ira, esa oscuridad que parecía arrasar con todo, estaba ahora frente a ella, en el rostro de Cameron. No eran tan distintos. En el fondo, eran reflejos de lo mismo.
Valeria no apartó la vista, pero en otro punto de la mansión, lejos de ese enfrentamiento, la situación avanzaba sin que ella lo supiera.
En el sótano, Ariana sostenía el teléfono de Valeria con manos temblorosas. Se sorprendió al notar una pequeña señal. No lo pensó demasiado y marcó el número de Derek.
—Diga, jefa —respondió la voz al otro lado.
—S-soy Ariana.
Hubo un breve silencio.
—¿Qué pasó? —preguntó, ya poniéndose de pie.
—Atacaron la mansión. Valeria está en peligro. Busca la forma de que Evan no regrese, es una orden suya. Me escondió en el sótano privado, el que está detrás del cuadro en su oficina.
Las palabras salieron rápidas, casi atropelladas. Al terminar, su voz falló un poco por falta de aire.
—Voy para allá.
Ariana apenas pudo responder con un leve sonido antes de colgar.
Sin perder tiempo, Derek hizo otra llamada.
—Diga —respondió Héctor.
—Hubo un ataque en la mansión. No sabemos dónde está la jefa. Mantengan al joven bajo vigilancia, su seguridad es prioridad. Trasladen a él y a sus amigos a la zona privada y preparen al equipo completo por si hay un ataque directo.
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Editado: 27.04.2026