~Ryan Ramos~
No puedo creer que esté haciendo esto ahora. Tener que salir de mi propia comodidad para conversar cara a cara con Margaret debido a una petición que no pienso rechazar de mi tío, una oportunidad que sin dudas ella no rechazará. No habría necesidad de caminar hasta su propio departamento, debe considerar esto como un privilegio dado que no tengo su número de teléfono aún, compensando esta desventaja entre ambos viviendo en el mismo piso.
Espero no tener que encontrarme con nadie en el pasillo que pueda reconocerme y sacarme fotos sin mi conocimiento, como no tengo pensado alejarme más de lo necesario no había pensado cambiar mi vestimenta cuando pretendo solo traerla a mi departamento y conversar más tranquilos sin interrupciones.
—Hasta que finalmente abr-, ¿eh? —reacciono sorprendido, al notar en qué estado abre su puerta, tras estar esperando por algunos minutos. Mientras que yo tengo un atuendo casual, un par de pantalones negros, remera blanca y una chaqueta a cuadros; ella viste shorts y una camiseta lo suficientemente holgada que deja ver que lleva sujetador negro.
¿Es que acaso sabía que iba a venir y pretendía impresionarse? Porque parece que por poco lo logra, a excepción que, en vez de ser por lo que lleva, diferente a como la he visto en cada oportunidad, está parada completamente empapada.
—¿Eh? —reacciona del mismo modo en cuanto nota mi mirada recorriendo su forma de vestir, mojada desde el cabello hasta sus prendas de vestir, tratando de ocultar la perplejidad de su cara. No, resulta no ser el caso, no parece una escena donde ella pretenda tratar de seducirme —. ¿Qué estás haciendo aquí?
En un instante, volvió a su habitual tono indiferente, aunque no puede ocultar su vergüenza por la situación; su clara piel hace destacar lo sonrojada que se ha puesto desde que se dió cuenta de que la estaba observando. Es la primera vez que reacciona de esta manera frente a mí.
—Ejem, s-supongo que no esperabas que apareciera en tu puerta —aclaro mi garganta para mostrar mi sonrisa picara, apoyando mi cuerpo en el marco de la puerta y cruzo mis brazos —. ¿Tanto te sorprendió mi brillante presencia?
—¿Qué quieres? —cuestiona con brusquedad, frunciendo con fuerza sus cejas. Parece que, efectivamente, le desagrada que no sea la persona que esperaba cuando abrió antes de adoptar una actitud avergonzada.
—Estoy aquí porque hay algunos asuntos pendientes que tratar —manifiesto, manteniendo una postura firme para impedir que cierre su apartamento y evite adquirir una actitud evasiva. Esta vez no podrá irse cuando quiera —. Necesito que hablemos ahora mismo porque el tiempo sobrante es algo que no tenemos y dudo que quieras volver a verme en los siguientes días, ¿verdad?
—Ahh. ¿Quieres ingresar? —pregunta luego de suspirar profundamente al entender mi claro posicionamiento y su situación sin salida —. Será raro tener que tener toda la conversación en el pasillo.
—No —digo firmemente. No creo que sea necesario pasar al departamento de una joven donde podamos ser fácilmente interrumpidos, quiero mantener el mínimo cortesía y caberollidad con ella, no quiero estar a solas en su departamento —. Mejor ven al mío.
—Deja que busque mi celular… —dice resignándose al ver que no pretendo retractarme de lo que digo, volviendo sobre sus pasos, dejando a su paso un camino de huellas de agua.
—Espero aquí… —mantengo el mismo lugar a la vez que veo dentro de su departamento —. Mmm.
Realmente, no parece que esté nadie dentro, no veo a nadie asomándose en mi dirección, asique tendré razón.
—Ten —digo, cubriéndola con mi chaqueta mientras caminamos a la par —. Pensar que tomarías tu teléfono en vez de algo para cubrirte, nunca lo tienes a mano, ¿por qué ahora?
—Solo…, por las dudas.
—Recién te bañaste, ¿no?
—No parece eso, en absoluto, pero no lo rechazo —dice, señalando toda su ropa empapada. ¿Qué habrá pasado para que esté en este estado?
—¿En serio? —pregunto sin poder creer que en verdad lo tirara —. Creí que me lo arrojarías.
—No tengo intención en resfriarme —continua desinteresado, aún sin poder recuperar —. Además, cuando te lo entregue, estará toda humeda.
—Es… cierto —suelto, sin negar las consecuencias —. Por cierto, ¿qué te pasó?
—Nada —expresa cortante, evitando hablar sobre sí misma en el camino hacia mi departamento.
Para prevenir ser fotografiados en el momento que conversemos en medio del pasillo, cuando esté saliendo de su departamento o con posibilidades de ser interrumpidos, no tenía planes de quedarme en su espacio. Por lo que pensé en hacer parecer mi propuesta como una muestra de mínima cortesía hacia ella, sin embargo, ahora estamos en una escenario reverso a lo trataba de evitar desde un principio.
—No tenía porqué venir, tú eres quien quería decirme algo —expresa Margaret, sentándose en el sofá de mi sala —. No creí que hablaras tan seriamente solo para tener bocadillos cerca.
—En ese caso, no hubieras accedido —replico, tomando asiento en el mismo sillón, teniendo una pequeña mesa al frente —. ¿Por qué terminaste aceptando?, ¿además de no resistirte?
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Editado: 25.09.2026