Tuya por el punto tres

26.

Por primera vez en una semana, el día resultó ser despejado y cálido. Polina y Antón paseaban por el parque. Él le contaba distintas nimiedades sobre cómo le había ido últimamente e intentaba que ella también se abriera.

Ella trataba de escucharlo con atención, pero una y otra vez sus pensamientos se desviaban hacia otro lugar. Con Antón era cómodo y fácil, pero nada más. No había enamoramiento. Ni piel erizada. Ni ternura ni temblor. Polina era consciente de que estaba mareando al chico en vano y pensaba en cómo sería mejor poner fin a esos encuentros.

—Eh, ¿estás aquí? —preguntó Antón, al darse cuenta de que ella estaba lejos con la mente.
—Sí, perdona.
—¿No quieres contarme qué te pasa?
—¿A qué te refieres?
—Desapareces durante semanas, no puedes quedar. Por teléfono tienes una voz como si te tuvieran encerrada o te estuvieran torturando. Y luego apareces de repente, radiante de felicidad.

Polina se aferró con los dedos a un extremo de su larga bufanda, incómoda.

—¿Estoy radiante de felicidad?
—Ajá. ¿Ha pasado algo bueno?
—Sí, pero no puedo…
—¿Otra vez no puedes contarlo? Solo sé que no sé nada de ti. ¿Por qué sigues hablando conmigo si no quieres contar nada sobre ti?

Antón suspiró y la miró como se mira a un muro contra el que uno ya se ha cansado de golpear, pero al que todavía espera derribar.

—Te he contado muchas cosas.
—Pero ni una sola vez sobre lo que realmente vives, en qué piensas, qué sueñas, qué sientes.

Polina quiso decir que no podía contarle eso, ya había entreabierto la boca, pero de pronto se mordió la lengua. ¿Y si, por una vez, lo contaba? Había decidido tener a Antón como amigo, pero en realidad no le había contado nada. En esencia, lo estaba utilizando para distraerse, cambiar de pensamientos, ser otra a su lado.

—Perdona —dijo en voz baja—. Todo esto ha sido en vano.
—¿En vano te metiste conmigo?
—Más bien tú te metiste en vano conmigo. Y yo no debería haberme comportado así.

Él suspiró y bajó la mirada. Apretó los labios, como si algo le disgustara.

—¿Hablamos con sinceridad? —preguntó y, sin esperar respuesta, continuó—. Me gustaste desde el primer momento y me sigues gustando. Yo quería algo más contigo, no solo pasear por parques y tomar café. Sé que estás casada, pero si aceptaste quedar, decidí que con el tiempo aceptarías algo más profundo. Me parecía que no querías a tu marido si pasabas tiempo conmigo. Que yo tenía una oportunidad. Explícame dónde me equivoqué.

Polina se detuvo y se giró hacia él.

—No te equivocaste tú, fui yo. Pensé que podía ser solo tu amiga.
—Vamos, Polina… ¿De verdad eres tan ingenua o solo quieres parecerlo?
—Me prometiste que no te pasarías, que no…

Se quedó callada a mitad de frase al encontrarse con la mirada de Antón. Todo en su expresión mostraba lo ridícula que era su fe en esas promesas. En verdad, ¿cómo había podido ser tan tonta?, ¿cómo había podido creer en la amistad entre ellos? Los chicos buenos que no quieren nada de una chica salvo mirarla a los ojos solo existen en las series románticas. En esas donde la protagonista es una tonta ciega, el protagonista es sexy pero de carácter difícil, y ese otro chico es un encanto, guapo, pero aun así el tercero sobrante.

—¿Cuándo cumplen los hombres las promesas que les hacen a chicas tan guapas?

Antón lo preguntó sin burla ni reproche; sonó simplemente como una pregunta retórica.

—Algunos sí las cumplen —respondió Polina.

Pensó en Ruslán, comprendiendo aún con mayor claridad el valor de sus promesas.

—Escucha, de verdad perdona que no pueda cumplir tus expectativas —continuó—. Me comporté de manera poco razonable, ingenua. Simplemente no tengo tanta experiencia como para saber en qué palabras se puede confiar y en cuáles no… Me gusta hablar contigo, pero no quiero nada más.

Miró a Antón a los ojos. Él no estaba enfadado; la miraba con calidez, aunque con un poco de tristeza.

—No tienes por qué disculparte. Soy yo quien debería haber pensado… ¿Soy tan idiota que, aun sabiendo toda la situación, sigo queriendo verte?

A Polina se le encogió el corazón. Si seguía viéndose con él, solo le daría falsas esperanzas. Ella lo veía como a un buen amigo y nada más, pero él nunca quiso ser solo un amigo.

—Antón, yo… —empezó, pero las palabras se le quedaron atascadas cuando Antón la agarró del codo y la atrajo bruscamente hacia sí.

Desde la curva del sendero por el que estaban apareció de repente un par de chicos en bicicleta, avanzando a toda velocidad. Uno iba directo hacia Polina y, probablemente, la habría golpeado de no ser por Antón. Los chicos pasaron de largo y ella retiró la mano de golpe, dio un paso atrás.

«Si toca aunque sea con el meñique uno de tus cabellos, se quedará sin dedos», recordó la advertencia de Ruslán.

Genial: antes se apartaba de los hombres por miedo a que le hicieran algo; ahora se apartaba por miedo a que Ruslán les hiciera algo a ellos.

Antón la miró sorprendido.

—Yo no hice nada…
—No, todo está bien. Es solo que…

«Es solo que mi marido te romperá los dedos si se entera de que me has tocado», pensó.

—¿Tu marido te hace daño? —preguntó Antón, interpretando a su manera su gesto involuntario.
—¡No, qué va, al contrario! —Polina se alarmó, preocupada de que no pensara mal, y luego lo intentó de nuevo—. Yo debería…

Pero él la interrumpió de golpe:

—Parece que está refrescando. Cerca han abierto un café nuevo, ¿ya has estado? El café es buenísimo y tienen distintos pasteles…

Antón se lanzó a una charla sin sentido sobre el nuevo café, sin dejar que Polina metiera palabra. A ella le dio pena y no lo interrumpió. Comprendía que era un intento de no dejar que se despidieran. Tal vez fuera mejor ir al café y tomar una última taza juntos.

Pero no estaba destinado a cumplirse.

Se dieron la vuelta para cambiar de ruta, pero Polina no llegó a dar ni un paso cuando se quedó helada. Directamente hacia ellos, por el sendero, venía Ruslán. Antón también se detuvo, miró a la pálida Polina y luego siguió su mirada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.