Twilight frente a la oscura marcha marcial - Pt 02 | Fanfic

Perdidas aquí y allá - Parte I

Antes del final de la bestia, cuando Fluttershy tomó la decisión de pelear e hizo el primer movimiento.

Al mismo tiempo en otro lugar...

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"¿Cuál plan?"

Un estruendo lejano, como una explosión, sacudió el granero. Applejack se encogió, pero Rainbow Dash solo sonrió con desafío: el plan marchaba demasiado bien...

Al menos para ella. Una explicación después, Applejack apretaba los dientes. Tenía algo que decir.

"¡¡¿Ese es el plan?!!" bramó, con el ceño fruncido y una vena palpitando en la frente.

"¡Sí, es un buen plan!" respondió Rainbow Dash, inflada de entusiasmo y sin una pizca de duda. "¡Y ya me toca terminarlo! ¡Nos vemos en la biblioteca!"

"¡¡Rainbow!!" gritó Applejack, pero no fue escuchada. Su amiga, con un potente brinco, había salido disparada del suelo como un misil, perforando el techo del granero de plástico y desapareciendo más allá de la caricaturesca abertura que había dejado a su paso.

Sumida en una profunda negrura y bajo una lluvia de fragmentos que le golpeaban el lomo, Applejack solo pudo observar con impotencia el brillante agujero sobre su cabeza —su única fuente de luz— por donde se había ido su amiga.

"¡Tontaaa! ¡Tontaaa! ¡Túuuu!... ¡Ughhh! ¡Esto va a terminar mal!" Quiso morderse el sombrero en ese momento, pero no lo tenía, así que solo pudo descargar su frustración dando pisotones impulsivos contra el suelo.

Un fragor creciente comenzó a hacer eco en el sombrío interior del granero.

Sobresaltada, Applejack bajó de su nube de frustración y pisó la realidad de inmediato.

"¡Tengo que salir de aquí!" se ordenó a sí misma, mirando a su alrededor en busca de una salida, mientras el temblor del suelo subía por su cuerpo, apremiándola aún más.

Como una respuesta divina, su vista se detuvo justo donde el haz de luz que caía del techo iluminaba la silueta de una forma mecánica estacionada a unos metros delante de ella.

Applejack esbozó una sonrisa. Era justo lo que necesitaba.

"¡Si vas a hacer las cosas a tu manera... yo también haré las cosas a la mía, Rainbow!"

Con un relincho, la poni granjera corrió hacia el aparato y, tras verificar que efectivamente era lo que parecía, giró las llaves que lo encendían.

El rugido de unos potentes motores estalló dentro del granero.

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El mundo a su alrededor cambió con rapidez.

El suelo se alejaba como una fotografía dejada caer a la deriva, mientras el cielo se abría de par en par con su brillo artificial. Pequeños pedazos del techo del granero aún se aferraban, como insectos hambrientos, a su melena arcoíris. Sin embargo, ninguno logró permanecer allí: todos terminaron por desprenderse como cenizas en medio de su veloz ascenso.

Para cuando Rainbow Dash alcanzó el punto más alto de su subida, su melena se encontraba tan radiante e inconfundible como siempre. Quizá incluso más, alimentada por el espíritu de combate que ahora la inundaba.

Sí, estaba cansada, con apenas alimento real dentro de su aerodinámico cuerpo. Sin embargo, esos detalles eran insignificantes frente a la misión que descansaba sobre sus alas.

Y esa misión era una sola.

"¡Es hora de enmendar mis errores!" proclamó, dejando que sus palabras se perdieran en el aire. Eso lo resumía todo.

Pero, en ese momento, no había ningún viento que las arrastrara, así como tampoco una explicación corta para su determinación.

La voz firme y la mirada decidida de la pegaso arcoíris eran la respuesta física a una larga lista de errores: el ataque al tren, Morrigan, los Caballeros del Orden, Twilight, Badwhiz… y todas las decisiones equivocadas que la habían traído hasta allí.

Rainbow Dash tenía una larga lista de fallos que no había logrado quitarse de la cabeza desde que despertaron en aquel mundo… pero que ahora, por fin, podía resolver.

O eso creía.

Un poderoso estruendo avanzaba rápidamente en su dirección, captando su atención de inmediato.

Sonrió con confianza al ver la fuente del ruido. Era justo a quien estaba esperando.

La bestia embestía sin freno hacia ella, lanzando un bramido ensordecedor que hacía vibrar todo el aire en aquel mundo de juguetes.

"¡Ahí estás, bola de pelo!" gritó la pegaso, decidida a enfrentarse a la criatura. Sin decir una palabra más, se lanzó en picada hacia la brutal embestida.

Era un ataque imprudente, muy imprudente, considerando el tamaño de la criatura y lo insignificante que resultaba la pegaso en comparación. Rainbow Dash no tenía oportunidad de detenerla. No obstante, confiaba: su velocidad y agilidad eran toda la ventaja que necesitaba para ejecutar su plan.

¿Y cuál era ese plan?

"¡Sus ojos! ¡La clave está en sus ojos!" Así había concluido la pegaso al pensar en cómo derrotar a la bestia. En realidad, no lo había meditado demasiado. Pero, teniendo en cuenta que los ojos eran el punto más vulnerable de cualquier criatura, apostar por ese objetivo parecía razonable.

Sin embargo, con cada milisegundo de su descenso, Rainbow Dash empezaba a darse cuenta de que su plan… quizá no sería tan sencillo como había imaginado.

La embestida de la criatura era sorprendentemente rápida, acelerada y, sobre todo, violenta. Tanto, que todos los objetos en medio de su trayecto eran impactados y arrojados al aire por su descomunal avance explosivo.

¿Realmente Rainbow Dash podría manejar aquello?

"¡Puedes hacerlo, Rainbow! ¡Puedes hacerlo, Rainbow! ¡Puedes hacerlo, Rainbow!" se repetía en su interior al aproximarse a su objetivo, intentando convencerse. Su seguridad inicial aún se mantenía, pero se evaporaba a una velocidad alarmante.

Mientras su mente dudaba, la adrenalina bombeaba a toda potencia, impulsando cada batir de alas como un reflejo instintivo, ajeno al riesgo.

Si bien mantuvo el ritmo en todo el trayecto, en los pocos milisegundos que le quedaban antes del impacto, su vuelo comenzó a desviarse. Ella no lo había decidido así; su instinto de voladora había tomado el control. Una corrección mínima, casi imperceptible. Por si fallaba.




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