Twins' Trouble

Algo más

En mi relación con Daniel existían muchas lagunas las cuales me interesaba encontrar y resolverlas, sabía que la única forma de lograrlo era conocer lo que le disgustaba, sus ideologías, algún pasatiempo, sus creencias, lo que le apasionaba hacer, entre otras cosas; no obstante era imposible pues, a pesar de llevar años de relación, desconocía gran parte de él como persona. Nunca hallaba momento oportuno para introducir a la conversación dichos temas, ni siquiera tenía idea de cómo formular la pregunta, por ello jamás tuvimos conversaciones existenciales o nos sentábamos a cuestionar cosas simples o a hablar por horas sobre nuestros sentimientos. En algún lado escuché que esas eran cosas clave que debían suceder en un noviazgo. Por más que me esforcé en que él me compartiera un poco de su ser personal, sentía que mis esfuerzos eran fracasos constantes; además, surgieron pensamientos negativos como que yo no fuera de su completa confianza para hacerlo.

Un lunes, aprovechando que tenía una hora libre, fui a buscarlo a su facultad. Tenía la intención de hablarle sobre una película que terminé el fin de semana en la que trataban el tema de tu crecimiento personal conforme al paso del tiempo; esperaba expresarle mi punto de vista, escuchar el suyo o tal vez ver la película juntos con el fin de apreciarla desde otra perspectiva. En su aula él hablaba con una chica a la cual nunca había visto antes; se reían mientras se veían frente a frente: el pelinegro sonreía ampliamente mientras tenía las manos apoyadas sobre el escritorio en donde la mujer estaba sentada de espaldas a mí; se acomodaba cada dos por tres su largo cabello cobrizo detrás de su oreja al mismo tiempo que con su otra mano jugueteaba con un bolígrafo. Giró su cabeza en mi dirección pues el azabache notó mi presencia del otro lado a través de la ventana por la que veía esa ridícula escena únicamente para darme celos (una cosa muy común de él), sonrió ladina y continuó hablando con el alto. De pronto olvidé el motivo de mi visita. Pocas veces Daniel reía así conmigo, la mayoría del tiempo solo nos besábamos, me encantaba, claro, pero al ver esa escena de una chica hermosa y agraciada teniendo una conversación tan interesante al punto de hacerlo posponer nuestro encuentro, me erizó la piel. La mujer se acomodó de nuevo el maldito mechón detrás de la oreja, levantó su mochila del suelo colocándosela en su hombro poniéndose de pie. Daniel la despidió con un beso en la mejilla y una gran sonrisa en el rostro. Ella salió del aula mirándome con una ceja levantada, bajé la mirada sintiendo una presión en el pecho. Tenía una hermosura imponente y entendía si Daniel me dejaba por una mujer cuyos jugosos labios eran para algo más que solo besos y caricias.

—Daniel. —Entré al aula mirando a mi novio con una mueca desanimada, tratando de imaginarme que mi idea no era patética y que le agradaría charlar sobre una película de los noventa— ¿Podemos hablar?

—Claro, claro —aclarándose la garganta, me ofreció asiento en donde anteriormente estaba sentada la chica. Este se sentó en el asiento de al lado cruzándose de brazos esperando a que hiciera lo mismo.

No sin antes darle un corto beso en los labios, me acomodé en el lugar, bajé mi mochila y coloqué mis manos sobre el escritorio.

—Ayer vi una película que me dejó con varios cuestionamientos existenciales, ¿te gustaría que te la cuente?

Apoyando su codo sobre la mesa, llevó su mano debajo de su barbilla y dejó caer su cabeza sobre esta, suspiró mirándome con una expresión más relajada; se encogió de hombros y luego dijo:

—¿Vas a contarla o no?

Con emoción empecé a relatarle la trama tratando de no perder ningún detalle que me hubiera parecido importante; a la mitad noté que sus ojos estaban puestos en su celular que había sacado segundos después de que hubiera iniciado nuestra conversación. Eso me distrajo e hizo que perdiera el hilo de la conversación, me quedé unos segundos en silencio tratando de recordar en qué parte de la película me había quedado, pero Daniel habló antes:

—Muy buena película, preciosa, ¿nos vemos más tarde donde siempre? —Se inclinó pegando sus labios sobre los míos.

Molesta, me separé de él cruzándome ahora yo de brazos mirando con desaprobación comportamiento.

—No terminé de contarla, Daniel. Ni siquiera llegué a la parte que quería.

—Mira, tengo clase en unos minutos, ¿te parece si más tarde terminas de contarme?

—Claro, sería fabuloso.

A pesar de haber afirmado aquella pregunta, dentro de mí había una ligera sensación de rechazo proveniente de su indiferencia. Creía que la película había sido demasiado aburrida para él, o tal vez que haya desvariado tanto en busca de explicar mi punto de vista que le disgustó. Se fue de inmediato, sin darme la oportunidad de preguntarle algo más. <<Aburrida>> me dije. Era obvio que comparando mis intentos de entablar conversación profunda con el rato que pasó con la chica de cabello cobrizo eran patéticos. Debía hallar un momento en el cual él no tuviera punto de comparación, ni distracciones. Fue ahí cuando una gran idea surgió en mi mente: una cita en la que ambos pudiéramos tener una sesión de apertura hacia el contrario. Claro que me daba miedo mostrarme vulnerable, mostrarle mis heridas y cicatrices del pasado, no es algo que le digas a cualquier persona; pero ya habíamos estado juntos por mucho tiempo, por algo deberíamos iniciar aunque fuera lo más pequeño, pero que me diera señales de que le interesaba y le inspiraba confianza.




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