Twisted stories

Capítulo 11

Alcé la mirada al divisar un bello pueblo, con un gran palacio reluciente. Entrando a las tierras de Charmer, el pueblo nos saludaba con emoción, al menos a su rey; al cual acompañaba.

Charmer saludaba a su pueblo con una radiante sonrisa, las chicas gritaban su nombre y suspiraban por él, juro que una se desmayó cuando lo vio. Una niña le regaló flores y él las recibió amistoso, por lo visto se encargaba de hacer feliz a su pueblo.

—Son muy amables —rio saludando a su pueblo.

La gente lo alababa y unos cuantos se arrodillaban.

—Eres... muy querido en el reino —comenté.

—Bueno, hago lo mejor que puedo por ellos —al menos trata bien a su pueblo, sino fuera buen rey, el reino estuviera hundido en la pobreza—. Mi padre me enseñó a liderar, desde su muerte he aprendido más cosas como rey gracias a la servidumbre y al consejo real, y sobre todo la gente de mi pueblo.

—Es lindo escuchar eso.

Charmer bajó su mano, después de agitarla tanto saludando.

—¿Sabes? El espejo que llevas... —mencionó—. Le pertenecía a la reina malvada.

Apreté el espejo.

—Lo sé, me enteré unos minutos antes de huir del castillo de la Bestia.

—El espejo mágico es un objeto muy útil. La reina malvada lo utilizaba para ser bella y hermosa. Se dice que un espíritu está dentro del espejo, uno que responderá las preguntas de la persona que lo posee, ciertamente es un objeto que todos quieren poseer.

—¿Un espíritu?

—Es un rumor, no se sabe con claridad. La reina malvada acaba de fallecer, y se dice que el responsable es la misma Dame roja que nos atacó, ¿tienes algo que ver?

—¿Yo... ? Realmente...

—Oh, está bien. Una doncella no es capaz de cometer un delito atroz como lo que le sucedió a la reina malvada.

—Las doncellas somos capaces de hacer muchas cosas.

Si tú lo dices —dijo con un tono de burla. Charmer tenía un lado machista de ver las cosas, comprendía en dónde estaba, pero tenía que hacerle ver a los hombres que las mujeres éramos capaces de hacer las mismas cosas que ellos lograban hacer—. Bienvenida a "Magicrystal".

Llegamos a la entrada de su palacio, el ambiente era hermoso, los rayos del sol me calentaban a diferencia del frio bosque que me ponía la piel tensa. Charmer detuvo a su caballo, se bajó y me ayudó a bajarme justo cuando una hermosa chica de cabellos dorados cobrizos, arreglados y adornados nos recibió con una sonrisa un poco fingida. Vestía elegante, su vestido despampanante entre tonalidades turquesa y agua, sus ojos azules como el cielo, y su piel blanca cuidada—. Mi amor, me alegra verte.

—Sí, Charmer... —dijo un poco incómoda por mi presencia.

—Te presento a Aira —presentó—. Aira, ella es mi amada esposa, Cenicienta.

¡Realmente era Cenicienta!

¡Ella era tan real! ¡De carne y hueso!

—Mucho gusto, Cenicienta —sonreí.

Ella sonrió insegura, no con muchas ganas de hacerlo. Esperaba que fuera sólo algo de timidez.

—Trátala con mucho cariño y respeto. Se quedará aquí un tiempo, no tiene a dónde ir.

—Eh, la verdad yo... —dije siendo interrumpida.

—Iré a darme un baño, estoy agotado —dijo Charmer sonriendo, retirándose—. Nos vemos más tarde en la cena. Con su permiso.

—Adelante querido —dijo Cenicienta, viéndolo irse.

El silencio era bastante incómodo, más que tenso, ella agachó la mirada sin saber que decir.

Sé lo mal que una persona se puede sentir cuando ve a su pareja con otra persona. A mí no me gustaría que mi pareja llevara a nuestro hogar a una desconocida.

Rompí el hielo para aligerar la tensión.

—Charmer fue muy amable conmigo, me salvó de la Bestia y de la general de los caballeros rojos —conté—. Lamento sí esto no te agrada, estas cosas pueden generar inconvenientes, y quiero que sepas que el rey...

—¡Oh, no te preocupes! La que tiene que lamentarlo soy yo, por la forma en la que te recibí —sonrió más calmada—. Déjame enseñarte el castillo.

Cenicienta me guio por el castillo con amabilidad.

Cada parte del castillo relucía por el brillo del sol como si cada pedazo de arena, piedra y escombro del castillo fuera de puro cristal. Los pasillos y salones iluminados por la luz del sol que entraba gracias a las gigantes ventanas. La sala del trono era magnífico, perfecto para un baile real.

Me mostró una de las alcobas reales en la que me instalaría.

—Estos son tus aposentos. Todo listo para que una doncella se hospede aquí al menos una temporada —abrió uno de los grandes armarios—. Hay muchos vestidos elegantes que usar, zapatillas, prendas... Lo que quieras usar se te es permitido. Puedes darte un baño, por lo visto tuviste alguna caída en el bosque.

Es cierto. El atuendo que pertenecía cargaba que provenía de aquel lúgubre hogar de la Bestia la ensucié de barro por accidente.

—Gracias, Cenicienta, eres muy amable.

—No es nada, me alegra ser de utilidad. Te esperaré en la terraza del castillo para tomar una deliciosa taza de té y bocadillos —dijo retirándose, con una amistosa sonrisa. Gentil, tal cual como en los cuentos, una chica con mucha bondad, muy generosa.

La servidumbre preparó el baño, el agua estaba caliente, a su mejor temperatura, sentí pena por las sirvientas que tuvieron que cargar los baldes de agua hasta el baño de mis aposentos asignados, parecía mucho trabajo, necesitaba más de una sirvienta para la labor.

Tenía mucha espuma el agua, y el jabón pasándolo por mi piel fue ideal para quitar la suciedad de mi cuerpo.

Hubo una sirvienta que no me dejó sola cuando me daba el baño con agua caliente, estuvo presente en todo lo que necesitaba. Aunque yo preferí darme mi baño a solas, no requería de verdad quién me ayudara en el baño o me vistiera, pero lo agradecí.

El baño estuvo muy relajante, jamás, en toda mi vida experimenté una gran relajación, me hizo sentir bien conmigo misma. A mi parecer el baño fue más que satisfactorio. Mi piel se puso suave, irresistible no tocarla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.