Era un día tranquilo con pocas nubes en el cielo en una cabaña de madera, Daren sentía el aroma de la pradera, a leña y una paz tranquila que no solía encontrar entre el bullicio de "Uff fast food Burger".
De repente se asomó por la ventana de la cabaña y a lo lejos observó una hermosa llamita comiendo el pastizal de la pradera, serenamente. Daren curioso por ver al hermoso animal mas de serca, fue hacia la puerta de la cabaña la abrió lentamente y salió dando unos cuantos pasos fuera.
Al instante percató a una distancia muy corta de él, la presencia de otro animal. Era un enorme León, que acechaba lentamente a la llamita desde la distancia. Repentinamente un frío le erizó los vellos de los brazos, pero lo que vio lo dejó helado hasta los huesos.
El cielo, que en la pradera había imaginado tranquilo, estaba ahora dominado por un espectáculo silencioso e hipnotizante. Grandes objetos voladores plateados, con luces suaves y pulsantes, flotaban en un silencio absoluto. No eran aviones ni globos; tenían la forma de platillos y giraban lentamente, como si buscaran algo, o a alguien.
Su mirada descendió de los cielos a la tierra, y allí, el majestuoso León se acercaba cada vez más serca a su presa acechando a una asustada llama de lana blanca que ya se había dado cuenta de su presencia. Justo cuando el león se preparaba para el salto final, una extraña neblina comenzó a elevarse del suelo, densa y brillante. De ella, como si el bosque mismo diera a luz, emergieron dos criaturas.
No eran animales, ni humanos. Eran pequeños y delgados, con la piel verde llevaban unos trajes plateados que parecían brillar con luz propia, tenían los ojos grandes y oscuros que absorbían la poca luz del dia. Sus movimientos eran suaves, casi como si no tocaran el suelo. Eran los marcianos de las películas de ciencia ficción, pero tan reales que el aliento de daren se le atascó en la garganta.
El león, el cazador feroz, que momentos antes había infundido terror en la llama, se detuvo en seco. Sus orejas se inclinaron, sus ojos, antes fijos en su presa, ahora mostraban una sorpresa y un miedo palpables. Con un gemido bajo que apenas rompió el silencio, se dio la vuelta y escapó a la carrera, su figura desapareciendo por un lado de la cabaña como una flecha. La llama, sorprendida se quedó inmóvil por un instante antes de también huir en la dirección opuesta.
Ahora, la atención de los seres verdes no estaba en el león ni en la llama, ni en los objetos voladores. Estaban fijas en Daren y Se movían, lentamente en dirección hacia el, un paso tras otro, sus ojos profundos y sin parpadeo, parecían leer su alma.
Daren sintio una mezcla de terror y una extraña fascinación. No podía moverse, no podía gritar. Sus pies estaban arraigados al suelo húmedo. Los marcianos se acercaban cada vez más y más, y ya no eran sólo dos, ahora había más marcianos que se acercaban a él y sus figuras alargadas proyectando sombras aún más largas. Un metro, medio metro.
......
Y entonces, Daren se despertó.
—Dios mío, sólo fue un sueño —Exclamó, mientras levanta de su cama. La alarma de su celular sonaba estridente, recordándole que eran las 7:00 a.m. y que "Uff fast food Burger" la esperaba.
—hoy me toca abrir el restaurante —mencionó, bostezando y frotándose la cara con ambas manos, se sentó al borde de su cama, sentía que el corazón le latía a mil por hora el olor a bosque húmedo aún persistente en su nariz o eso le parecia.
—¿fue un sueño o fue real? —preguntó así mismo pensativo, y frotándose la cabeza.
El delantal estaba colgado, limpio y planchado, pero Daren se sentía diferente. Algo en su sueño había cambiado. El león había huido, los marcianos se habían acercado. Lo desconocido, lo incomprensible, ya no era solo una fantasía lejana en el cielo; estaba a punto de tocarle la puerta.
daren se paro de su cama y empezó a alistarse lentamente y pensativo para salir a trabajar a "Uff fast food Burger"
Ese día, mientras volteaba hamburguesas y servía patatas fritas, Daren sonrió. Se preguntó qué nuevos "marcianos" se acercarían a su vida, qué nuevas verdades emergerían de la neblina. Y, por primera vez en mucho tiempo, el olor a cebolla frita no le pareció tan aburrido.
de repente se acercó dilon y preguntó — ¿hoy te pasa algo te noto muy raro, muy callado de lo normal?.
—No te preocupes no es nada —Respondió él. dándole la espalda y continuando con sus que haceres en el local.
dilon dirigio la mirada a Sofía y sólo levantó los hombros con algo de incertidumbre.
El mundo de Daren, o al menos su mundo, parecía mucho más grande y misterioso de lo que había creído. mientras daren pensaba en el significado de su sueño, debajo sus pies y en las sombras de los muebles del restaurante dos pequeños ratones regordetes se comían todo lo que caía al suelo ahí ocultos con los ojos grandes y oscuros que absovian la poca luz del dia.