Me desperté en mitad de la noche. No sé que hora era, pero aún no había salido el sol. Calculé que serían sobre las 11. Cuando me despierto a esa hora, me gusta subir a la azotea del edificio. Al llegar, vi a Carlos con una botella de whisky. Cual es extraño verlo, ya que nunca ha bebido. Eso fue algo que siempre aprecié de él; nunca le gusto el alcohol. Iba hacia él cuando me preguntó: "¿Tú tampoco puedes dormir?"
"No es eso. Acabo de despertar, y el frío ayuda... a veces", dije al acercarme. No respondió, y cuando estaba a tres metros de distancia, le pregunté: "¿Por qué bebes? Nunca te he visto beber... ¿Te pasó algo?"
"Edward, cuando caminas por un bosque... ¿qué encuentras?" Guarde silencio. No entendía adónde quería llegar. "Veo árboles, plantas, insectos, etc. ¿Por qué?”
"Así es, es igual que con el whisky. Al final, es lo mismo, el mismo sabor, el mismo alcohol. La diferencia es que uno, mata y el otro trata de protege. Pero eso puede cambiar en cualquier momento." No entendí a qué se refería. Eso no tenía nada que ver con lo que le pregunté, pero supuse que ya estaba borracho, así que no le di más vueltas. Terminó yéndose, despidiéndose con la misma mirada fría.
Al día siguiente le pregunté cuanto había bebido el día anterior. Me miró con expresión de duda, pues decía que no bebía. Insistí en que lo había visto bebiendo el día anterior, pero no me creyó, así que dejamos el tema ahí, aunque se disculpó. Aunque no recordaba lo sucedido. Era un día de trabajo normal, papeleo y más papeleo, la misma historia de siempre. Al volver a casa a las 6:00, después de parar a comprar comida, me pregunté qué habría querido decir ayer: «Uno mata y el otro trata protege, pero eso llegara a cambiar en cualquier momento.». Le di vueltas toda la tarde. Carlos no volvió a casa; quizás tenía una reunión, ya que era viernes. Aun así, el comentario de ayer me mantuvo despierto toda la noche. Busqué unas pastillas para dormir mientras esperaba a que hicieran efecto.
«Así es, es igual que con el whisky. Al final, es lo mismo, el mismo sabor, el mismo alcohol. La diferencia es que uno, mata y el otro trata protege. Pero eso puede cambiar en cualquier momento.» ¿De qué demonios habla? Los 2 matan y pues los dos tratan de proteger, es el círculo de la sobrevivencia... Que tonto. —Conseguí dormir de maravilla; era viernes, así que yo no trabajaba mañana, y Carlos tampoco, pero... aún no había llegado a casa…
Eran las 4 de la mañana cuando me levanté y no miraba aun a Carlos. Me empecé a preocupar ya que sabía que le gustaban las fiestas, pero tampoco para desaparecer. Revise mi celular tenía 11 llamadas perdidas y una ubicación de Carlos a tiempo real. Corrí a la comisaría lo más rápido que pude, no me importo que estuviera en pijama, mi mente en ese momento solo pensó para todos lados donde podría estar. Pensaba que ya podría estar muerto, pensaba que lo había perdido, pensaba que ya no lo volvería a ver. Solo corrí como nunca hubiera corrido, como si el mundo se fuera a caer si no corria. Cuando llegué a la estación más cercana... Ahí estaba, con una manta sentada y durmiendo como si nada infligiera en su mundo. Corrí y lo abracé, lo abracé tan fuerte que casi queda sin aire aun así solo me miro con una sonrisa.
¡¿Dónde demonios estabas?! ¿Por qué me llamaste once veces? ¡¿Qué pasó?! Maldita sea, Carlos, ¿con quién te metiste, idiota? —susurré tan bajo que apenas podía oírme—. Lo siento... casi mueres por mi culpa.
"Oye, cálmate, ¿si? Estoy bien. Solo caminaba con el móvil y me arrastraron a un callejón. Perdón por asustarte. Mi plan era madrugar y llegar a casa primero, pero parece que me canso muy rápido." Me quedé atónito, viéndolo reír mientras me temblaba todo el cuerpo. Casi lo imaginé muerto. Pensé que no tuve que haberme tomado esas pastillas. Si no, quizá habría llegado adonde estaba él…
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Editado: 29.05.2026