Ultima Pintura

"Te Odio" Capítulo 3

-En serio, no tienes idea de cuánto te odio. Sé que no es tu culpa, pero aun así te odio.- dije mientras lloraba en el pecho de Carlos, mientras regresaban mis fuerzas a volver al mundo real.

"Te odio" era una frase que repetía a menudo de niño, dirigida a mi padre. Mi madre se fue cuando yo tenía seis años, aunque le rogué de rodillas mil veces que no se fuera. No dejaba de decirme que tenía los genes del hombre que le había arruinado la vida. Mi madre no era rica, pero antes de conocer a mi padre, tenía una vida estable. Sin embargo, como cualquier borracho, usó sus trucos y empezó una nueva vida. Mi padre vivía con mi madre en su casa, ya que mi padre vivía en un barrio no muy seguro. La vida no era tan buena como esperábamos. Mi padre sí trabajaba; no era vago, pero su sueldo no cubría ni la mitad de lo que mi madre necesitaba para la luz, el agua, el internet y sus demás lujos. Yo tenía seis años, y mi madre estaba empacando todo. Solo podía pensar en que íbamos a viajar. Estaba tan emocionado que incluso traje mis peluches, pero ella los tiró y no lo entendía, así que lloré hasta que me sacó de la habitación.

Cuando mi papá llegaba a casa, era él quien me ayudaba con la escuela y me hablaba, siendo tan amable y paciente como pudo. Pero cuando vio a mi mamá irse y que me gritara: "¡¡¡No me toques!!! ¿No ves que tienes los genes de alguien que destruyó mi vida? Es un maldito borracho que solo jugaba con la gente, y así como jugó conmigo, ¡jugará contigo! ¡Me niego a vivir así, así que aléjate!". Mi padre simplemente se encerró en su habitación ese día. No comí ni bebí agua ese día, pero tampoco lloré por ello; solo sentí rabia hacia ese hombre. Los días siguientes, consiguió tres trabajos para mantenerlo todo a flote. Ya no bebía tanto, pero pedía dinero prestado muy a menudo. Simplemente dejaba mi comida en el comedor, y aunque no quería comerla, sabía que no tenía otra opción. Todos los días le repetía que lo odiaba, aunque él me diera comida, agua, luz y dulces (hoy en día me lamento por haberle dicho esas cosas.) Debido a sus deudas y a que nunca podía pagarlas a tiempo, llegaron a la casa y lo golpearon, pero yo logré correr a toda velocidad, gritando pidiendo ayuda. Pero cuando se enteraron de las deudas de mi padre, simplemente dejaron que le quitaran todo. Y terminé solo... Sin familia, sin hogar, solo en un orfanato con otros niños.

-Auch, eso duele; lo siento, no te preocupes.- Eso dijo Carlos al escuchar como le repetía las mismas palabras que a mi padre “Te odio.”

Quizas ya tengo todo lo que pedí de niño, pero aún me aterra perderlo. Sé que Carlos me abrazaría tan fuerte que olvidaría ese pensamiento, pero aún no sé como decirle cuánto miedo tengo de perderlo, miedo de perder a la única persona que se tomó el tiempo de ser paciente conmigo... igual que mi padre.




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