Ultima Promesa

Capítulo 1: El asiento vacío

La Academia Seishin siempre despertaba antes que la ciudad que la rodeaba. Incluso cuando el cielo aún conservaba los tonos pálidos de la mañana y el aire tenía esa frescura que anunciaba el inicio de un nuevo día, el campus ya comenzaba a llenarse de vida con el sonido de los estudiantes que llegaban en grupos, riendo, conversando o caminando con la prisa habitual de quienes no querían llegar tarde. Desde la entrada principal se podía ver el amplio patio central rodeado por los edificios académicos, cada uno con grandes ventanales que reflejaban la luz temprana del sol como si el lugar mismo respirara con la energía de quienes lo habitaban.

Las voces juveniles se mezclaban en un murmullo constante que subía y bajaba como una marea tranquila. Algunos estudiantes repasaban apuntes apoyados contra los muros, otros intercambiaban bromas o comentarios sobre las tareas pendientes, mientras que unos pocos simplemente observaban el entorno en silencio, disfrutando de esos minutos previos al inicio de las clases. Era un escenario cotidiano, familiar, el tipo de rutina que se repetía día tras día sin que nadie se detuviera realmente a pensar en ello.

A simple vista, nada en la Academia Seishin parecía fuera de lo normal.

Sin embargo, dentro de uno de los salones del segundo año existía una ausencia que no lograba desaparecer con el paso del tiempo.

El aula 2-B se encontraba en el ala este del edificio principal, un lugar donde el pasillo siempre estaba lleno de estudiantes que entraban y salían entre conversaciones animadas. La puerta corrediza del salón estaba abierta, dejando ver el interior iluminado por la luz que entraba desde las ventanas alineadas a un costado del aula. Algunos alumnos ya estaban en sus asientos, acomodando mochilas o revisando cuadernos mientras hablaban de temas triviales que poco tenían que ver con las clases.

Fue en ese momento cuando dos figuras aparecieron al final del pasillo.

Ren Nakamura caminaba con la calma habitual que parecía formar parte de su naturaleza. Su postura relajada y su expresión tranquila contrastaban con la energía que se movía a su lado, donde Miyu Sato avanzaba hablando con entusiasmo, moviendo las manos mientras relataba algo que claramente le parecía importante. Su cabello castaño se movía con cada gesto exagerado, y su tono de voz subía y bajaba según el dramatismo que añadía a la historia.

—Te digo que fue completamente ridículo —decía Miyu con indignación—. ¡¿Cómo alguien puede tropezarse con sus propios pies en medio del escenario?! O sea, entiendo los nervios, pero eso ya es otro nivel.

Ren dejó escapar una pequeña risa.

—Miyu… las escaleras estaban oscuras. Podría pasarle a cualquiera.

—¡A mí no! —respondió ella inmediatamente—. Tengo equilibrio perfecto.

—Eso dices ahora.

Ella lo miró con una mezcla de molestia fingida y diversión antes de darle un ligero golpe en el brazo.

—Eres imposible.

Ren sonrió sin responder. Esa dinámica entre ellos era algo habitual, casi automática después de tantos años de amistad.

Al llegar frente al aula 2-B, Miyu abrió la puerta con naturalidad.

—Buenos días —saludó en voz alta.

Varias miradas se dirigieron hacia ellos. Algunos compañeros respondieron con gestos o palabras mientras la encargada del día, una chica de cabello corto llamada Yuki Tanabe, levantaba la vista desde el escritorio del profesor con una sonrisa amable.

—Buenos días. Llegaron temprano hoy.

—Es que alguien no podía dejar de hablar —comentó Ren con tono ligero.

—¡Oye! —protestó Miyu nuevamente.

El ambiente dentro del aula era cálido, cotidiano, lleno de pequeñas conversaciones que llenaban el espacio de normalidad. Sin embargo, bastaba con avanzar unos pasos más para notar algo que rompía esa sensación de rutina.

En la tercera fila, junto a la ventana, había un asiento vacío.

No era simplemente un lugar desocupado por la ausencia de un estudiante ese día. Era un espacio que llevaba seis meses sin ser ocupado, y aun así nadie se había atrevido a usarlo. El escritorio permanecía limpio, casi demasiado limpio, como si cada mañana alguien se asegurara de que estuviera en perfecto estado aunque no hubiera motivo para hacerlo. La silla estaba alineada con precisión milimétrica, manteniendo una presencia silenciosa que resultaba imposible ignorar para quienes se sentaban cerca.

Miyu dejó de hablar por un instante al verlo. No era la primera vez, y probablemente tampoco sería la última, pero cada mañana ocurría lo mismo: una breve pausa, casi imperceptible, antes de que la vida continuara como siempre.

Ren también lo notó, como siempre lo hacía, aunque su expresión apenas cambió.

Porque quien estaba sentada justo al lado de ese asiento era la persona para quien ese espacio tenía un significado completamente distinto.

Kaede Takahashi ya estaba en su lugar cuando ellos entraron. Su postura era recta, tranquila, con la mirada dirigida hacia la ventana como si observar el cielo fuera suficiente para mantener la mente ocupada. La luz de la mañana iluminaba suavemente su rostro y hacía brillar el collar plateado que descansaba sobre su pecho, un pequeño objeto que parecía insignificante para cualquiera que no conociera su historia.

Pero ese collar no estaba solo.

Era la mitad de un conjunto.

La otra mitad… pertenecía al dueño de ese asiento vacío.

Al escuchar la puerta, Kaede giró la cabeza y sonrió con calidez.

—Buenos días.

—Buenos días, Kaede —respondió Miyu acercándose de inmediato—. Llegaste antes que nosotros otra vez.

—Me desperté temprano —dijo ella con naturalidad.

Ren tomó su asiento frente a ellas mientras Miyu se acomodaba a su lado. Ninguno mencionó el espacio vacío junto a la ventana. No hacía falta. Era una presencia constante que se había vuelto parte del entorno, como un silencio que nadie sabía cómo romper.



#1598 en Otros
#72 en Aventura
#625 en Thriller
#259 en Misterio

En el texto hay: escolar, ficcion, ficcion aventura romance

Editado: 13.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.