Ultima Promesa

Capítulo 3: La despedida que llego tarde

El silencio que siguió a aquella palabra fue absoluto.

—…Kaede…?

El nombre había salido de los labios de la chica con una naturalidad que no dejaba espacio para dudas. No había titubeo real, solo una ligera vacilación como si confirmara un recuerdo que ya existía en su mente. Pero eso era suficiente.

Para todos en la habitación, aquella única palabra tenía un significado enorme.

Miyu fue la primera en reaccionar, llevándose una mano a la boca.

—¿…Qué…?

Ren sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

La teoría que había planteado hacía apenas unos minutos, algo que incluso él mismo había considerado improbable, acababa de ganar un peso inesperado.

La profesora Shindo abrió los ojos con sorpresa genuina.

Incluso la directora Kurose, que hasta ese momento había mantenido una postura analítica, mostró una leve tensión en su expresión.

Pero nadie estaba tan impactado como Kaede.

El mundo pareció reducirse a ese instante.

A esos ojos mirándola.

A su nombre pronunciado por una voz desconocida… que no debería conocerlo.

El corazón le latía con tanta fuerza que casi le dolía.

—…¿Cómo…? —susurró apenas.

La chica intentó incorporarse.

Su cuerpo reaccionó con lentitud, todavía pesado por el agotamiento, pero su intención era clara. La enfermera Mizuno se acercó de inmediato, apoyando una mano en su hombro.

—No te levantes todavía —dijo con firmeza—. Necesitas reposo.

La respuesta llegó sin agresividad, pero con una determinación absoluta.

—No.

La enfermera parpadeó, sorprendida por el tono.

—Necesito… hablar —continuó la chica con voz baja pero firme—. No puedo hacerlo acostada.

Había algo en su manera de expresarse que no era normal para una adolescente. No era desafío ni rebeldía; era convicción. Una prioridad interna que parecía más importante que el propio estado físico.

La enfermera dudó un segundo.

La directora intervino.

—Déjala sentarse —dijo con calma.

Con algo de ayuda, la chica se incorporó hasta quedar sentada en la camilla. Su espalda se enderezó casi de inmediato, los hombros alineados de forma natural, como si aquella postura fuera automática para ella. No parecía alguien que simplemente se hubiera sentado; parecía alguien que adoptaba una posición preparada, alerta, disciplinada.

Una postura de soldado.

Ren lo notó primero.

Luego Miyu.

Luego todos.

Incluso sentada, había una sensación de firmeza en su presencia, una tensión controlada en cada músculo como si estuviera lista para reaccionar ante cualquier amenaza. No había movimientos innecesarios. No había inseguridad visible. Solo concentración.

Sus ojos volvieron a posarse en Kaede.

Durante unos segundos la observó en silencio, como si buscara las palabras correctas en algún lugar que no terminaba de encontrar. La seriedad de su expresión no transmitía frialdad, sino peso emocional contenido, algo que luchaba por salir pero que no sabía cómo hacerlo.

Kaede sintió un nudo en el pecho.

La pregunta que llevaba meses enterrada dentro de ella, la que había evitado formular incluso en sus propios pensamientos, emergió sin que pudiera detenerla.

Su mirada descendió al collar que descansaba sobre el pecho de la chica.

El metal brillante.

El diseño que conocía de memoria.

La otra mitad del suyo.

Levantó los ojos nuevamente.

Su voz salió temblorosa.

—…Ese collar…

Hizo una pausa breve, reuniendo fuerzas.

—¿De dónde lo sacaste?

El aire en la enfermería pareció volverse más pesado.

Porque todos sabían que la respuesta…

podía cambiarlo todo.

La pregunta de Kaede quedó suspendida en el aire.

Durante un instante nadie respiró.

La chica bajó la mirada lentamente hacia el objeto que colgaba de su cuello, como si recién en ese momento recordara que estaba allí. Sus dedos se movieron casi por reflejo, sujetando el pequeño colgante entre el pulgar y el índice. El gesto fue automático, natural, repetido muchas veces antes.

Lo sostuvo frente a sus ojos.

Su expresión cambió apenas.

No fue una sonrisa.

No fue tristeza evidente.

Fue algo más profundo.

Nostalgia.

—…Esto… —murmuró con voz baja.

Sus dedos recorrieron la superficie del metal con cuidado, como si temiera dañarlo.

—No me pertenece.

Las palabras sorprendieron a todos.

Levantó la mirada nuevamente hacia Kaede.

—Me lo dio alguien importante para mí… —continuó—. En el lugar de donde vengo.

La habitación permanecía en silencio absoluto.

—Fue un regalo —añadió—. Después de… mucho tiempo luchando juntos.

Las palabras cayeron como piedras.

Porque, con esa simple explicación, la teoría que había nacido unos minutos antes comenzó a derrumbarse.

No era Haru.

No podía serlo.

Kaede sintió que algo dentro de su pecho se tensaba.

—Entonces… —su voz tembló ligeramente— ¿él…?

La pregunta salió sola.

—¿Está bien…?

Sus ojos se llenaron de una esperanza frágil.

—¿Está en ese mundo…? ¿Va a volver…?

La chica la observó en silencio.

En su mirada no había duda.

Sabía que esa pregunta llegaría.

Sabía que ese momento era inevitable.

Y también sabía…

que retrasar la verdad solo haría el golpe más doloroso.

Por eso no dudó.

—No.

La palabra cayó con una firmeza tranquila.

—No va a volver.

Kaede parpadeó.

—¿…Qué…?

—No puede hacerlo.

La confusión comenzó a reflejarse en su rostro.

—¿Por qué…?

La chica sostuvo su mirada.

Su voz no cambió.

No hubo rodeos.

No hubo suavización.

Solo verdad.

—Porque ya no está.

El silencio se volvió pesado.

—No está en tu mundo… —continuó—. Ni en el mío.

Miyu llevó una mano a su boca.

Ren sintió el estómago encogerse.



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En el texto hay: escolar, ficcion, ficcion aventura romance

Editado: 03.08.2026

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