Las manos de Kaede temblaban.
El sobre parecía más pesado de lo que debería ser, como si dentro no hubiera solo papel, sino algo mucho más importante. Durante unos segundos no pudo abrirlo. Solo lo sostuvo entre los dedos, observando la escritura en el frente una y otra vez.
Era su letra.
No había duda.
Ren y Miyu permanecían a su lado en silencio, sin presionarla. La enfermería estaba completamente en calma ahora. Incluso la directora y la enfermera entendían que aquel momento pertenecía únicamente a ellos.
Kaede respiró hondo.
Con cuidado, abrió el sobre.
El sonido del papel rompiéndose fue suave, pero en ese instante pareció llenar toda la habitación. Sacó la hoja doblada del interior y la desplegó lentamente, intentando controlar la emoción que amenazaba con desbordarse otra vez.
Sus ojos recorrieron las primeras líneas.
Y la voz de Haru volvió al mundo.
Kaede.
Si estás leyendo esta carta… entonces significa que no pude cumplir mi promesa.
Lo siento.
De verdad lo siento.
Sé que me estarías esperando. Y créeme… no hay nada que haya querido más que regresar. Volver a casa, volver a verte, volver a escuchar tus regaños cuando decía algo estúpido… volver a todo lo que era normal.
Pero no pude.
No porque no quisiera.
Sino porque no había forma de hacerlo.
Ese día… cuando desaparecí… no fue como en las historias que veía. No hubo luces épicas ni música de fondo. Solo… oscuridad. Y después, un lugar que no conocía, rodeado de gente que tampoco entendía qué estaba pasando.
Me dijeron que había sido invocado.
Sí, suena exactamente como esos animes que tanto me gustaban. Si estuviera contándolo en persona probablemente me estaría riendo ahora mismo. Pero en ese momento… tenía miedo.
Mucho miedo.
Me explicaron que su mundo estaba en peligro. Que había algo que lo destruía todo… ciudades, personas, incluso países completos. Lo llamaban el Vacío. Y que yo había sido elegido para ayudar.
También me dieron una opción.
Podía intentar volver.
O podía quedarme y ayudar.
No fue una decisión fácil.
Porque quería volver contigo.
Quería volver con ustedes.
Pero… había gente ahí que estaba muriendo. Personas normales. Niños. Familias. Gente que tenía miedo igual que yo. Y cuando vi eso… no pude darme la vuelta.
No podía regresar sabiendo que podía hacer algo y no hacerlo.
Así que me quedé.
No sé si fue la decisión correcta… pero fue la que tomé.
Al principio fue horrible. No entendía nada. Casi muero varias veces. Si no fuera por las personas que conocí… probablemente no habría durado ni una semana.
Hice amigos.
Aliados.
Compañeros.
Conocí lugares increíbles, especies que jamás imaginé… ciudades enormes… criaturas que parecían sacadas de videojuegos. Ren, te habría encantado. Había chicas gato de verdad. Con orejas y cola y todo. Estoy seguro de que habrías perdido la cabeza ahí.
Miyu… la comida era increíble. Había cosas que ni sé cómo describir, pero sé que habrías comido hasta no poder moverte con lo glotona que eres.
Y Kaede…
Siempre pensé en ti.
En ustedes.
Incluso en los momentos más difíciles… cuando tenía miedo… cuando pensaba que no iba a sobrevivir… recordar que existían, que tenía un lugar al que quería volver… era lo que me mantenía en pie.
No fui un héroe perfecto.
Cometí errores.
Me equivoqué muchas veces.
Pero hice todo lo que pude.
Hasta el final.
Sé que debes estar sufriendo al leer esto. Y lo siento. Ojalá pudiera decirte que todo salió bien y que voy a aparecer mañana frente a tu casa como si nada… pero no puedo mentirte.
Solo quiero pedirte algo.
No me recuerdes por cómo terminé.
Recuérdame por cómo era.
Por las tonterías que decía.
Por las veces que te hice enojar.
Por los momentos que compartimos.
Porque… incluso en otro mundo… incluso en medio de una guerra… nunca dejé de ser yo.
Y nunca dejé de pensar en ti.
Me habría gustado verte una última vez.
Decirte gracias.
Por estar conmigo desde siempre.
Las palabras comenzaron a volverse borrosas por las lágrimas que llenaban los ojos de Kaede.
Pero aún quedaba más.
El silencio que siguió a la lectura no fue inmediato.
Primero fue el sonido suave del papel temblando entre las manos de Kaede.
Luego un sollozo contenido.
Después… nada.
La habitación parecía suspendida en el tiempo, como si todos necesitaran unos segundos para aceptar que aquella voz que acababan de escuchar… no volvería a hablar.