Ultima Promesa

Capítulo 5: Antes de decir la verdad

La furgoneta avanzaba por las calles con un ritmo constante.

El sonido del motor era suave, casi monótono, pero dentro del vehículo nadie lo percibía realmente. Cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos, procesando lo ocurrido en las últimas horas, como si todo aún no terminara de asentarse en la realidad.

En el asiento del conductor iba la directora Kurose, concentrada en el camino. A su lado, en el asiento de copiloto, la enfermera Mizuno mantenía la mirada al frente, aunque cada cierto tiempo giraba discretamente hacia atrás, observando a Lilia con una mezcla de preocupación y curiosidad.

En los asientos traseros estaban ellos.

Shindo-sensei.

Ren.

Miyu.

Kaede.

Y Lilia.

A diferencia de cuando apareció en el aula, Lilia ya no llevaba su armadura.

La enfermera Mizuno le había proporcionado un uniforme escolar de repuesto antes de salir, algo sencillo pero suficiente para pasar desapercibida… al menos en teoría.

Vestía la falda oscura de la academia, que caía hasta un poco más arriba de las rodillas, combinada con una camisa blanca ajustada y un blazer ligero que aún no parecía del todo suyo. La tela, limpia y ordenada, contrastaba demasiado con las marcas invisibles de alguien acostumbrada al combate constante.

El uniforme le quedaba bien.

Demasiado bien.

Pero no encajaba con ella.

Su postura seguía siendo recta, firme, como si aún llevara el peso de una armadura invisible sobre los hombros. Cada movimiento era preciso, medido, sin la naturalidad de alguien acostumbrado a ese tipo de ropa. Incluso sentada, parecía lista para levantarse en cualquier momento.

Como si ese mundo aún no fuera suyo.

Kaede permanecía a su lado, sosteniendo la carta contra sus piernas, como si fuera lo único que la mantenía conectada con algo que ya no podía alcanzar.

Pero Lilia…

Lilia miraba por la ventana.

Sus ojos recorrían el mundo exterior con una atención constante, casi analítica. Las luces de los semáforos, los edificios alineados, las personas caminando con normalidad, los autos que pasaban junto a ellos… todo era distinto.

Demasiado distinto.

No había tensión en el aire.

No había peligro inmediato.

No había necesidad de evaluar amenazas en cada esquina.

Había… paz.

Y eso era algo que no reconocía.

Su postura seguía siendo recta, controlada, como si en cualquier momento tuviera que reaccionar. Pero, de vez en cuando, su mirada se desviaba apenas, deteniéndose un segundo más de lo necesario en algún detalle: un grupo de estudiantes riendo en la vereda, una pareja cruzando la calle, un local iluminado lleno de gente.

Cosas simples.

Cosas normales.

Cosas que, para ella…

eran nuevas.

Fue Kaede quien rompió el silencio.

—…Lilia…

Su voz fue baja.

La chica giró ligeramente la cabeza hacia ella.

—¿Sí?

Kaede dudó un segundo.

—Cuando… —tragó saliva—. Cuando conociste a Haru…

Sus dedos se cerraron un poco más sobre la carta.

—¿Cómo era?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Ren levantó ligeramente la mirada.

Miyu también.

Porque, en el fondo…

todos querían saber.

Lilia no dudó.

—Era un idiota molesto.

El silencio duró exactamente medio segundo.

Miyu soltó un pequeño resoplido, girando la cara hacia la ventana para ocultar la sonrisa que no pudo evitar.

—Sí… —murmuró—. Ese suena como él…

Ren bajó la cabeza, dejando escapar una leve exhalación que también se parecía demasiado a una risa contenida.

Pero Lilia no había terminado.

—Siempre se entrometía en cosas que no le correspondían —continuó—. Intervenía sin analizar la situación. No seguía estrategias eficientes. Su toma de decisiones era… deficiente.

Miyu no pudo evitar soltar una risa corta.

—Oye… eso ya es ataque personal…

Ren negó con la cabeza.

—No… es bastante preciso…

—Por su culpa —añadió Lilia con total naturalidad— el grupo se veía involucrado en conflictos innecesarios con frecuencia.

Eso provocó otra pequeña reacción.

No eran carcajadas.

Pero sí algo distinto.

Algo más ligero.

Como si, por un momento…

el peso en el pecho disminuyera.

Como si Haru estuviera ahí.

Siendo él mismo.

Pero Lilia no sonreía.

Su mirada volvió a la ventana.

Las luces pasaban reflejándose en sus ojos mientras su mente parecía trabajar en silencio, organizando recuerdos que no terminaban de encajar con la lógica que conocía.

—Aun así… —continuó.

Su voz bajó apenas.

—Era un idiota…

Hizo una pausa.

—…al que te daban ganas de seguir.

El ambiente dentro de la furgoneta cambió.

No fue inmediato.

Pero se sintió.

Porque esa frase…

no era una crítica.

Era reconocimiento.

Ren levantó la mirada lentamente.

Miyu dejó de moverse.

Kaede sintió el corazón apretarse.

Porque esa era la forma más simple…

y más honesta…

de describir a Haru.

El silencio que dejó la última frase de Lilia no fue incómodo.

Fue… reflexivo.

Como si todos estuvieran reorganizando la imagen que tenían de Haru con esa nueva perspectiva. No como el chico torpe que conocían, sino como alguien que, incluso en otro mundo, seguía siendo exactamente igual.

Ren fue el primero en volver a hablar.

—Entonces… —dijo con cautela—. Tú estuviste con él desde el principio… ¿no?

La pregunta parecía simple.

Pero no lo era.

Lilia no respondió de inmediato.

Su mirada seguía fija en el exterior, donde las luces de la ciudad pasaban una tras otra reflejándose en el vidrio. Durante unos segundos, su expresión no cambió, pero su silencio era distinto al de antes.

Era más pesado.

Más… preciso.

Como si estuviera seleccionando exactamente qué decir.

Finalmente habló.



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En el texto hay: escolar, ficcion, ficcion aventura romance

Editado: 03.08.2026

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