Ultima Promesa

Capitulo 9: guerra entre reinas

La solución llegó más rápido de lo que esperaban.

Y también… trajo un problema distinto.

Aiko apareció con varias prendas en brazos, dejándolas sobre la mesa.

—Esto debería servirte mejor —dijo—. Somos casi de la misma talla.

Lilia observó la ropa unos segundos, evaluándola como si fuera equipo.

Luego asintió.

Minutos después…

Lilia salió ya cambiada.

La ropa le quedaba.

Perfectamente.

Demasiado.

El conjunto deportivo se ajustaba a su cuerpo con precisión, marcando cada línea sin ningún tipo de intención… pero con un resultado imposible de ignorar.

Y aun así…

Lilia simplemente estaba de pie.

Tranquila.

Seria.

Como si nada fuera extraño.

—¿…Qué ocurre? —preguntó al notar el silencio.

Ren giró la cabeza de inmediato.

—Nada.

Miyu se cubrió la boca.

—Nada nada.

Kaede cerró los ojos un segundo.

—Todo mal…

Lilia bajó la mirada hacia su ropa.

Movió un brazo.

Luego el otro.

Giró ligeramente el torso.

—Es más flexible —comentó—. Pero sigue siendo inferior a mi armadura.

Miyu soltó una risa.

—¡No puedes ir con armadura por la calle!

Lilia la miró.

—¿Por qué no?

Ren intervino.

—Porque aquí la gente no pelea todo el tiempo.

—Eso reduce la probabilidad de supervivencia.

Kaede negó.

—No. Eso significa que no necesitas sobrevivir constantemente.

Lilia guardó silencio.

Esa idea…

no terminaba de encajar.

Miyu dio una palmada.

—Bueno, teoría después. Vamos a comprar ropa antes de que Aiko se arrepienta de prestarte eso.

Lilia asintió.

—Entendido.

El centro comercial era… demasiado.

Lilia lo notó desde el primer instante en que cruzaron las puertas automáticas. El aire cambió, la luz era cegadora, los sonidos se superponían y la gente fluía como marea viva. Sus ojos no paraban, registrando cada movimiento, calculando distancias, buscando cobertura. Todo en ese lugar gritaba caos organizado.

—Se siente… extraño —murmuró finalmente.

Miyu caminaba a su lado, casi rebosando energía, con una sonrisa brillante.

—¡Es normal! Es mucha información de golpe.

—No —la corrigió Lilia, firme—. No es normal. Es diferente. Ineficiente.

Ren soltó una risita seca, con las manos en los bolsillos, observándolo todo con calma analítica.

—Bueno… sí, para ti todo va a parecer raro. Estás acostumbrada a ver el mundo en términos de supervivencia.

Kaede iba un poco más adelante, mirando las vitrinas con su habitual tranquilidad. Habló sin girarse, con voz plana:

—Acostúmbrate. Esto es lo más “normal” que vas a encontrar en esta ciudad.

Lilia guardó silencio, pero su mirada seguía escaneando el perímetro.

—Demasiadas personas… demasiados puntos ciegos —susurró, casi para sí misma.

Ren se tapó la cara con una mano, exagerando un poco.

—Ahí vamos otra vez… Modo batalla activado.

Miyu se echó a reír, dándole un pequeño empujón a Lilia en el hombro.

—¡Relájate! Aquí lo más peligroso que te puede pasar es que se te vacíe la cartera.

Lilia parpadeó, no terminaba de comprender el concepto de "peligro" en ese contexto, pero decidió no cuestionarlo por ahora.

Kaede se detuvo en seco frente a un local.

—Aquí.

Entraron. El cambio fue abrupto: estantes, percheros, colores vibrantes y telas de todo tipo. Lilia se quedó plantada en medio del pasillo, analizando el entorno como si fuera un nuevo campo de batalla.

—¿…Todo esto es armadura? —preguntó con total seriedad.

Silencio absoluto.

Ren giró la cabeza lentamente, conteniendo la risa. Miyu se llevó ambas manos a la boca para no gritar, y Kaede cerró los ojos, tomando aire con paciencia infinita.

—No… —respondió Kaede, con calma—. Esto es ropa.

—No parece resistente. Ni funcional —sentenció Lilia.

—No está hecha para pelear.

—Entonces su utilidad es limitada.

—Su utilidad es… vivir. Vestirte. Sentirte bien.

Hubo una pequeña pausa. Lilia asintió despacio.

—Entiendo.

No entendía nada. Pero aceptaba la lógica ajena.

Kaede empezó a hojear algunas prendas, evaluando estilos.

—Esto, esto y aquello podrían funcionar…

Miyu se sumó al instante, llena de ilusión.

—¡Sí! Algo más suave, algo que te haga ver como una chica normal… ¡Vas a estar preciosa!

Ren se quedó atrás, cruzado de brazos.

—Yo solo intervengo si hay que tomar decisiones lógicas… o si se ponen muy cursis.

De pronto, Kaede se detuvo. El silencio la invadió.

—…Espera un momento.

Miyu la miró.

—¿Qué pasa?

Kaede se giró lentamente hacia Lilia, luego miró la ropa, y volvió a mirar a Lilia.

—No tenemos tus medidas.

Silencio.

Miyu abrió los ojos como platos.

—…¡Es verdad! ¡Se nos olvidó lo básico!

Ren arqueó una ceja.

—Obviamente. Ella no usa tallas de este mundo.

Lilia inclinó la cabeza, confundida.

—¿Medidas?

—Sí —dijo Kaede, suspirando—. Necesitamos saber qué número eres para que te quede bien.

—No lo sé.

—Claro que no…

Miyu se cruzó de brazos, poniéndose su cara más decidida.

—Bueno, solución fácil y rápida. —Señaló los probadores—. Hay que medirla.

—Voy yo —dijo Kaede, asumiendo la responsabilidad con total naturalidad.

—Entendido —respondió Lilia, como si fuera a recibir un briefing de misión.

Minutos después…

Lilia y Kaede estaban dentro del vestidor.

Mientras tanto, afuera…

Ren y Miyu esperaban, sentados, en silencio.

Durante exactamente diez segundos.

—¿Cuánto crees que tarde? —preguntó Miyu, moviendo la pierna sin parar, impaciente.

—No lo sé —respondió Ren—. Es la primera vez que mide a alguien que viene de otro mundo…

Miyu soltó una risa nerviosa.

—Eso suena tan absurdo que ya ni me sorprende…



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En el texto hay: escolar, ficcion, ficcion aventura romance

Editado: 03.08.2026

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