Ultima Promesa

Capitulo 14: intento de adaptación

La campana que anunciaba el final de la primera clase resonó con fuerza por todo el edificio, rompiendo la concentración de todos.

Y durante unos pocos segundos...hubo paz. Un silencio breve y aliviado.

La profesora Shido terminó de guardar sus materiales en su maletín con calma, revisando que no se le olvidara nada. Los alumnos comenzaron a moverse: algunos estiraban los brazos hacia el techo deshaciéndose del cansancio, otros se agrupaban en pequeños círculos para comentar la lección o planear qué harían en el recreo.

Y al fondo, apartada de todo ese movimiento, Lilia simplemente cerró su cuaderno. Lo hizo con la misma precisión quirúrgica y orden impecable que había mantenido durante toda la hora. Sus notas estaban perfectas, sus movimientos medidos, y para ella, todo parecía haber transcurrido como un día normal en cualquier lugar del mundo.

Por un instante, todo parecía un descanso escolar habitual.

Parecía.

Porque al segundo siguiente, el aire cambió. Se llenó de energía contenida, de murmullos rápidos y de miradas que se cruzaron entre sí con una sola idea en mente.

—¡¡AHORA!! —gritó alguien desde en medio del salón.

—¡¡ES EL MOMENTO, PREGÚNTENLE!! —respondió otro.

—¡¡RÁPIDO ANTES DE QUE SE VAYA O LA PROFE REGRESE!!

—¡¡YO LLEGO PRIMERO!!—¡¡QUÍTATE, QUE YO ESTABA MÁS CERCA!!

—¡¡NO EMPUJEN, IDIOTAS, ¡¡NOS VAMOS A CAER TODOS!!

—¡¡USTEDES SON LOS QUE EMPUJAN!!

De repente, como si alguien hubiera dado la orden de carga, una estampida humana se lanzó directamente hacia la parte trasera del aula. El objetivo era único, claro y brillante: Lilia.

Ren, que estaba recostado en su silla estirando las piernas y pensando en lo tranquilo que sería el día ahora que ya había pasado lo peor, apenas alcanzó a girar la cabeza al escuchar el alboroto.

—¿Eh? ¿Qué pasa aho...?

Fue lo único que logró articular.

Porque una ola de cuerpos, brazos, mochilas y zapatos pasó literalmente por encima, por los lados y por delante de él.

No fue un empujón cualquiera. Fue una avalancha completa.

—¡¡AAAAAAAH, TENGAN CUIDADO!! —fue lo último que se escuchó de su voz antes de desaparecer bajo la masa de estudiantes.

Su silla salió disparada hacia un lado con un chirrido metálico desesperado. Su cuerpo fue arrastrado por la inercia del grupo, elevado unos centímetros del suelo por la presión de tanta gente junta, y lanzado con fuerza hacia la pared más cercana.

Un sonido sordo y profundo retumbó en el lugar.

Y un segundo después, Ren apareció pegado contra la pared del salón, plano, inmóvil, con los brazos y las piernas colgando como si fuera una decoración extra clavada al muro.

Sus lentes estaban torcidos hasta quedar casi al revés, colgando de una sola oreja. Su cabello, siempre peinado y ordenado, parecía haber pasado por un huracán. Y su dignidad... bueno, su dignidad había desaparecido en el momento exacto en que lo pisaron por tercera vez.

Miyu observó toda la trayectoria con la boca entreabierta.

Luego miró a Ren, estampado en la pared.

Luego volvió a mirarlo, detallando cada ángulo de su nueva postura.

Sacó una regla de plástico de su estuche, se acercó caminando tranquilamente y empezó a darle pequeños golpecitos en la cabeza, como si estuviera probando si era una estatua o una persona real.

—¿Sigues vivo por allá arriba? —preguntó con total seriedad.

Silencio absoluto.

—Ren...

—...

—Ren, contesta o te dejo ahí para siempre.

—...De pronto, una mano cayó pesadamente desde la pared, moviéndose apenas.

—Creo... creo que vi la luz al final del túnel... y no era muy bonita... —murmuró con voz apagada.

—Perfecto, entonces sigues vivo. Menos mal, ya me estaba preocupando por quién me iba a contar chismes —dijo ella guardándose la regla satisfecha.

Ren seguía boca abajo, o mejor dicho, pegado de espaldas contra la superficie blanca, deslizándose muy lentamente hacia el suelo.

—Fui derrotado... —susurró con desolación— ...por una horda de estudiantes de secundaria ansiosos por hablar... No esperaba morir de esta forma tan patética...

Miyu asintió con fingida compasión.

—Qué tragedia mundial, de verdad. Lloraría, pero me da mucha risa.

Mientras tanto, en el centro exacto de la tormenta humana, la situación era caótica al máximo.

Kaede intentaba desesperadamente mantener algo parecido al orden, poniéndose delante de Lilia y abriendo los brazos como un escudo humano.

—¡¡UNO POR UNO, POR FAVOR!! —gritaba sin que nadie la escuchara

—. ¡¡NO EMPUJEN O SE VAN A CAER ENCIMA DE ELLA!!

—¡¡TODOS TENDRÁN OPORTUNIDAD DE HABLAR, SE LOS PROMETO!!

—¡¡Y POR FAVOR, NO LE RESPIREN EN LA CARA, ¡¡QUE LA VAN A ASFIXIAR!!

Pero nadie hacía caso. La curiosidad y la emoción eran más fuertes que cualquier regla de convivencia. Todos estaban concentrados únicamente en Lilia, quien, en medio de aquel mar de cabezas, seguía de pie, erguida, tranquila y sin perder el equilibrio ni un milímetro, como una roca en medio de una tormenta.

Las preguntas llovían desde todas direcciones, mezclándose unas con otras en un ruido ensordecedor:

—¿De verdad vienes del extranjero? ¿De qué país? ¡Se te nota mucho!

—¿Hablas varios idiomas? ¿Cuáles? ¡Suenas muy educada!

—¿Tienes novio o alguien especial allá? ¡Seguro que sí!

—¿Qué tipo de comida te gusta más? ¿Comes de todo?

—¿Cuántos años tienes? ¿Naciste el mismo año que nosotros?

—¿Por qué eres tan alta y tan... así? ¡Eres perfecta!

—¿Tu cabello es natural? ¡Es de un color que nunca he visto!

—¿Tu familia es muy rica o importante? ¡Seguro que sí!

—¿Practicas algún deporte? ¿Eres modelo? ¿Actriz? ¿Influencer? ¡Tienes pinta de todo eso!

Lilia parpadeó una sola vez, procesando toda esa información al mismo ritmo que si le hubieran hecho una sola pregunta sencilla. Luego, con absoluta calma y seriedad, comenzó a responder una por una, contestando a lo que alcanzaba a escuchar:



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En el texto hay: escolar, ficcion, ficcion aventura romance

Editado: 03.08.2026

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