Ultima Promesa

Capitulo 18: encontrando mi lugar

La presidenta del Club de Cosplay seguía dibujando diseños con una velocidad casi preocupante, como si estuviera plasmando en el papel ideas que llevaba años guardando, cuando Kaede decidió que ya era momento de poner un límite antes de que la situación se complicara aún más.

—Bueno... muchas gracias por recibirnos y por todo lo que han hecho con Lilia —dijo con amabilidad, mientras tomaba suavemente del brazo a la chica rubia para empezar a guiarla hacia la salida—. Pero creo que ya es hora de volver a nuestras clases y dejar que sigan trabajando tranquilos.

—¡¿Volverá verdad?! —preguntó la presidenta casi suplicando, con los ojos muy abiertos y el lápiz todavía en la mano—. ¡Prometemos preparar algo mucho mejor la próxima vez!

Lilia se giró hacia ella con total calma, sin mostrar ninguna prisa ni incomodidad.

—Si mi presencia vuelve a ser necesaria para cumplir con esa "misión", asistiré sin dudarlo.

Al escuchar sus palabras, todos los miembros del club soltaron un suspiro de alivio y emoción, y sus miradas brillaron con renovado entusiasmo.

—¡¡Sí!! ¡Claro que será necesaria! —gritaron casi al unísono.

Miyu sintió un escalofrío recorrerle la espalda, mientras se daba cuenta de lo que acababa de ocurrir.

—...Acabamos de cometer un error enorme —murmuró entre dientes.

Ren asintió lentamente, con una expresión de quien ya preveía las consecuencias.

—Histórico.

Sin perder más tiempo, los cuatro salieron de la sala y cerraron la puerta tras de sí, aunque todavía podían escuchar al otro lado conversaciones cada vez más animadas:

—¡Empiezo el diseño definitivo esta misma tarde!

—¡Necesitamos telas de la mejor calidad que existan!

—¡Y refuerzos! ¡Muchos refuerzos!

—¡Podemos hacer una versión de caballera!

—¡O de reina!

—¡Incluso de comandante militar!

Miyu aceleró el paso, tapándose un poco los oídos con las manos.

—Mejor no sigamos escuchando... mi cerebro ya no da para más ideas peligrosas.

Caminaron unos metros por el pasillo, sumidos en un silencio relajado, hasta que fue Lilia quien rompió el momento con su tono habitual, serio y reflexivo.

—Tengo una duda.

—Dime, ¿qué pasa? —respondió Kaede, mirándola con atención.

—¿Estos clubes son similares a un batallón?

Los tres se detuvieron en seco y la miraron con sorpresa. Ren fue el primero en esbozar una sonrisa, comprendiendo por dónde iba la pregunta.

—No exactamente.

—Un batallón tiene una estructura fija, una cadena de mando y cumple una función militar concreta —explicó ella misma, como si estuviera repasando un manual de instrucciones.

—Así es —asintió Ren—. En cambio, los clubes... cumplen propósitos mucho más simples y personales.

Miyu levantó un dedo para ayudarle a entenderlo mejor.

—Piensa en ellos como grupos de personas que se reúnen porque comparten el mismo gusto, el mismo pasatiempo o el mismo interés.

Lilia inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera procesando una información nueva y extraña.

—¿Pasatiempo?

—Es algo que haces simplemente porque te gusta —añadió Kaede con calma—. No porque te lo ordenen, ni porque sea una obligación, ni siquiera porque esperes una recompensa o un ascenso. Solo lo haces porque disfrutas haciéndolo.

Lilia se quedó en silencio varios segundos, analizando aquel concepto que para ella era totalmente desconocido.

—¿Entonces las personas dedican tiempo y esfuerzo únicamente a actividades que les agradan? ¿Sin recibir ninguna orden? ¿Y sin obtener beneficios prácticos o recompensas por ello?

Ren soltó una pequeña risa suave.

—Exactamente. Así funciona aquí.

Lilia volvió a quedarse pensativa, repasando mentalmente lo que había visto en la sala. Ninguno de los miembros parecía estar allí por obligación; todos hablaban con emoción, discutían ideas, dibujaban, probaban telas y reían sin parar. Todos parecían estar en su elemento.

Finalmente, habló con voz tranquila.

—Fue interesante.

Los tres la miraron con curiosidad.

—¿El club? —preguntó Kaede.

Lilia asintió con firmeza.

—Sí. Las personas parecían muy apasionadas por lo que hacían. Daban la impresión de que, para ellas, aquello era tan importante como una misión para un soldado.

Hizo una pequeña pausa, y sus ojos reflejaron un brillo de curiosidad genuina.

—Me gustaría conocer los demás clubes.

Miyu abrió mucho los ojos, sorprendida.

—¿Todos?

—Sí —respondió ella sin dudar—. Quiero comprender qué hacen, cómo funcionan y qué es lo que motiva a cada uno.

Ren sonrió, encantado con la propuesta.

—Eso es muy fácil.

Lilia volvió a mirarlos, con una pregunta más en mente.

—Y si alguno de ellos despierta mi interés... ¿puedo unirme también?

Kaede sonrió con mucha calidez, contenta de verla explorar su nueva vida con tanta disposición.

—Claro que puedes. Para eso están creados. Cada estudiante es libre de elegir el que más le guste o le llame la atención.

Lilia asintió lentamente, como si estuviera tomando una decisión importante.

—Entonces me gustaría verlos todos primero, antes de decidir a cuál pertenecer.

No alcanzó a terminar la frase cuando Miyu ya le había tomado del brazo con energía, y Ren había hecho lo mismo con el otro.

—¡Perfecto! —exclamó la chica con entusiasmo—. ¡Así se habla!

—¡Operación "Recorrido Completo de Clubes" oficialmente iniciada! —anunció Ren con tono solemne, como si estuviera declarando el comienzo de una gran expedición—. ¡Te enseñaremos absolutamente todo lo que hay!

—Los deportivos, los culturales, los artísticos, los científicos, los musicales... ¡todos sin excepción! —añadió Miyu ya caminando con paso decidido.

Lilia los observó con calma, sin dejarse arrastrar del todo, y preguntó con naturalidad:

—¿Este recorrido sigue un procedimiento establecido? ¿Tenemos una ruta definida?



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En el texto hay: escolar, ficcion, ficcion aventura romance

Editado: 25.08.2026

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