Tras semejante experiencia, el grupo decidió tomarse un respiro. Encontraron una mesa bajo la sombra de un gran árbol, rodeados del aroma dulce de los puestos de comida. Lilia sostenía un vaso de jugo mientras terminaba de comer una brocheta que Kaede le había comprado. Ya había recuperado el color en el rostro, pero seguía con esa expresión seria y decidida que la caracterizaba.
Miyu la miró de reojo, con una sonrisa traviesa.
—¿Ya te recuperaste del todo?
Lilia dio otro mordisco antes de responder con calma:
—Sí.
Hubo un breve silencio. Miyu esperaba, y no tardó en llegar lo que sabía que diría:
—La próxima vez... —dijo ella dándole un sorbo al jugo— ganaré.
Ren arqueó una ceja, confundido.
—¿Ganarás?
Lilia asintió con total firmeza.
—Esa máquina me derrotó esta vez. Pero la próxima será diferente.
Miyu ya empezaba a contener la risa.
—¿Piensas derrotar a una montaña rusa?
—Así es.
—¿Y cómo planeas hacerlo?
Lilia cruzó los brazos con seriedad absoluta.
—Todavía estoy analizando la estrategia adecuada.
Ren se ajustó las gafas, un poco preocupado.
—Espero que no estés pensando en... romperla o algo así.
—No —negó ella de inmediato—. Solo necesito entrenar para soportarla mejor.
Miyu ya no pudo aguantar más y estalló en carcajadas, golpeando suavemente la mesa.
—¡JAJAJAJA! ¡Estás tratando a la montaña rusa como si fuera el jefe final de una mazmorra!
Ren también sonrió.
—Bueno... técnicamente, según las reglas de combate... ella sí perdió.
—¡Ren! —lo reprendió Miyu entre risas— ¡Apóyame un poco!
—Solo digo lo que los hechos demuestran —respondió él con calma—. Por ahora, la victoria es de la atracción.
Lilia se quedó inmóvil, y su expresión se volvió un poco más rígida. Kaede intervino rápidamente, dándole unas palmaditas suaves en el brazo.
—No sean malos —les dijo a los otros dos—. Es tu primera vez, Lilia. Es muy normal que te haya afectado un poco.
Miyu hizo un esfuerzo enorme por ponerse seria, respirando hondo.
—Claro, claro... no es culpa tuya... —pero una risita se le escapó de nuevo al ver la cara de ofendida de Lilia.
Kaede intentó mantener la compostura, pero cada vez que recordaba esa mirada de "no voy a gritar aunque me muera de miedo", le entraban ganas incontrolables de reír.
Lilia la miró fijamente a los ojos.
—Kaede.
—¿Sí? —respondió ella, sorprendida.
—Tú también quieres reírte.
Kaede abrió mucho los ojos.
—¿Eh? N-no...
—Sí. Lo noto.
Hubo unos segundos de silencio tenso. Entonces Lilia habló con la dignidad de siempre:
—Si esto hubiera sido un combate con espadas... —se llevó una mano al pecho— yo no habría perdido.
Silencio total durante un instante.
Y entonces...
—¡Pffff...! —fue Miyu la primera en soltarlo.
Ren desvió la mirada hacia otro lado. Kaede se tapó la boca con ambas manos. Y al segundo siguiente, los tres estallaron al mismo tiempo:
—¡¡JAJAJAJAJAJAJA!!
—¡¿Qué tiene que ver una espada con una montaña rusa?! —gritó Miyu entre risas.
—¡Claro que ahí ganarías tú! —decía Ren intentando hablar— ¡Pero eso es una máquina!
Lilia los miró sin entender qué era tan gracioso. Y entonces, sin darse cuenta, infló un poco las mejillas, cruzó los brazos y dio media vuelta.
—Voy a buscar otro jugo.
Se alejó caminando con la espalda perfectamente recta, con esa elegancia natural que parecía imposible de perder... pero con las mejillas todavía hinchadas por el orgullo herido.
—¡Está haciendo pucheros! —dijo Miyu riéndose más fuerte.
—No es un puchero —corrigió Ren, aunque sonreía—. Simplemente está... ofendida.
—¡Es lo más tierno que he visto en mi vida!
Mientras tanto, Lilia llegó hasta el puesto de bebidas y esperó su turno con paciencia. Un joven que llevaba rato observándola se acercó con una sonrisa muy segura.
—Hola, preciosa. ¿Qué te parece si dejamos a tus amiguitos y damos una vuelta tú y yo?
Lilia lo miró dos segundos.
—No.
—Vamos, no seas tan antipática —dijo él, intentando ponerle una mano en el hombro.
Fue un error fatal.
Por puro instinto, Lilia sujetó suavemente su muñeca, giró apenas la cintura con una fluidez increíble... y ¡FWOOSH! El muchacho salió despedido por encima de un banco, cayendo varios metros más allá sobre el césped.
Todo ocurrió tan rápido que nadie supo explicar qué había pasado. Lilia ni siquiera se giró a mirarlo; tomó su vaso con total tranquilidad.
—Gracias —dijo al vendedor.
—D-de nada... —respondió el hombre, pálido como una hoja.
Luego regresó hacia la mesa igual que se había ido: paso firme, espalda erguida, el vaso en la mano y las mejillas todavía un poco infladas.
Desde la mesa, los tres habían visto todo. Se quedaron en silencio unos instantes.
—Pobre chico —dijo Miyu al final—. Eligió a la peor persona de todo el parque para intentar eso.
Ren asintió.
—Definitivamente.
Kaede suspiró con una pequeña sonrisa cariñosa.
—Al menos se controló bastante bien.
—¿Controló? —preguntaron los otros dos al mismo tiempo.
—Claro —explicó ella—. Si hubiera reaccionado como en su mundo... seguramente lo habría mandado mucho más lejos.
Los tres la miraron volver, con esa calma absoluta a pesar de todo.
—¿Saben? —dijo Miyu suavemente—. Es la primera vez que la veo actuar como una chica de su edad.
—Tienes razón —asintió Ren—. Siempre tan seria, tan responsable...
Kaede la miró con el corazón lleno.
—Siempre intenta ser la caballera perfecta. Pero hoy... hoy la vimos enfadarse por una tontería, hacer un berrinche silencioso... y ser simplemente ella.
No era la guerrera que había salvado reinos. Era solo una chica que descubría el mundo poco a poco, que se enfadaba por perder una "batalla" contra una máquina y que tenía amigos que la querían tal cual era. Y esa faceta tan humana la hacía sentir mucho más cercana a todos ellos.