Ultima Promesa

Capítulo 24: un nuevo descubrimiento

El fin de semana había pasado volando, o al menos esa fue la sensación que tuvieron Kaede, Miyu y Ren al reunirse el lunes por la mañana frente a la entrada de la escuela. El sol brillaba con fuerza y el ambiente parecía haber recuperado su calma habitual, aunque nadie podía olvidar lo ocurrido apenas unos días antes.

—¿Creen que habrá pasado algo nuevo? —preguntó Miyu mientras caminaban juntos—. Espero que no haya roto ninguna puerta esta vez...

—Ojalá sea así —respondió Kaede con una media sonrisa—. Aunque conociéndola...

Ren ajustó sus gafas con calma.

—Después de sostener una cabina entera con una sola mano, una puerta parece algo insignificante.

Los tres soltaron una risa suave, pero se detuvieron al instante al verla acercarse.

Lilia caminaba con su paso tranquilo y firme, el uniforme impecablemente puesto, el cabello rubio recogido con esmero y esa misma expresión serena que siempre la caracterizaba.

—Buenos días —saludó con una pequeña inclinación de cabeza.

—Buenos días —respondieron ellos al unísono.

Todo parecía exactamente igual a siempre. Hasta que Miyu entrecerró los ojos y se acercó un poco más.

—Espera... ¿qué llevas ahí?

Había algo nuevo, algo pequeño pero imposible de pasar por alto: del cierre de su mochila colgaba un llavero acrílico brillante, con la figura de una chica de cabello plateado, capa azul y un traje blanco lleno de estrellas, que sostenía una espada luminosa y sonreía con valentía.

Ren se quedó petrificado. Miró el llavero una, dos y tres veces, como si no pudiera creer lo que veían sus ojos.

—No puede ser... —murmuró con voz entrecortada.

Lilia inclinó levemente la cabeza, confundida.

—¿Ocurre algún problema?

—Ese personaje... —Ren señaló el objeto con el dedo— es Astra, la protagonista de Guardian Chronicle...

Lilia asintió con una leve sonrisa de satisfacción.

—Así es. Me pareció una excelente heroína.

—¿Cómo...? —Ren apenas podía articular palabra— ¿De dónde conoces esa historia?

—Aiko me la enseñó ayer —respondió ella con total naturalidad—. Pasamos todo el día viendo las películas, leyendo los primeros tomos y conociendo su historia.

Hubo un silencio breve pero elocuente. Miyu miró a Kaede, Kaede miró a Miyu, y ambas sonrieron al mismo tiempo con complicidad.

—Esa Aiko no pierde el tiempo... —dijeron al unísono.

Ren se llevó una mano a la frente, aunque una sonrisa empezaba a asomar en sus labios.

—Lo hizo... realmente lo hizo.

—¡Y en solo un día! —exclamó Miyu entre risas— ¡No perdió ni un segundo!

Lilia volvió a mirar su llavero y lo tomó con mucho cuidado entre sus dedos, como si fuera algo muy valioso.

—Me gustó mucho ella —explicó con sinceridad—. Siempre protege a los demás, nunca abandona a sus compañeros y sigue adelante incluso cuando siente miedo. Creo que es exactamente lo que significa ser una verdadera heroína.

Los tres se miraron entre sí. Aquellas palabras eran tan propias de ella, tan llenas de lo que había aprendido y vivido, que no pudieron evitar sentir una mezcla de ternura y alegría.

Minutos después, ya en el aula, el ambiente era el de siempre: algunos alumnos conversaban animadamente, otros terminaban sus tareas y unos pocos esperaban en silencio al profesor. Lilia tomó su asiento, abrió la mochila con calma y Miyu pensó que sacaría uno de esos gruesos libros de historia o estrategia que solía leer. Pero no: con mucho cuidado, extrajo un tomo de manga con la portada de la misma heroína de su llavero.

Lo abrió despacio y comenzó a leer. Completamente concentrada, pasando las páginas con una delicadeza casi reverencial, siguiendo cada viñeta con la misma atención y rigor que antes dedicaba a manuales de batalla.

Ren observó la escena con una sonrisa resignada pero cariñosa.

—Incluso se compró el manga...

—Ya está —dijo Miyu, empezando a temblar de la risa contenida—. La perdimos por completo.

—¿Tan grave es? —preguntó Kaede divertida.

—¡Miren! —Miyu señaló primero el llavero, luego el libro y finalmente a Lilia, que ya estaba totalmente absorta en la historia—. Aiko tuvo un solo día... ¡y convirtió a una guerrera de otro mundo en una fan acérrima del anime!

—Es un nuevo récord absoluto —admitió Ren, sin poder ocultar su propia sonrisa.

En ese momento, Lilia levantó la vista del libro y los miró.

—He encontrado algo muy interesante —dijo mostrándoles una página donde Astra protegía a un grupo de personas inocentes mientras caían flechas y magia a su alrededor—. Ella dice aquí que la verdadera fuerza no sirve para dominar, sino para defender a quienes no pueden defenderse por sí mismos.

Cerró el libro suavemente y una sonrisa nueva, más cálida y tranquila que ninguna otra, apareció en sus labios.

—Creo que... Haru habría amado esta historia.

El comentario dejó a todos en silencio unos instantes, pero fue un silencio lleno de cariño.

—Sí —dijo Kaede con voz suave—. Estoy segura de que le habría encantado.

Justo en ese momento sonó el timbre que anunciaba el inicio de las clases. Y mientras todos preparaban sus cuadernos, los tres amigos comprendieron que aquel "curso intensivo" de Aiko había sido mucho más que un simple pasatiempo: Lilia no solo había encontrado una nueva afición, sino que había hallado otra forma de entender lo que significa ser alguien en quien confiar, alguien que protege... tal como ella misma había empezado a ser.

El salón seguía lleno de murmullos y risas mientras esperaban la llegada del profesor. Lilia permanecía ajena a todo, con la mirada fija en las páginas del manga, recorriendo cada viñeta con la misma concentración que antes dedicaba a los mapas de batalla o a los manuales de estrategia. Pasaba las hojas con un cuidado extremo, como si el papel pudiera romperse con solo tocarlo con un poco más de fuerza.

Miyu la observó unos instantes, y una sonrisa traviesa se le dibujó en los labios.



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En el texto hay: escolar, ficcion, ficcion aventura romance

Editado: 25.08.2026

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