Último primer amor

19

El reloj marcaba las cuatro de la tarde cuando Arabella, tumbada boca abajo en su cama, deslizaba distraídamente el dedo por la pantalla de su celular. La habitación estaba impregnada del suave aroma a vainilla de la vela que ardía en su escritorio, y en la esquina, su reproductor de música reproducía una lista de canciones suaves en un volumen apenas perceptible. Sus ojos se detuvieron en el contacto de Damon. Una sonrisa traviesa curvó sus labios antes de presionar el botón de llamada. La espera fue breve; la voz adormilada de Damon llenó la línea.

—¿Hola? —murmuró, la voz rasposa, como si acabara de despertar.

—¡Dormilón! —se rió Arabella—. ¿No sabes que hay un mundo fuera de tus sueños?

Damon bufó, pero el tono juguetón no desapareció.

—Es sábado... estaba en mi siesta sagrada. Más te vale que esto sea importante.

—Lo es. Tengo un plan —dijo, enderezándose en la cama—. Quiero hacer algo divertido esta noche, y necesito tu ayuda.

—¿Diversión? —repitió, ahora más despierto—. Estoy escuchando.

Arabella mordió su labio inferior, sopesando sus palabras. Había una razón más profunda detrás de la salida: quería que Isabella y Theo pasaran tiempo juntos. Después de su cumpleaños los había visto intercambiar miradas furtivas en un par de ocasiones, y aunque ninguno lo admitiera, la tensión era innegable. ¿Por qué no darles un pequeño empujón?

—Quiero organizar una salida grupal. Tú, Theo, Isabella y yo. Había pensado en un parque de diversiones... luces, música, adrenalina. ¿Qué dices?

Hubo un breve silencio al otro lado de la línea antes de que Damon hablara.

—Suena bien. Pero... —la pausa fue significativa— ¿esto tiene algo que ver con que últimamente le echas muchas miraditas a Theo e Isabella cuando están cerca?

Arabella soltó una carcajada, sorprendida de lo perceptivo que podía ser a veces.

—Tal vez... solo creo que podrían llevarse bien.

—Eres terrible —rió Damon—. Pero me apunto. Le diré a Theo. Aunque no prometo que no sospeche.

Cuando colgó, Arabella suspiró con satisfacción. Parte uno: completada. Ahora venía la parte complicada: Isabella. Salió de su habitación y cruzó el pasillo, donde la puerta de su prima estaba entreabierta. Asomó la cabeza y la encontró leyendo en su cama, con unas gafas que le daban un aire intelectual encantador.

—¿Interrumpo? —preguntó Arabella, empujando la puerta con la cadera.

Isabella levantó la vista, sonriendo suavemente.

—Siempre lo haces —bromeó—. ¿Qué tramas? Te conozco lo suficiente para saber que esa sonrisa significa problemas.

Arabella se dejó caer en la cama junto a ella, robándole una de las almohadas.

—¿Te apetece salir esta noche? Damon, Theo, tú y yo. Parque de diversiones, atracciones, comida grasosa y posiblemente gritos de miedo. Vamos, será divertido.

Isabella arqueó una ceja.

—¿Un parque de diversiones? No sé... tenía pensado quedarme a leer.

—¡Por favor! —imploró Arabella, juntando las manos en señal de súplica—. Necesito un poco de adrenalina antes de que empiece a llover y arruine todo. Además, hace semanas que no salimos las dos.

Isabella dudó un momento antes de rendirse con un suspiro.

—Está bien. Pero si me haces subir a esas montañas rusas locas, me voy a vengar.

—¡Prometido! —mintió descaradamente Arabella.

Mientras tanto, a unas cuantas cuadras, Damon se adentraba en la habitación de Theo, encontrándolo frente a la computadora con unos auriculares puestos. Tocó la puerta con los nudillos, y Theo se giró con expresión inquisitiva.

—¿Qué pasa? —preguntó, quitándose los auriculares.

—Plan de último minuto —anunció Damon—. Vamos a un parque de diversiones esta noche. Arabella, Isabella, tú y yo.

Theo entrecerró los ojos, no del todo convencido.

—¿De dónde salió eso?

—De la cabeza de Arabella, obviamente —se encogió de hombros—. Vamos, será divertido. Necesitas salir de esa cueva y respirar aire fresco.

Theo suspiró, considerando su respuesta. Había notado las miradas de Arabella entre él e Isabella, pero no tenía la energía para cuestionarlo demasiado. Además, ¿qué era lo peor que podía pasar?

—Está bien —aceptó finalmente—. Pero si esto es algún tipo de cita encubierta, no cuentes conmigo para cosas cursis.

—¿Quién, yo? Jamás haría eso —sonrió Damon con descarada inocencia.

Esa tarde, mientras el cielo se teñía de tonos anaranjados y violáceos, Arabella se plantaba frente al espejo, ajustando su chaqueta de mezclilla sobre un vestido ligero. Isabella, a su lado, recogía su cabello en una coleta alta.

—¿Lista para una noche inolvidable? —preguntó Arabella con brillo en los ojos.

—Lista para sobrevivir a tu idea de diversión —replicó Isabella, aunque la sonrisa que asomaba en sus labios desmentía sus palabras.

Por otro lado, Damon y Theo subían a su auto.

—¿Crees que esto termine en desastre? —preguntó Theo, abrochándose el cinturón.

—Probablemente —rió Damon—. Pero, oye, las mejores historias siempre empiezan así.

Ya eran las siete en punto cuando un par de luces titilantes iluminaron la entrada de la casa. Arabella, asomada desde la ventana de su habitación, sonrió al ver el auto de Damon estacionarse frente a la acera.

—¡Llegaron! —gritó, agarrando su bolso. Isabella, terminando de ajustarse la chaqueta de cuero, rodó los ojos.

—¿Siempre tienes que ser tan entusiasta? —preguntó con una sonrisa resignada.

—Obvio —respondió Arabella, tirando de su brazo para sacarla de la habitación—. ¡Vamos! No me hagas esperar más.

Al bajar las escaleras, se encontraron con Damon tocando el claxon brevemente. Arabella salió corriendo, pero no sin antes girarse hacia Isabella.

—Esta noche va a ser genial. Confía en mí.

Isabella suspiró, aunque la calidez en sus mejillas la delataba. Al llegar al auto, Damon bajó la ventanilla.

—¿Lista para la mejor noche de tu vida? —saludó con una sonrisa amplia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.