Mi primer año en Umbra fue, tal vez, también uno de los mas complicados para mí.
A pesar de que disfrutaba aprender cosas nuevas y convivir con mi nueva familia, extrañaba mucho a mi madre y a mi hermano menor.
Umbra me permitía volver a casa una vez al mes.
Mi madre siempre preparaba algo especial para cenar.
Y Corvo...
Corvo siempre corría a abrazarme antes incluso de que pudiera cerrar la puerta.
Solo pasaba dos días al mes con ellos, pero eran los días más felices para mí.
Corvo no paraba de contarme todo lo que había hecho durante el mes. Me enseñaba sus dibujos, sus juguetes favoritos y cualquier cosa que considerara importante.
Sus dibujos no eran obras de arte.
Pero lo que transmitían era algo mucho más valioso.
Transmitían el amor y el cariño que tanto extrañaba cuando estaba lejos de casa.
Durante mi primer año también aprendí mucho en Umbra.
No solo aprendí a usar mi poder, también aprendí por qué debía usarlo.
Nuestros poderes eran un regalo de la vida, algo que nos permitía proteger a quienes amábamos y todo lo que nos rodeaba.
No nos enseñaban a pelear para una guerra.
Nos enseñaban a pelear por lo que realmente importaba.
Tal vez cada miembro de Umbra le da un significado diferente a esas palabras.
Tal vez algunos luchan por su familia.
Otros por sus amigos.
Y otros simplemente porque quieren ayudar a los demás.
Pero siempre sentí que los corazones de todos en la academia latían en la misma dirección.
Cada uno de mis compañeros se volvió tan cercano a mí que realmente sentía que eran mis hermanos.
Tal vez no siempre nos llevábamos bien.
Henry se la pasaba peleando con Brie por cualquier cosa.
Amelie era algo arrogante muchas veces y nos echaba en cara que controlaba mejor su poder que el resto.
Me molesté muchas veces con Fredrik porque no dejaba de hacer bromas. Escondía mis lápices y cuadernos. Los dejaba de ver un segundo y desaparecían.
Aunque era bastante obvio quién había sido.
Natalie también podía ser muy intensa con los demás. Era como si quisiera que todos la quisieran, y eso llegaba a incomodar a algunas personas.
Pero siempre estábamos juntos.
Las niñas hablábamos sobre la ropa y los peinados que veíamos en la televisión.
Los niños jugaban fútbol y luchaban entre ellos.
Hoy todo aquello me parece muy lejano.
También los sentimientos que tenía en aquel entonces.
A veces los miraba y me imaginaba cómo salvaríamos personas algún día.
Todos juntos.
Como una familia.
La familia que ahora también debía proteger.
Ya no solo eran mi madre y Corvo.
Umbra también se había convertido en algo importante para mí.
Algo que quería proteger con todo mi corazón.