Al año siguiente, cuando cumplí dieciséis años, llegó un momento complicado para todos.
Era el momento de separarnos para formar escuadrones.
Cada escuadrón debía estar compuesto por miembros capaces de complementarse en situaciones de reconocimiento, combate y exploración.
El día de la ceremonia todos estábamos nerviosos.
Y aunque nadie lo dijo en voz alta, había un aire de nostalgia que podía sentirse en todo el salón.
No íbamos a despedirnos.
No íbamos a mudarnos a diferentes lugares.
Pero todos entendíamos lo mismo.
Ya no volvería a ser como antes.
Se formaron tres escuadrones de cuatro integrantes.
Escuadrón Halcón
- Henry
- Rose
- Fredrik
- Lina
Escuadrón Cuervo
- Gwen
- Edward
- Jack
- Amelie
Escuadrón Lobo
- Brie
- Lucía
- Natalie
- Jason
Recuerdo haber buscado a mis amigos con la mirada después del anuncio.
Todos sonreían.
Todos parecían emocionados.
Y por un momento pensé que nada cambiaría.
Me equivoqué.
La más afectada fue Natalie.
Lloró un poco una vez que los escuadrones quedaron formados y la ceremonia terminó.
En aquel momento me pareció una reacción exagerada.
Pero años después comprendí que tal vez sus lágrimas tenían otro significado.
Quizá sentía que la única familia que había tenido en su vida estaba comenzando a separarse.
Henry fue el primero en intentar consolarla.
—No es para tanto.
—Nos vamos a seguir viendo todo el tiempo.
—Vamos a seguir en contacto, Nat.
—Y podemos reunirnos de vez en cuando todos juntos.
Natalie intentó sonreír.
Y por un momento todos quisimos creer que Henry tenía razón.
Ojalá hubiera sido así.
Durante nuestro primer año como Escuadrón Cuervo tuvimos muchas misiones fuera de la academia.
Casi siempre nos acompañaba un agente veterano de Umbra.
Aunque, la mayoría de las veces, nos dejaban hacer el trabajo por nuestra cuenta.
Entonces nos asignaron una misión para capturar a un dotado que estaba amenazando a varias personas en los barrios de Birmingham.
Durante dos semanas recorrimos la zona, hablamos con vecinos, reunimos información y finalmente logramos identificar al sospechoso.
Era un joven de unos veinte años.
Su poder parecía estar relacionado con el sonido.
Según los testimonios que recopilamos, exigía dinero a comerciantes y transeúntes de la zona.
Y si alguien se negaba a pagarle, lo atacaba con ondas que salían de sus manos.
Algunas personas afirmaban que había dejado sordas a varias de sus víctimas.
Recuerdo perfectamente lo que sentí al escuchar aquello.
Rabia.
Frustración.
Dolor por todas esas personas.
Quería encontrarlo cuanto antes.
Y cuando lo encontrara, quería golpearlo por todo lo que les había hecho.
Cuando llegó el momento de capturarlo, esperamos a que estuviera escondido en una de las zonas oscuras donde solía esperar a sus víctimas.
Y entonces actuamos.
Jack lo inmovilizó con sus hilos.
Amelie y yo corrimos hacia él con el sedante mientras Edward cubría los alrededores para evitar que escapara.
Fui la primera en alcanzarlo.
Lo derribé y lo sujeté con fuerza para que Amelie pudiera inyectarle el sedante.
Pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, el sujeto liberó una poderosa explosión de sonido desde sus manos.
La onda nos lanzó hacia atrás.
Y logró liberarse de los hilos de Jack.
Levanté la mirada de inmediato.
Lo vi sujetando a Amelie.
Tenía las manos a ambos lados de su cabeza.
Y recuerdo perfectamente lo que sentí en aquel instante.
Sentí que iba a quitarme a mi hermana.
Corrí hacia él sin pensar.
Lo golpeé por la espalda y lo derribé.
Después me lancé sobre él.
Y empecé a golpearlo.
Una y otra vez.
Ni siquiera me di cuenta de que Jack ya había vuelto a inmovilizarlo con sus hilos.
Ni escuché a Edward gritarme que me detuviera.