Nunca pregunté qué había pasado.
Tuve miedo.
Miedo de descubrir que tal vez había sido mi culpa.
Temía escuchar la historia de aquella emboscada y pensar:
Tal vez habría detectado al enemigo antes de que atacara.
Tal vez habría visto algo que los demás no pudieron ver.
Tal vez Henry y Edward seguirían vivos.
Durante semanas no pude dejar de imaginarlo.
Una y otra vez.
Mi mente construía cientos de escenarios distintos.
Escenarios donde yo estaba allí.
Escenarios donde hacía algo diferente.
Escenarios donde conseguía salvarlos.
Pero ninguno de ellos era real.
Porque, como suele decirse, no existe ningún "hubiera".
Todos sufrimos la pérdida de Henry y Edward de manera diferente.
Natalie no dejó de llorar durante varios días.
Fredrik nunca lloró.
Al menos, nunca lo vi hacerlo.
Pero sus ojos eran diferentes.
Parecían grises.
Vacíos.
Como si una parte de él hubiera muerto junto a ellos.
Creo que habría sido mucho peor para él si Lina no hubiera estado allí.
Ella nunca volvió a separarse de su lado.
Llevaban tiempo siendo novios.
Pero después de aquello, algo cambió entre ellos.
No sé exactamente qué fue.
Solo sé que desde entonces nunca volvieron a separarse.
Rose tomó una decisión distinta.
Después del funeral regresó a su pueblo durante varios meses.
Por un tiempo pensé que no volvería.
Pero lo hizo.
Y luego estaba Amelie.
Amelie ni siquiera volvió a hablar con ninguno de nosotros.
Dos días después de la tragedia se marchó en una camioneta de Umbra.
No se despidió.
No nos avisó.
Simplemente se fue.
Creo que el ataque del dotado de Birmingham y la tragedia que ocurrió después fueron demasiado para ella.
Y no la culpo.
No la culpo por haberse ido.
Ni por no decirnos nada.
La entiendo.
Porque yo también pensé en hacer lo mismo.
En mi caso, lloré durante varios días.
Y durante varias noches.
A veces ni siquiera podía dormir.
Me quedaba acostada pensando en todo lo que había pasado.
Lloraba hasta que ya no me quedaban lágrimas.
Y terminaba quedándome dormida sin darme cuenta.
Solo para despertar unas horas después y volver a pensar en lo mismo.
Tampoco quise ir a casa a visitar a mamá.
No quería que me viera así.
No quería que me viera llorar y que aquello también la atormentara.
Y, sobre todo, no quería que me mirara y pensara:
"Tal vez nunca debí dejarla entrar en Umbra."
La idea me parecía horrible.
No quería que mi madre se arrepintiera de una decisión que yo había tomado.
Cuando llegó el día en que debía visitarlos, decidí no ir.
Le pedí a Corvo que le dijera que estaba ocupada en una misión importante.
Aceptó de inmediato.
—Claro, no hay problema.
Pero cuando lo dijo, vi algo en sus ojos que nunca había visto antes.
Preocupación.
Tristeza.
Y entonces apareció otro pensamiento horrible.
¿Qué pasaría si Corvo había entrado en Umbra porque quería seguir mis pasos?
¿Qué pasaría si yo lo había llevado hasta ese lugar?
¿Qué pasaría si algún día terminaba igual que Henry y Edward?
Aquella idea me aterró más que cualquier otra cosa.
Durante ese fin de semana no deje de pensar en largarme de Umbra para no volver.
Incluso hubo un momento en el que empecé a empacar mis cosas.
Pensaba en irme sin avisar a nadie.
Volver a casa.
Llegar a Beddgelert y decirle a Corvo que no regresaríamos jamás.
Que nos quedaríamos allí.
Que tendríamos vidas normales.
Sin misiones.
Sin combates.
Sin personas intentando acabar con nuestras vidas.
Él me tendría a mí.
Y yo lo tendría a él.
A mi hermano.
A mi único y verdadero hermano.