Umbra Crónicas: Gwen — Alas Blancas

CAPÍTULO 8: ¿Y AHORA?

Después de escuchar esa frase, me di cuenta de algo.

Siempre había querido escuchar que alguien dijera que fue mi culpa.

O que no lo había sido.

Pero necesitaba oírlo.

Y entendí que para lo que pasó no había un culpable.

Había tantos que ni siquiera valía la pena pensar en cuántas personas seguían culpándose a sí mismas por lo ocurrido.

O cuántas seguían culpando a alguien más.

Claro, eso no hizo que la culpa desapareciera de un segundo para otro.

Pero nos quedamos un rato más hablando de lo que sentíamos.

Le confesé que había pensado en irme de Umbra.

Y ella lo entendió.

—Puedes hacerlo.

—No te estarías equivocando si decides irte. Tampoco si decides quedarte.

Dijo mientras apoyaba una mano sobre mi hombro.

Me recordó que Umbra siempre sería mi hogar.

Y que aquí siempre podría contar con mis hermanos.

Después se levantó y me dijo que intentara dormir.

Ella haría lo mismo.

Pero que podía buscarla cuando quisiera hablar.

La vi alejarse por el pasillo.

Y por primera vez desde aquel día, sentí que debía dejar de buscar respuestas simples para algo que nunca lo fue.

Porque dentro de mí sabía que había llegado el momento de afrontar lo que pasó.

No buscando un culpable.

Sino intentando entenderlo.

Durante las siguientes semanas pensé en muchas cosas.

Entre ellas, que no era responsabilidad mía que Corvo estuviera en Umbra.

Al igual que yo en su momento, él había tomado su propia decisión.

Intentar cargar con esa responsabilidad era lo mismo que cuando no quería que mi madre se arrepintiera de haberme dejado venir aquí.

También entendí algo más.

Que no era mi culpa lo que había pasado.

Pero sí me arrepentía de otras cosas.

De no haber ido a abrazar a Natalie.

De no haber intentado hablar con Amelie antes de que se fuera.

De haber guardado todo aquello para mí.

No contarle a mi mamá lo que estaba pasando había sido una decisión egoísta.

Porque si ella estuviera pasando por algo así, yo querría que me lo contara.

Querría estar ahí para ella.

Y sé que ella habría querido hacer lo mismo por mí.

Por primera vez entendí que aceptar que algo no fue tu culpa no significa que no tengas nada que aprender de ello.

Solo significa que debes aprender la lección correcta.

Y ahora tenía que hacer algo al respecto.

Porque si seguía quedándome quieta, la culpa nunca se iría.

Empecé a buscar por dónde empezar.

Primero fui a ver a Natalie.

Me rompió el corazón verla después de semanas sin haber hablado con ella.

Se veía apagada.

Más delgada de lo que recordaba.

No quedaba ni un rastro de aquella niña que me había abrazado el día que llegué a Umbra.

Hablamos durante horas.

De lo que sentíamos.

De lo que habíamos perdido.

Y entonces entendí algo.

Su dolor nacía del mismo lugar que el mío.

Pero era diferente.

Natalie no se culpaba por lo ocurrido.

Sin embargo, su corazón estaba más roto que el mío.

Y sabía por qué.

Porque mientras yo había pensado en volver a casa con mamá y con Corvo...

Ella no tenía ningún otro lugar al que ir.

Umbra era todo lo que tenía.

Su hogar.

Su familia.

Y perder una parte de todo aquello era como si le arrancaran un pedazo del corazón.

A partir de ese día empecé a verla todos los días.

Desayunábamos juntas.

Entrenábamos juntas.

Y algunas veces también se nos unían Brie, Jack y Lucía.

Poco a poco el brillo en sus ojos empezó a regresar.

No era el mismo de antes.

Pero tal vez era más fuerte.

Porque ahora sabía todo lo que había tenido que soportar para recuperarlo.

Cuando fui a visitar a mamá, le conté todo.

Todo.

No pude evitar llorar mientras hablaba.

Y ella también dejó caer algunas lágrimas mientras me escuchaba.

Le pedí perdón por no haberle contado antes.

Pero me abrazó y me dijo que no tenía que disculparme.

Que entendía que hablar de algo así no era fácil.




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