Umbría

Preludio

Abres los ojos y no vez nada. Frente a ti sólo se cierne una temible oscuridad que no te permite ver lo que te rodea, que oculta de tus ojos cosas perversas que entre más y más piensas sólo empeoran. Y no puedes evitar sentir miedo, es natural, pues los humanos le tememos a todo aquello que no podemos ver y por lo tanto tampoco entender. Corres, gritas, pataleas, y lanzas mil maldiciones al aire, para después desplomarte, te hayas indefenso y lo sabes, y en el peor de los casos ellos también lo saben. Respiras ondo intentando calmarte, pero no puedes, tu corazón late con rapidez, y cada uno de esos latidos te delatan ante los ojos de aquello que te vigila, pero que no puedes ver. Te inclinas de rodillas y no te queda más que confiar en la fe, alzas la mirada y le imploras al cielo, al ser que esta más allá de tu comprensión, a aquel que tantas veces renegaste intentando parecer racional sin saber que en tu interior siempre creerás en él, al igual que cualquier otro humano a pesar de que jamás nadie pueda saber si está ahí o no. Sin embargo no hay respuesta, te ríes, te mofas de ti mismo y de tu estupidez al creer que algo más vendría a salvarte, pero no pierdes la esperanza, quieres creer que por más tonto o ilógico que te parezca algo más está ahí, entonces temes, te llena de pavor la idea de que aquel ser realmente exista, pero que ignore tus súplicas así como tú ignoraste su existencia e incluso negaste ante los demás. Un sentimiento de terror oprime tu pecho, intentas gritar pero ningún sonido sale de tu boca. Siempre odiaste la oscuridad  pero te hiciste creer que no era así, que aquel era un miedo que solo un infante podía sentir, aunque muy en el fondo, al igual que todos los seres humanos, siempre la odiaste , no por nada el hombre domino el fuego en sus inicios pues desde su nacimiento las tinieblas le declararon la guerra.  


Te pones de pie, todo te tiembla, ya no sabes si lo que gotea por tu rostro es sudor o lágrimas, no quieres morir, por más que toda la vida fingiste apatía hacia a la muerte, ahora que está te acecha intentas huir, pues la sola idea de perecer te estremece, sin siquiera saber porque. Corres de nuevo, no te rindes, eres necio y te aferras al último atizbo de vida que pueda haber, entonces te detienes, afinan tu oído para entonces escuchar un sonido acercándose a ti. Pasos, largos y pesados  que cada vez  acortan distancia contigo, oyes una risa a lo lejos, hay alguien o algo más contigo. Este hecho  en vez de tranquilizarte causa un mayor miedo en tu interior, lo que sea que esté contigo debió vigilarte desde el momento en que despertaste, quizás aquello fue lo que te llevó a ese lugar. No sabes que hacer, por más que corras  no sabes donde esta esa cosa por lo que podrías terminar junto a él sin siquiera darte cuenta.  
 

Ahora le toca a tu mente jugar contigo, se formula una horrible imagen de lo que te está observando, quizás sea un demonio peor que los descritos en el necromicon, en la biblia, o en cualquier mitología, o quizás sea algún ser extraterrestre nunca antes visto. Demonios, aliens, monstruos, duendes, ogros, y un sin fin de criaturas horrorosas más inundan tu mente, las náuseas acuden a ti para que finalmente te derrumbes.  


No puedes ni alzar la vista por la desesperación, esperas a que aquel ser se acerque y acabe con ésta pesadilla, es entonces cuando te das cuenta de un pequeño detalle, tu vista se ha comenzado a adaptar a la oscuridad y es así como te das cuenta de que no eres humano. Tus manos son toscas, tus dedos terminan en puntas afiladas, el color de tu piel es café, tocas tu rostro y no encuentras nada similar a una nariz humana, tus orejas son puntiagudas, tus ojos dos veces más grandes que los de un humano, la piel que cubre tu cuerpo es áspera y rugosa, tienes dientes muy afilados y una boca un tanto grande. 


Comienzas a reírte, nunca pasó por tu mente la idea de que tu eras el monstruo, pero ahora lo recuerdas con claridad, eres una criatura de las sombras, detestas la luz y a otros seres que no sean tú. Te ruge el estómago, tanto ajetreo te ha despertado el apetito, entonces reconoces el aroma de la sangre, ese olor tan característico solo te despierta más el apetito, y para tu fortuna, no viene de muy lejos.  


Una larga sonrisa se forma en tu rostro, caminas lentamente, no hay de que preocuparse, tú eres el depredador, eres un ser inmortal, como temerle a los humanos, ¡ridículo! Aunque te preguntas el porque no recordabas nada, más que un sentimiento de terror.  
Después de un rato llegas al lugar de donde proviene el aroma, un pobre e indefenso hombre se haya herido, totalmente sólo. Una presa fácil, demasiado fácil quizás, pero no importa, el hambre no te deja pensar con claridad. Te acercas al humano, sonríes, a filas tus garras y te preparas para devorarlo, entonces el hombre sonríe, se burla de ti. ¡Cómo osa ese ser inferior burlarse de su depredador! La sangre te hierve, las ideas dejan de fluir por tu mente para solo lanzarte sobre aquel hombre. De repente una luz te ciega, un rayo de sol comienza a quemarte la piel. Comienzas a oír múltiples risas, tratas de abrir los ojos, apenas lo logras, es entonces que divisas unas cuantas siluetas frente a ti.  


Finalmente lo recuerdas, el miedo vuelve a ti, recuerdas que aquellos seres inferiores ya no lo son más, su ingenio los ha hecho superarte, y ahora el cazador se ha vuelto presa. Ellos saben tus debilidades, esos seres imperfectos, aquellas criaturas frágiles que no pudieron considerarse depredadores durante años ahora lo son. Pero más que temerle a ellos sientes pavor por la idea de morir, eres una criatura inmortal como puede si quiera pasar la idea del deseso por tu mente, tu arrebata vidas y nunca mueres, así debían funcionar las cosas, pero ya no más.  


Es tu fin, no hay forma de que huyas, entonces la rabia te domina, al menos te llevarás a la tumba a uno de esos insectos, te lanzas sobre el más cercano intentando atraparlo entre tus garras. Pero entonces un estruendoso ruido te derriba, el dolor recorre cada una de tus vértebras, el sudor resbala por tu rostro, es frío al igual que todo el ambiente, poco a poco pierdes tus fuerzas, no puedes ponerte de pie, y apenas y puedes levantar la vista. Miras las estrellas en el cielo, por primera vez aprecias lo hermosas que se ven ¿Siempre se vieron así? Tratas de sonreír pero el dolor no te lo permite, ni siquiera te deja fuerzas para gritar, estas muriendo, por más absurdo que parezca tu vida inmortal llego a su fin. Ha sido un buen viaje, viviste como quisiste, y el único arrepentimiento que te queda es no poder advertir a tu raza que las hormigas se han rebelado, y que posiblemente los exterminen.  
No te queda más tiempo en este mundo, poco a poco se te nubla la vista, las sombras cubren tu vista, aquellas que durante años te dieron cobijo hoy te envuelven para nunca soltarte, irónicamente no te gusta la idea, quieres vivir, aunque sea un poco más, quieres matar a esas ratas que te han dañado, pero no puedes, ya ni siquiera puedes levantar la vista. Las hermosas estrellas se han ido, solo quedas tú y la penumbra. Finalmente caes en umbría. 



Skiá Sempere

#1849 en Terror
#13587 en Fantasía

En el texto hay: vampiros, fantasia magia, terror supenso

Editado: 04.08.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar