Un acuerdo (casi) sincero.

0.3

Un peso en su estómago hizo que comenzara a despertar. El movimiento de unas patitas que le estaban haciendo cosquillas hizo que abriera al fin los ojos.

—Hola, Copito. Veo que ya te levantaste.

Acomodándose en su cama, tomó al gato y lo acercó, dándole un abrazo. El animal maulló y Garrett entendió a qué se debía. Cansado, miró su reloj, dándose cuenta de que faltaba menos de una hora para que dieran las once.

—Maldición.

Soltando al felino, se tapó todo el cuerpo con la sábana, soltando patadas y gritos mientras recordaba lo que había hecho.
Acomplejado, se levantó, alimentó a Copito y se fue a tomar una ducha rápida.

Cuando salió, fue a su armario, donde comenzó a buscar sus mejores ropas, hasta que se dio cuenta de algo:

—¿Por qué estoy haciendo esto? No debería importarme tanto. Solo me pondré algo cómodo y listo.

Terminó por ponerse unos pantalones de mezclilla azul oscuro, una camisa holgada y una sudadera negra con el estampado de un gato.

Faltaban ya casi veinte minutos para que dieran las once. Otra vez se estaba sintiendo nervioso. Sus manos empezaron a sudar frío; asimismo, comenzó a morder su labio inferior.

Tenía la suerte de tener ese día libre. Alistó sus últimas cosas y salió de su departamento.

En el camino iba revisando algunos documentos de su trabajo pendiente. Estando distraído, no notó que alguien se había parado frente a él, haciéndolo chocar.

—Oh, lo lam… —se detuvo en seco—. Ah, eres tú.

Sin darse cuenta, ya había llegado a la cafetería, donde terminó chocando con Adam.

—Hola.—con una sonrisa que Garrett ignoró.

—Hola.

Mirándose sin decir nada, Garrett, algo incómodo, lo pasó de largo, entrando primero él, siendo al poco tiempo seguido por Adam.

Buscando una mesa, uno de los meseros se les acercó y saludó a Adam. Uno pidió un latte y el otro un americano frío.

—¿Y sobre qué quieres hablar? —el primero en hablar fue Adam, quien, con un tono algo coqueto y una mirada curiosa sobre Garrett, se recargó en sus manos.

—Es más que claro que de lo que pasó ayer. —Lo miró con seriedad.

Ambos se vieron fijamente sin reaccionar, hasta que la mano del mesero se atravesó. Este dejó las bebidas en la mesa y, a su vez, se despedía de Adam chocando los puños.

Garrett lo vio de mala gana. Agradeció al mesero y tomó de su vaso.

—Tenemos que poner algunas reglas. —Dejó el recipiente sobre la mesa.

—Claro, ¿como cuáles?

Después de discutir varias reglas y de que Adam se burlara de unas cuantas, haciendo enojar a Garrett, ambos compartieron sus números. Como ninguno tenía mucho que hacer, se quedaron en la cafetería un rato más, además de aprovechar el momento para hablar sobre la historia que le contarían a la familia.

Pasaron varias horas. Garrett se levantó; Adam solo lo miró con curiosidad.

—Bueno, yo me tengo que ir. Gracias por querer ayudarme.

—Es un placer. Por cierto, yo pago.

—Pero… —fue interrumpido.

—Insisto, Garrett. Por favor, no me hagas rogar.

No dijo nada. Soltó una pequeña y poco visible sonrisa en señal de agradecimiento. Volvió a despedirse y salió del lugar.

Apenas iban a ser las tres de la tarde. Tal vez pasaría a ver a sus padres y a contarles sobre Adam… esperaba que dejaran de molestarlo con eso.

En el camino recordó parte de su conversación con Oliver.

—¡¿Qué hiciste qué?!

Garrett comenzaba a arrepentirse de contarle, mas no quería guardarle ningún secreto a su mejor amigo.

—Ya sé que suena tonto, pero… —se calló un segundo pensando lo que estaba diciendo— bueno, es tonto, sí. Pero ya todo se fue al bote.

—Garrett…

—Espera, deja termino de explicar. Luego me escupes tu veneno. —Escuchó un suspiro de su amigo—. Te digo: yo no iba a hacerlo. Cuando me lo dijo la primera vez, le dije que no. Pero luego me topé con mi tía la chismosa. Él se entrometió haciéndose pasar por mi novio. Fue él quien se metió en esto.

—¿Ya puedo hablar?

—Sí.

—Primero, era más fácil decirle a tu familia que te dejaran de molestar con eso. No creo que mentirles sea buena idea. Segundo, como ya te metiste en ese rollo, solo puedo decir que va a terminar mal. No importa qué tanto lo niegues, va a salir mal.

—Oliver, sabes que no puedo decirles. Además, puedo con esto. Sé que voy a tener todo bajo control.

—No, no lo harás. ¿Qué, no lees novelas románticas? Hay muchas donde la trama es de novios falsos, citas falsas… y en todas, o casi todas, los protagonistas se terminan enamorando.

—No, no leo ese tipo de historias. Tranquilo, Oliver, eso no va a pasar.

—Si tú lo dices. No olvides que te lo advertí. Debo irme, me están esperando.

—Sí, gracias. Nos vemos.
Al colgar, pensó en aquellas palabras.

Eso nunca va a pasar…

¿o sí?

♡Marbooks



#5531 en Novela romántica
#1934 en Otros
#563 en Humor

En el texto hay: comedia, comedia romance, citas falsas

Editado: 24.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.