El sonido de la campanilla llamó nuevamente su atención, como era de costumbre cada que la puerta se abría; decía cada que un cliente entraba:
—Bienvenido...— no pudo terminar su frase, ya que la persona lo había ignorado por completo, y no le sorprendía. No era la primera vez que él lo ignoraba, de hecho, siempre lo hacía.
Terminó de limpiar la mesa y se acercó para anotar su orden.
—Buenas tardes, ¿qué le puedo ofrecer? El día de hoy tenemos pastel red velvet y de vainilla.
—Me gustaría una rebanada de pastel de vainilla y un Latte, por favor.
Solo asintió y, sonriendo, se retiró. Fue a la barra para dejar la orden. No pasó mucho tiempo cuando regresó a la mesa.
—Le entrego una rebanada de pastel y un Latte. Que lo disfrute.
Se alejó y fue a atender otras mesas. Todo estaba tranquilo hasta que un grito quebró cualquier silencio.
—¡Les dije a todos que tenía novio!— al escuchar eso, no pudo contener su risa. Vio cómo se encogía avergonzado. Fue de nuevo a la barra; como estaba cerca de su mesa, logró oír la conversación, al menos la mayoría.
Cuando terminó su llamada, se acercó cauteloso, preguntándole:
—¿Está todo bien?
—¿Eh? Ah, sí, todo bien. Gracias.— notó cómo su pierna se movía con nerviosismo.
—Disculpe, ¿se le ofrece algo?— lo miró desconfiado.
No dijo nada, solo le sonrió. Lo miró por un corto tiempo hasta recorrer la silla frente a él y sentarse, dejándolo confundido.
—Yo puedo fingir.
—¿Qué?— su mirada se volvió más confusa— ¿fingir qué?
—Escuché todo. Yo podría. Soy bueno actuando— su tono de voz se volvió más coqueto.
Luego de insistir y ser rechazado, lo dejó para irse a atender a otros clientes. No entendía bien el porqué de querer ayudarlo, pero algo en él despertó su curiosidad. ¿Quién dice tener pareja si en realidad no tiene? Debe ser una completa locura.
Iba a tomar un descanso luego de que el chico se fuera. Estaba en la barra cuando vio al mismo chico fuera junto con tres mujeres: una se veía mayor, mientras que las otras dos se veían más jóvenes. Notó que el chico se estaba poniendo nervioso. Esperó un momento para ver qué pasaba, cuando vio que parecía que empezaba a vacilar.
Cuando abrió la puerta y la campana sonó, escuchó decir:
—¿No habías dicho que hoy te encontrarías con tu novio, Garrett?— así que ese era su nombre, pensó.
—Claro... él está... está...
Se apresuró y tomó la cintura de Garrett, puso su mejor cara y se presentó:
—Aquí estoy. Adam, un gusto.— apretó más su cintura; con su mano libre la extendió a la señora y vio cómo los cuatro tenían una expresión de sorpresa en su rostro.
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