Un alfa, un Enigma

Prólogo

Fort—

El autobús se detuvo con un crujido y el aire frío me dio en la cara. Me incliné para bajar, pero adivinen… sí, tropecé con la mochila y casi caigo de bruces.

(“caer de bruces” significa caer de frente, con la cara o el pecho hacia el suelo.)

Krist me empujó un poco y dijo:

Fort, ¿quieres ensuciarte ya o qué?”

—“Eh...si, ya voy” Murmuré, intentando parecer digno mientras la mochila se me escapa del hombro.

Mew y First bajaban muy tranquilos, como si todo fuera con normalidad. Yo solo miraba y me preguntaba ”¿porque podían caminar sin que pareciera que iban a romperse en cachitos?”

El lugar...vaya, se veía muy bonito. un gran lago brillando al fondo, árboles enormes, el sonido del cantar de los pajaritos...como si nos estuvieran esperando. Pero yo solo pensaba “Perfecto, más cosas con la que puedo tropezar.”

mientras bajaba, veía a otros estudiantes por todos lados: algunos cargando maletas, otros corriendo al lago para unas cuantas fotos, otros más jugando o platicando en grupo. Toda la facultad estaba aquí, y yo...yo estaba seguro, segurísimo de que estaba a nada de hacer el ridículo en cualquier momento.

Fort...cuidado, no quiero verte sucio a la primera hora. dijo Krist, cruzando los brazos.

Si... sí, gracias. Susurré, tratando de no mirar al suelo por miedo de tropezar otra vez.

Llegamos al claro central donde todos se estaban reuniendo. Algunos sentados en troncos, otros en el sueño y yo, pues me quedé atrás mirando todo, preguntándome cómo no me habían atropellado todavía

Eh...¿viste quien llegó en el otro camión? dijo First, inclinándose hacia mi.

¿Quien?

El enigma...dicen que es alto, serio, con el cabello oscuro siempre perfecto y demasiado largo que puede hacerse una coleta o dos! explicó Mew, con los ojos brillando.

Y su ropa... simple, pero elegante. Te hace pensar que no necesita impresionar a nadie añadió Krist.

Yo parpadee. No tenía idea de quién era ni como se veía, pero ya sonaba como alguien que podía romperme sin siquiera intentar. Genial...otro problema invisible que ni siquiera conozco todavía.

Entonces apareció la voz del organizador.

— ¡Atención, estudiantes!

Todos giramos la cabeza hacia profesor Tul, un hombre alto, cabello oscuro con unas canas, con una mirada seria Pero tranquila que hacía que todos los escucharán sin que tuviera que gritar. Caminaba entre los estudiantes dando instrucciones sobre las cabañas, reglas y seguridad.




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