Fort —
El fuego crepitaba frente a la cabaña, iluminando las sombras de los árboles y el lago tranquilo detrás de nosotros. Yo estaba sentado en un tronco, sosteniendo uno de los pescados que había pescado antes.
Boss estaba frente a mi, concentrado en cocinar lo demás, moviendo la leña, controlando el fuego, todo con esa calma absoluta que hacía que yo me sintiera torpe solo de respirar.
Intenté iniciar una conversación.
— Eh...Boss tu...¿Siempre cocinas así? O...solo es que sabes organizar todo.
El levanto la mirada un segundo.
—Siempre cocino mi comida. dijo con voz firme pero sin rudeza.
Volvió a lo suyo, cortando y colocando los pescados. Suspiré y me encogí de hombros.
— Bueno...pues yo soy bueno pescando, al menos eso sirvió. No respondió de inmediato, Pero asentó levemente. Eso fue suficiente para que me sintiera un poco orgulloso.
Mientras empezaba a comer, escuché risas y voces acercandose. Algunos de los chicos del retiro se habían sentado cerca de la otra fogata. Uno de ellos me llamó.
— Eh, Fort, ¿quieres venir a comer con nosotros?
Me gire hacia ellos, dudando un poco.
— Uh...claro, gracias. respondí levantando el pescado. No quería parecer descortés, aunque sabía que Boss estaba ahí.
Me levanté y caminé unos pasos hacia ellos, mientras Boss seguía con su tarea de controlar la fogata y los pescados, sin levantar la cabeza. Yo me estaba concentrando en la conversación con los otros chicos de pesca del lago, de los árboles... cosas normales, sobre el maestro de derecho, que hombre tan hipócrita.
pero mientras hablaba con ellos, no sé porque pero algo me hizo mirar hacia la cabaña.
Boss—
Lo ví alejarse con esos chicos. Mi pecho se tensó sin que pudiera evitarlo. ¿Porque me importaba tanto que se fuera con ellos? No debería. No me correspondía sentir eso.
Pero ahí estaba... Fort sonriendo, sonriendoles...moviéndose con naturalidad entre ellos, hablando y riendo.
Y yo sentí algo extraño en mi estómago.
Celos.
Sí, celos.
No era solo que estuviera lejos de mí...era como todos parecían cómodos con el, riendo, escuchándolo, como si yo no estuviera.
Mi garganta se tensó un instante. No podía dejar de mirarlo...
Fort era... distraído, torpe, curioso, pero con esa calma que hacía que todos lo notarán. Incluso ahora, mientras yo seguía comiendo y moviendo algunos pescados que iba a comerme, no podía dejar de observarlo
Respiré hondo, tratando de calmarme.
No puedo hacer esto. No puedo demostrar nada. Aún así, una parte de mi quería que se quedará conmigo, que no hablara con nadie más...que cenará aquí solo conmigo.
Lo ví reírse de algo que dijo uno de los chicos. Mi puño se apretó ligeramente. No. No voy a dejar que nadie más lo haga sentir así. Pero ni siquiera sabía que hacer. Solo lo miraba, mientras trataba de mantener la calma, mientras el fuego crepitaba frente a mi.
Mientras Fort...estaba lejos. Con otros. Y, por primera vez, supe que no era solo un compañero torpe de retiro.
Era Fort. Y no quería compartirlo.
...
Fort —
El humo de la fogata aún flotaba en el aire cuando escuché la voz firme de Boss detrás de mi.
— Fort.
Me gire, sujetando todavía uno de los pescados que me habían invitado.
— Umm...¿Si?
— Ya es hora de dormir. Ven conmigo.
Parpadee.
—Ah...¿ya?
—Si...ahora.
Lo mire y noté como su expresión no dejaba lugar a discusión.
— Eh...Ok, pero...puedo...puedo acomodar mis cosas primero?
— No. Ven. O cerraré la puerta con candado y te quedarás a dormir afuera toda la noche.
Mi corazón dió un brinco. Candado. Puerta. Toda la noche.
Ok...con eso yo no podía discutir.
Asentí rápido, intentando no parecer demasiado nervioso.
— Ah...claro.. sí, si voy...
Y empecé a caminar detrás de el.
Cada movimiento suyo era seguro, controlado. La cabaña estaba en silencio, me hacía consciente de cada crujido de la madera bajo mis pies. Cuando llegamos al interior de la cabaña Boss hizo un gesto hacia donde debería recostarme.
— tu cama. dijo simplemente
Me senté, todavía con el corazón latiendo rápido. El se acomodaba en la otra cama sin mirar demasiado, pero si presencia llenaba el espacio.
intenté romper el silencio, mi voz baja.
—Hoy...estuvo bien, ¿no? Gracias por ayudar a ordenar mis cosas...
El asintió levemente, sin levantar la mirada.
—Bien hecho.
Y eso fue suficiente.
Me recosté, cruzando los brazos sobre la manta, observando como Boss se movía para ajustar su almohada. Cada gesto suyo era preciso, calmado, y yo no podía dejar de mirarlo.
El candado, la amenaza...incluso su silencio...todo hacía que mi pecho se sintiera extraño, apretado sin razón alguna, pero no me sentía incómodo. Solo... consciente. Muy consciente de el.