Boss—
Fort ya estaba listo cuando salí de la cabaña.
No hizo ruido, como casi siempre. Simplemente estaba ahí, revisando su mochila con calma, como si el mundo no lo apurara nunca. Llevaba puesto una camisa sin mangas, sencilla, de tela ligera, y unos shorts cómodos. Nada llamativo. Nada exagerado. Ropa pensada solo para caminar, mojarse los pies en el lago y volver sin preocuparse demasiado.
Lo observé un segundo más de lo necesario.
La camisa dejaba ver sus brazos, tenían unos tatuajes que de verdad se miraban muy bonitos,
(algunos ya sabrán cuales son los tatuajes de Fort)
todavía relajados, no tenían presión o algo así. Los shorts eran prácticos, casi infantiles en su simpleza. No parecía alguien que estuviera en un retiro universitario lleno de alfas, betas, omegas...ni mucho menos cerca de un enigma.
Parecía solo Fort. Tal cual.
Se pasó la mano por el cabello, revisó si llevaba todo y levantó la vista hacia mi.
—Voy a estar en el lago con los demás. dijo con naturalidad.
—Solo meteré los pies un poquito.
Asentí.
— No te alejes demasiado. respondí, sin cambiar el tono.
Fort sonrió apenas, esa sonrisa tranquila que no buscaba nada, y salió de la cabaña con sus amigos, hablando de cosas simples, riéndose bajo, como si el día apenas comenzará para el.
Me quedé mirando la puerta cerrarse.
No dije nada sobre su ropa. No comenté lo fácil que se veía. No mencioné lo... adecuado que era todo en el cuando no intentaba ser nada más.
Pero pensé que había algo genuinamente tierno en esa elección. En no querer impresionar. En solo querer sentir el agua fría del lago en los pies y dejar pasar el tiempo.
Me apoyé contra la mesa de la cabaña y respiré hondo.
El retiro seguía su curso. Las actividades vendrían después. Las instrucciones, los grupos, las órdenes...todo eso podía esperar.
Por ahora, Fort estaba fuera en el lago, con el sol subiendo suavemente, siendo exactamente quien era.
Y yo, solo lo deje ser.