A los 8 años, Santiago empezó a notar que su familia no era igual a las de sus amigos. Algunos niños decían:
—¿Dónde está tu mamá?
Y él respondía con una sonrisa:
—Tengo dos papás. Eso es el doble de amor.
Aunque a veces le dolía que lo miraran raro, Julián le decía:
—No escondas quién eres, hijo. Nunca te avergüences del amor que te dio la vida.
Mateo lo llevaba a la escuela, le decía “tú puedes” antes de cada examen. Julián lo esperaba en casa con jugo de mora y su canción favorita.
Ese mismo año conoció a Daniela, una niña con gafas grandes, voz decidida y corazón inmenso. Se entendieron de inmediato. Jugaban, dibujaban cómics y compartían sueños de cambiar el mundo. Ella fue su primera mejor amiga.
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amor familiar y crecimiento, juventud y descubrimiento, romance y aceptación
Editado: 27.07.2025