Un amor clandestino

Capítulo 01

Los gritos de mi madre me arrancaron del sueño como un trueno inesperado. No quería abrir los ojos, no quería enfrentar el día. El reloj marcaba las 6:30, pero yo seguía aferrada a la almohada como si pudiera esconderme del mundo.
Me levanté de mala gana, arrastrando los pies por el pasillo. El olor del café recién hecho llenaba la cocina, pero no me dio hambre. Mi madre hablaba sin parar, su voz subía y bajaba como una tormenta, y yo solo asentía en silencio.
—Apúrate, no quiero llegar tarde —dijo, sin mirarme, mientras revolvía el azúcar en su taza. —Ya voy —respondí con un hilo de voz, sabiendo que no me escuchaba.

De regreso en mi cuarto, abrí el armario y escogí la ropa sin pensar demasiado. La tela se sentía áspera contra mi piel, como si me recordara que nada de lo que me rodeaba me pertenecía de verdad. Encendí la bocina y dejé que cualquier canción llenara el aire, solo para tapar el ruido de la casa.
Mientras me cepillaba el cabello frente al espejo, pensé qué pasaría si no iba a la escuela el primer día. Nadie me esperaría, nadie me extrañaría. Miré mi reflejo: los ojos cansados, la blusa mal abrochada, el libro sobre el escritorio como si me llamara.
El claxon del auto sonó, cortando mis fantasías. Respiré hondo, recogí mi mochila y, con la otra mano, tomé los diarios de Virginia Woolf. Bajé las escaleras con el corazón pesado. Afuera, el sol brillaba demasiado fuerte y los gritos de mi madre todavía vibraban en mis oídos cuando cerré la puerta del auto con un golpe seco.
El Mercedes avanzó por las calles, y yo me refugié en la ventana, viendo cómo las casas pasaban como sombras. Pensé en lo injusto que era que todos me miraran por el lujo del coche, cuando lo único que quería era desaparecer.
Al llegar a la escuela, el auto se detuvo y sentí todas las miradas clavarse en mí. Crucé el pasillo apretando los diarios contra mi pecho como si fueran un escudo. Me puse los audífonos y dejé que la voz de Taylor Swift susurrara:
“All that time I sat alone in my tower
You were just honing your powers
Now I can see it all
Late one night you dug me out of my grave and
Saved my heart from the fate of Ophelia.”
Las palabras llenaron mi cabeza, borrando el bullicio de los casilleros. Al entrar al salón, mis ojos buscaron la última fila, la esquina más oscura. Me hundí en la silla, abrí el libro y me refugié en las palabras de Virginia, mientras sentía cómo las miradas de todos se clavaban en mí, como si yo fuera un misterio que nadie podía descifrar.




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