Un amor clandestino

Capítulo 12

El rechazo de Mirian no fue el final. Fue apenas el inicio de una tormenta que se desató sobre nosotras. La madre de Arleth no se conformó con escuchar la confesión: decidió hacer hasta lo imposible para separarnos.

Los días siguientes fueron un infierno para Arleth. Me contaba que su madre la vigilaba como si fuera una prisionera. Revisaba su celular, le prohibía salir sola, y cada vez que mencionaba mi nombre, la discusión se volvía insoportable.

—¿Cómo puede ser que te gusten las mujeres? —le repetía con dureza—. Estás arruinando tu vida, tu carrera, tu futuro.
La presión fue creciendo. Mirian no se limitó a palabras: comenzó a amenazarla con acciones concretas.

—Si no terminas con esa relación, yo misma voy a hablar con la dirección del colegio. Voy a asegurarme de que todos lo sepan. Te van a quitar tu trabajo, Arleth. Te van a señalar.

Arleth estaba atrapada. Me amaba, lo sé, pero el miedo a perderlo todo

-su empleo, su reputación, incluso la relación con su familia, empezó a quebrarla. Yo la veía cada vez más distante, más silenciosa, más frágil.
Una noche, Mirian fue más allá. Le dijo que si seguía conmigo, la echaría de la casa, que no tendría dónde vivir, que la dejaría sola.
—No voy a permitir que destruyas tu vida por una alumna —le gritó—. O la dejas, o te olvidas de mí como tu madre.
Arleth me relató esas palabras con lágrimas en los ojos. Y entonces, llegó el día que más temía. Con las manos temblorosas, me tomó de las mías y me dijo:

—Valeria… no puedo más. Mi mamá está dispuesta a destruirme, a destruirnos. No quiero perderte, pero tampoco puedo seguir así. Tengo que dejarte.

Sentí que el mundo se derrumbaba. Nuestro secreto, nuestro primer beso, nuestras miradas furtivas… todo se desmoronaba frente a mí. Era como si la presión de Mirian hubiera arrancado de raíz lo que habíamos sembrado con tanto cuidado.

Esa noche, mientras escribía en mi diario, puse una canción de Taylor Swift que parecía narrar exactamente lo que sentía: “All Too Well” (10 Minute Version). Cada verso era un espejo de la pérdida, del dolor de ver cómo algo tan mágico se rompía por la fuerza de los demás.
“Maybe we got lost in translation, maybe I asked for too much

But maybe this thing was a masterpiece ’til you tore it all up…”

Nuestro amor había sido un secreto hermoso, un fuego que ardía en silencio. Pero ahora, bajo la presión de Mirian, Arleth había tomado la decisión más dolorosa: dejarme.




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