Un amor clandestino

Capítulo 13

Terminé mis estudios, pero no fue fácil. La depresión me consumía, los problemas académicos me perseguían, y muchas veces sentí que no podría seguir. Sin embargo, algo dentro de mí se aferró a la idea de que debía salir adelante. Y así, contra todo pronóstico, logré terminar con las mejores calificaciones. Ese logro se convirtió en mi pasaporte para huir, para irme lejos, muy lejos del país que me había visto amar y perder.

Me marché. Durante tres años viví en otro lugar, construyendo mi vida desde cero. Mi sueño más grande siempre había sido ser docente de inglés, y en ese tiempo lo hice realidad. Estudié, trabajé, me esforcé hasta el límite. Cada clase que impartía era un recordatorio de que podía transformar mi dolor en algo útil, en algo que me diera sentido.

Pero esos tres años no fueron solo de estudio. Fueron también de reconstrucción. Aprendí a vivir sola, a enfrentar mis miedos, a levantarme cada mañana con la certeza de que debía seguir. Hubo días de lágrimas, noches de insomnio, momentos en los que el recuerdo de Arleth me golpeaba con fuerza. Sin embargo, también hubo instantes de orgullo, de satisfacción, de sentir que estaba cumpliendo mi destino.
Mientras yo levantaba mi carrera, Arleth vivía otra historia. Por culpa de su madre, Mirian, terminó casándose con un hombre que no amaba. Fue una decisión forzada, un matrimonio vacío, un intento de su madre por “corregirla”, por arrancar de raíz lo que sentía por mí. Arleth me lo confesó en una carta que nunca olvidaré:
—No lo amo, Valeria. Nunca lo amaré. Pero mi madre me ha obligado, me ha arrinconado. Y yo… yo no tuve fuerzas para luchar.

Esa carta me desgarró. Saber que ella estaba atrapada en una vida que no quería, mientras yo intentaba construir la mía lejos, me llenaba de rabia y tristeza. Era como si el destino se hubiera empeñado en separarnos, en castigarnos por haber amado.

En esos tres años, mi diario se convirtió en mi único confidente. Allí escribía sobre mis clases, mis logros, mis miedos, y siempre, siempre, sobre Arleth. Cada página era un recordatorio de que, aunque estaba lejos, mi corazón seguía atado a ella.

Hubo una canción de Taylor Swift que me acompañó en ese tiempo: “Begin Again”. Porque cada verso hablaba de empezar de nuevo, de intentar reconstruirse después del dolor, de creer que la vida podía ofrecer algo distinto.
“I’ve been spending the last eight months

Thinking all love ever does Is break and burn, and end…

But on a Wednesday in a café,

I watched it begin again.”

Esa canción era mi refugio. Me recordaba que, aunque mi historia con Arleth se había roto, yo podía comenzar de nuevo, podía construir algo propio, podía ser la docente que siempre soñé.

Tres años pasaron. Yo me convertí en profesora de inglés, con una carrera sólida y un futuro prometedor. Pero dentro de mí, el recuerdo de Arleth seguía vivo. Y aunque estaba lejos, aunque había intentado rehacer mi vida, sabía que nuestra historia aún no había terminado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.