Al intentar abrir los ojos, una luz blanca me ciega por un momento, cuando logro hacerlo me siento algo desorientada, y una punzada de dolor ataca mi cabeza. Me doy cuenta de que me encuentro en una habitación de hospital, y el aparato al lado de la camilla lo confirma; también puedo ver que hay otras camillas vacías, por lo que deduzco que debe tratarse de alguna habitación de emergencias.
Cuando logro despabilarme un poco más, estiro mi cuello, que se siente un poco adolorido por la posición en la que estaba, comienzo a incorporarme; cuando la puerta se abre dejando ver a un doctor acompañado de una enfermera.
—Hola, soy el Doctor Robert Fisher, ¿cómo te sientes?—se detiene a un lado de la camilla—¿recuerdas por qué estás aquí? —sus ojos me miran con atención, mientras espera mi respuesta.
—La verdad es que no. Aunque lo último que recuerdo es que vomité. Em, ¿podría decirme cómo es que llegué aquí? —Mi cabeza da otra pequeña punzada, haciendo que mis dedos se dirijan a mi sien.
—Has sufrido un desmayo, una familia que iba pasando por el lugar llamó a la ambulancia, la mujer que hizo la llamada también te acompañó. ¿Te había pasado antes? —me quedo pensando un momento en la versión que me ha compartido el doctor, ¿estuve tirada ahí hasta que alguien me viera? ¿Por cuánto tiempo?
—Hace años mientras desfilaba. Me desmayé por no haber desayunado bien, pero no creo que eso tenga algo que ver, ¿verdad?—el doctor me mira serio, y a su lado la enfermera me sonríe con gracia.
—Efectivamente, no tiene nada que ver. Bien Leah, te hemos realizado unos análisis de sangre, pero parece estar todo dentro de lo normal, así que llegamos a la conclusión de que pudo deberse a una baja en tu presión arterial, la cual suele ser provocada por estrés, cansancio e inclusive por no comer en un tiempo considerable. En recepción te entregarán la orden para la realización de otros estudios, para que podamos descartar cualquier cosa. Puedes regresar a casa sin problema.
Me entrega el alta para que la firme, y después salen ambos de la habitación. Una vez sola, me siento un poco confundida, ¿por qué no llamarían a mamá? Tomo mis cosas que se encuentran del otro lado de la camilla, mi ropa está cuidadosamente doblada. Al ponerme de pie siento un pequeño mareo que desaparece casi de inmediato y me dirijo al baño para quitarme la bata.
Al salir de la habitación me encamino a la recepción a recoger la orden que el doctor me comentó antes, una vez me la entregan, la guardo en mi mochila. Al alejarme un poco de la recepción, una mujer no mayor a cincuenta años se acerca un poco dudosa hasta donde estoy.
—Hola linda, soy Annie, ¿te encuentras bien? —con un poco de pena, pero con una sonrisa amigable, toca mi brazo cerca del hombro al preguntarme.
—Disculpe, ¿la conozco? —la duda en mi voz hace que su mano se aparte, ¿también me golpeé la cabeza que no la recuerdo?
—¡Oh! No, no me conoces. Soy quien llamó a la ambulancia y te acompañó hasta acá. No quise irme sin saber que te encuentras bien —la señora Annie me regala una sonrisa amigable.
—Oooh, muchas gracias por el gesto, no tenía que quedarse. El doctor ha dicho que todo está bien. Por cierto, soy Leah —toma mi mano cuando la tiendo en su dirección, sin quitar su sonrisa del rostro.
—Me alegra escuchar eso linda, bueno, ahora sí puedo irme tranquila —me da un apretón en el hombro a modo de despedida, pero antes de que se aleje, le pregunto.
—Disculpe, ¿sabe por qué no llamaron a mi mamá? Tengo entendido que en situaciones así se contactan con los familiares.
—Lo intentaron, pero no hubo respuesta —me regala una sonrisa tímida.
—Oh, está bien, bueno, gracias por quedarse.
Responde con un asentimiento y se dirige de nuevo a la sala de espera, noto que un señor y dos niños la acompañan, quienes supongo son sus hijos y esposo; me despido de ellos con mi mano y también les agradezco, antes de que salgan por la puerta.
Ya fuera del hospital siento mi celular vibrar desde mi mochila, es cuando noto que no sé cuánto tiempo estuve inconsciente. Tomo mi celular, y al desbloquearlo veo que tengo veintiocho llamadas perdidas de Víctor, entonces recuerdo que justo la noche anterior habíamos quedado en el café que está cerca de la uni; miro la hora y solo ha pasado poco menos de una hora desde que salí de clases.
Decido llamarle con la intención de posponer nuestro encuentro, pero me retracto al segundo.
—¡Leah! Estuve tratando de contactarte como loco, ¿estás bien? ¿Ya no quieres que nos veamos? —Apenas responde, sus palabras me aturden de tan rápido que salen de su boca.
—Tranquilo Víctor, solo se presentó un contratiempo.
—¿Aún quieres que nos veamos? Puedo entender si decides hacerlo otro día —su voz suena con un toque de pesar mientras dice lo último.
Lo considero por un momento, pero recuerdo las palabras de Cristal, y entonces me digo que debo detener esto, y hoy es el día para hacerlo.
—No te preocupes, no es necesario posponerlo para otro día, además aún estás ahí, ¿no?
—Sí, aún estoy aquí, hice un poco de tiempo con unos amigos, ¿necesitas que pase por ti a la uni o a cualquier otra parte?
—No, ya voy en camino, de hecho, nos vemos en unos minutos, bye —termino la llamada después de escucharlo despedirse.
Observo alrededor del hospital tratando de ubicarme y así saber qué tan lejos se encuentra la cafetería en donde me encontraré con Víctor. Después de echar un vistazo varias veces, logro saber en qué parte de la ciudad estoy, y suspiro con alivio al saber que no estoy muy lejos de mi destino.
₰
Después de caminar por casi quince minutos, por fin llego a la cafetería la cual se encuentra un poco vacía. Al entrar distingo a Víctor sentado en una de las mesas del fondo junto a una ventana. Levanta la vista de su celular, y sonríe al verme, me acerco y tomo asiento, regalándole también una pequeña sonrisa.