Un amor con alas: llegando más allá del cielo

Capítulo 6

Ezra

Han intentado encontrarme durante muchísimo tiempo, me buscan por algo que hice, por algo que desconozco, es una situación que siento que me supera y me asfixia. Pero por suerte, esconderme entre los humanos les ha hecho la tarea aún más difícil.

Desde que estoy entre ellos, todo me ha parecido más sencillo y menos hostigante. Permanecer escondido entre los humanos no ha sido una tarea complicada realmente, y espero que continúe siendo de esa manera; incluso pude ingresar a la universidad, aunque tal vez sea un poco irrelevante en mi vida.

—¿Qué haremos ahora? —Una voz chillona que conozco bien, interrumpe el agradable silencio de la estancia.

—¿Haremos? Qué harás tú querrás decir —permanezco recostado sobre mi espalda con los ojos cerrados.

Marti es un pequeño hada masculino, su piel de un tono verde claro está cubierta en su mayoría por una bata café, la cual está sujeta a su cintura por un cintillo beige, sus orejas puntiagudas lucen delicadas.

Sinceramente no recuerdo el momento en el que comenzó a ser parte de mi día a día, aunque a veces su presencia puede parecerme un poco molesta, sobre todo cuando no para de hablar, hasta cierto punto disfruto que se muestre tan leal y vaya conmigo sin importar el lugar.

Jamás lo admitiré frente a él, pero en ocasiones he llegado incluso a agradecer su compañía; mucho más cuando la oscuridad de mi mente quiere atraparme, me ha ayudado a mantenerme cuerdo sin siquiera percatarse de ello.

—¿No deberías de estar con los de tu especie? —Lo observo de reojo.

—Estaría con ellos si me aceptaran, la verdad es que no les agrado mucho que digamos.

—Totalmente comprensible.

—¿Acaso intentas decir que soy desagradable? —su delicado y pequeño rostro queda justo frente a mis ojos, las puntas de sus orejas se han tornado rojas por la molestia.

—Veo que también eres inteligente, siempre sorprendiéndome —mi comentario hace que el color rojo se pase también a sus mejillas.

Solo por molestarlo un poco más, le doy unos golpecitos a su cabeza con mi dedo índice, y logro mi cometido; se aleja bruscamente a la vez que hace mi dedo a un lado, y se dirige indignado hacia su habitación improvisada, la cáscaras toronja que hace de su recámara se mueve un poco cuando ingresa molesto.

Río por lo bajo, salgo de mi habitación dejando la puerta entreabierta, y tomo asiento en el pequeño sofá, me coloco mis auriculares dándole play a la música. Cierro mis ojos en un intento por despejarme.

Llegan a mi mente unos ojos peculiarmente verdes, unos labios rosados, y pequeñas pecas esparcidas por una pequeña nariz y pómulos pequeños. trato de recordar a quién pertenecen ciertas características, pero me cuesta trabajo.

Todo eso queda en segundo plano cuando siento una pequeña opresión en mi cabeza. Alguien trata de ver a través de mí, quieren ver lo que mis . Me levanto de golpe, alerta, pongo toda mi atención para alejarlos de mi mente, no se los voy a permitir. Esta situación cada vez me agota más, la cabeza me duele y mi mal humor reluce.

Estoy acercándome a la puerta para tomar aire fresco y disipar mi mente un poco, cuando la voz de Marti me detiene.

—¡Lo intentan de nuevo! Debemos irnos, no se detendrán y nos encontrarán —las palabras salen apresuradas de su boca mientras su cuerpo se mueve de aquí a allá.

—No voy a esconderme y no salir en meses, ni mucho menos voy a huir de nuevo, ya me cansé de eso, si no puedo evitar por más tiempo que me encuentren, pues pasará lo que tenga que pasar —mi mirada se queda clavada en la puerta.

—No lo puedes permitir, ni siquiera sabemos de qué serían capaces —la preocupación en su voz es casi palpable.

—Si quieren un enfrentamiento, es lo que tendrán. No la tendrán tan fácil —salgo del departamento dejando detrás a un Marti preocupado y conmocionado.

Camino sin rumbo fijo, controlando mis instintos que me dicen que debo acabar con todos y todo, estos años de huir y esconderme sin una razón o motivo claro, necesito que me sean explicados.

Distraídamente intento atravesar la calle, pero me detiene el fuerte sonido del pitido de un auto que se detiene abruptamente justo a mi izquierda, giro mi cabeza rápidamente y por instinto me corro hacia atrás para evitar el impacto. El auto queda no muy lejos de mi cuerpo, me parece increíble como hay personas tan distraídas detrás de un volante. De manera rápida y casi inconsciente golpeo el cofre del auto con la palma de mi mano, gritándole a la persona detrás del volante que tenga cuidado.

Veo que se abre la puerta del piloto, y solo espero que la persona no intente comenzar una pelea, porque en serio mis ánimos no están para ser amable precisamente.

—De verdad perdón, no era mi intención lastimarlo, me distraje solo por un segundo, de verdad perdón —esa voz que habla con nerviosismo me parece conocida.

—Debería de estar más atenta cuando conduce, pudo haber sido peor, y un perdón no habría bastado —doy unos cortos pasos hasta quedar a la luz de los faros del coche.

—Pero ni lo he atropellado y ni ha muerto, así que me disculpo de nuevo, de verdad estoy muy apenada —su mirada está sobre sus manos que retuercen sus dedos.

—¿Ni siquiera va a mirar si estoy bien? ¿no va a cerciorarse de que no me ha pasado nada? —Ahora la situación me parece divertida.

Cuando su mirada se dirige a mi rostro, la sorpresa es sustituída rápidamente por hastío, no hay rastro de la chica nerviosa que hace un momento estaba delante de mí, su cambio repentino hace que suelte una risa silenciosa.

—De todas las personas, tenías que ser tú —rueda los ojos a modo de aburrimiento.

—Por fortuna tuya —mi comentario hace que frunza el ceño con desagrado.

—Quisieras listillo —responde con diversión.

—Claro. Igual deberías de compensar el susto que me he llevado gracias a tu irresponsabilidad al manejar.




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