Un Amor Contra El Destino

Capítulo 35 __Una decisión que podría convertirse en muerte

—No sé leer esto —dije—. No entiendo el idioma.

La mujer no se inmutó.

—Intentá.

Apoyé las manos sobre la tapa. La superficie estaba tibia, como si hubiera esperado ese contacto. Lo abrí despacio. Los símbolos no se parecían a ninguna lengua conocida: líneas curvas, marcas que parecían incompletas, espacios que no seguían un orden lógico. Fruncí el ceño.

—No tiene sentido —murmuré.

Y entonces ocurrió.

No fue una traducción. No fue que las letras cambiaran. Fui yo.

Los símbolos se acomodaron en mi cabeza sin pasar por palabras. No los leía: los comprendía. Como cuando recordás algo que nunca aprendiste en esta vida, pero tu cuerpo sí.

Inspiré con fuerza.

—Estoy… leyendo —dije, más como una constatación que como una pregunta.

—Ves —respondió ella, sin sorpresa—. Nunca olvidaste del todo.

Mis ojos recorrieron la primera sección. No eran frases largas. Eran instrucciones. Directas. Sin metáforas.

Anclaje inicial:
Antes de la tercera luna, la pareja humana debe ser informada, si no tiene será mucho más facil.
El vínculo no puede sostenerse desde la omisión.

Tragué saliva.

—Dice que tengo que decirle —susurré.

—Sí —afirmó—. Aunque no acepte. Aunque se ría. Aunque no entienda. El lazo exige verdad antes de cualquier elección.

Seguí leyendo.

Si el humano decide continuar, deberá iniciar el desprendimiento:
Renunciar a su nombre tal como lo conoce.
Abandonar toda pertenencia no compartida.
Cortar vínculos que lo definan como humano antes que como acompañante.

Sentí un nudo en el estómago.

—Esto es demasiado —dije—. Nadie haría esto.

—Por eso casi nadie lo logra.

Pasé la página. Mis manos ya no temblaban. Estaba concentrada, alerta.

El proceso no garantiza permanencia.
La transformación no es reversible.
El dolor no es simbólico.

Levanté la vista.

—¿Puede morir?

La mujer sostuvo mi mirada un segundo más de lo necesario.

—Sí.

Bajé la vista de nuevo. Seguí.

Durante las pruebas, el Aeralith no intervendrá.
No protegerá.
No guiará.
El humano debe cruzar solo.

Cerré los ojos un instante. Alex cruzando algo así sin mí. Sin entender del todo por qué.

La última parte era más breve.

Si el humano supera el proceso, el vínculo se reconfigura.
No como humano.
Como Aeralith.

Y ese cambio tan grande sera para todas las vidas, incluso si no es con su pareja.

Leí esa línea dos veces.

Después cerré el libro de golpe.

—¿Cómo sin su pareja?

—Si. En otras vidas si el acepta seguira siendo Aeralith, incluso si no le toca vivir contigo.

El sonido resonó en la habitación.

—Esto no es una opción real —dije—. Es una condena.

—Es una posibilidad —corrigió ella—. Y eso ya es más de lo que muchos tienen.

Me quedé en silencio, con el libro bajo las manos, sintiendo el peso real de lo que acababa de leer.

—No tengo que decidir ahora —dije, más afirmando que preguntando.

—No —respondió—. Pero tampoco tenés semanas. Los cambios ya empezaron. Y una vez que tus hijos nazcan, no hay marcha atrás.

Me alejé de la mesa despacio, como si el libro pudiera alcanzarme.

—¿Puedo volver? —pregunté.

—Mañana —dijo—. A la misma hora.

Me acompañó hasta la puerta.

Antes de abrirla, habló una vez más:

—Decidiste ser humana para descansar de tu propósito —dijo—. Ahora tenés que decidir si ese descanso fue un paréntesis… o una despedida.

Hizo una pausa mínima, calculada.

—Pero todo tiene un precio. Cuando tus hijos alcancen la mayoría de edad, deberán ir al tránsito Aeralith. No pertenecerán más a este plano. Y no podrán hacerlo con vos ni con tu pareja. Seria una despedida difinitiva. O si elijes aceptar la verdad a lo que abandonaras es toda tu vida, familia e incluso podría ser hasta tu pareja. Los podrás ver pero no hablarles, ni abrazarlos.

La frase no fue cruel. Fue precisa. Y por eso dolió más.

Abrí la puerta sin responder.

El aire de la calle me golpeó de frente. El ruido de los autos, las voces cruzadas, el ritmo apurado de la gente. Todo seguía funcionando como siempre, ajeno a lo que acababa de escuchar. El mundo no se había detenido para darme espacio a entenderlo.

Caminé unos pasos sin rumbo, sintiendo el peso de mi panza, de mis decisiones pasadas, de las que todavía no había tomado. Nadie me miraba distinto. Nadie podía ver que algo esencial ya se había desplazado dentro de mí.

Yo no había salido de esa casa siendo la misma.

Y todavía no sabía si iba a volver como alguien que busca respuestas…
o como alguien que ya eligió perder algo para no perderlo todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.